Los Mayores Cuentan

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Meriendan contentas mientras pasa la tormenta. Cuento infantil de Rocío Urraca

Meriendan contentas mientras pasa la tormenta. Cuento infantil de Rocío Urraca

Érase una vez dos hermanas que hacían los deberes en casa. Mientras merendaban, el cielo se tornó gris y enseguida aparecieron los relámpagos y los truenos.

La pequeña, asustada, se metió bajo su cama y preguntó el porqué de esas luces y ruidos, y por qué la casa temblaba.

La mayor, Viki, intentó tranquilizarla.

—No pasa nada, Mar. Es solo una tormenta que viene hacia aquí.

—Pues no me gusta. Que se vaya, que me da miedo —dijo la pequeña.

De pronto, un gran relámpago iluminó la habitación y Viki se abalanzó sobre el despertador de su mesilla para llevarlo a la mesa de estudio donde cogió papel y lápiz.

Al siguiente relámpago, fijándose en la manecilla del segundero empezó a contar: Uno, dos, tres, cuatro…

Y de repente, un gran trueno.

Mar, bajo la cama, con el faldón del edredón sobre su cabeza, miraba curiosa a Viki.

—¿Qué haces?

—Intento calcular dónde está la tormenta —respondió.

—¿Cómo?

—Hoy han dicho en clase que, para saber a qué distancia está una tormenta, contamos los segundos desde que ves un relámpago hasta que escuchas el trueno y dividimos ese tiempo entre tres. El resultado da la distancia en kilómetros. Como he contado seis segundos, creo que está a unos dos kilómetros de aquí. Puede que por casa de la abuela.

—¡Ay, pobre abuela! ¡La llamo!

Tras una larga charla tranquilizadora con la abuela, Mar siguió merendando y observaba a Viki seguir con sus deberes.

Cuando llegaron los padres a casa, preguntaron si habían pasado miedo por la tormenta, y Mar contestó:

—No, es un fenómeno natural que tiene explicación científica.

—¡Qué importante es aprender en el colegio, ¿verdad?! —dijo el padre.

—No, papá. Es que tenemos una experta en casa.

—¿Quién? —preguntó el padre, asombrado.

—¡Quién va a ser: la «Vikipedia»!

Moraleja: «El conocimiento vence todos los miedos».

Relato castrense. Nicolás Cuadrado

Relato castrense. Nicolás Cuadrado

Cuenta Millán Astray que un legionario muy malherido, que agonizaba en el hospital militar de Tetuán tras haberse comportado con bravura en Dra el Asef, sintiéndose morir llamó a los médicos y a los enfermeros que lo habían atendido tratando de curar sus graves heridas.

Reunidos alrededor de su cama, el moribundo les confesó un secreto acerca de su identidad: era un indiano muy rico que venía de La Habana y quería que fuesen testigos de su última voluntad. Allí fue detallando el inventario de sus propiedades y de sus cuentas corrientes, de las que hacía herederos a los presentes y a la Cruz Roja por todo el bien que le habían hecho. El cuadro médico tomaba nota, entre lágrimas, de la generosidad de aquel valiente, que pocas horas más tarde fallecía de gangrena.

Cuando los testigos fueron a tramitar aquel encargo póstumo, resultó que el muchacho no tenía dónde caerse muerto: ni un real poseía, tieso como la pata de Perico, aunque con una guasa que no sucumbió ni en los umbrales del otro mundo.

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Huyendo del Efecto Mariposa. Relato de Morganti

Huyendo del Efecto Mariposa. Relato de Morganti

La primera vez que fui a París lo hice acompañada de una amiga y compañera de estudios. Lo pasamos muy bien, podéis imaginarlo: ¡París!

Allí ella conoció a un chico muy guapo. Cuando terminamos el viaje y regresamos a casa, me confesó que seguirían la relación aunque fuera a distancia, ya que él vivía en Marruecos, concretamente en Rabat. Como era una relación a distancia, decidieron apresurar los acontecimientos y conocer a la familia porque querían casarse cuanto antes.

Los padres de ella pensaron que aquel enamoramiento acabaría con la distancia. Pero al ver tanta firmeza en su decisión de casarse y marcharse a Marruecos, pusieron el grito en el cielo. Lloraron, le suplicaron y le dijeron que un país tan lejano y con costumbres tan distintas significaba que nunca más la volverían a ver. «Será nuestra muerte», repetían angustiados.

Ante la congoja y la pena de sus padres, mi amiga decidió, muy a su pesar, romper aquella relación. Podéis imaginar cómo se quedó.

Pasé mucho tiempo sin saber nada de ella hasta que, un día, me llamó por teléfono para decirme que se había casado con un compañero del trabajo. ¡Qué sorpresa, no sabía nada!

—No te preocupes —me dijo—, mis padres tampoco han sabido nada hasta que, al salir de la iglesia, he ido a su casa a presentarles a mi marido.

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La vida que no viví. Relato de Marisol García Alonso

La vida que no viví. Relato de Marisol García Alonso

Más de una vez he recordado aquella oportunidad de aquel viaje, y por qué no fui a coreografiar desfiles de moda a Nueva York, o por qué no me casé con mi primer novio y fui ama de casa. El caso es que, de haber cruzado el charco, en estos momentos hablaría de corrido el inglés y no a trompicones como llevo toda la vida haciéndolo. La opción del casorio seguramente hoy me pondría a disposición un estudio de grabación, que buena falta me hace ahora para grabar Costuras en el alma en audiolibro.

Pero opté por quedarme en mi país y ni siquiera con mi novio, ya que se rompió el amor por ser un joven vago, a pesar de quererme sin medida. A decir verdad, no he echado de menos comer hamburguesas porque me gustan más unas lentejas.

Otro oficio que dejé escapar de mis manos fue ser maquilladora de cine, y no me arrepiento porque no dejaban de decir que las películas se rodaban de madrugada, y a esa edad me gustaba dormir hasta hartarme. Ahora, con mi insomnio crónico, no le pondría ninguna pega al horario, pues resultaría hasta terapéutico.

Actualmente, maquillarse se hace por tutoría: sombra aquí y sombra allá para tapar esos defectos imposibles de eliminar. Aun así, decides comprar el producto de belleza. Antes de meterlo en la bolsa tienes que escuchar la homilía que te suelta la dependienta o el chico afeminado de turno, que ahora suelen estar más preparados para darte el consejo de cómo debes usarlo.

Yo fui asesora de moda durante treinta y cinco años en los 70. La vida se encargó, durante este largo periodo de tiempo, de situarme cerca del glamour. Actualmente, este mismo oficio se llama influencer y gana unas cantidades de dinero escandalosas.

Debo admitir que, a mis recién cumplidos setenta y seis abriles, escribo libros y lo que me echen… porque escribir es apasionante, pero que te lean lo es más. Pero, si de algo debo estar orgullosa y feliz en mi vida profesional, es que haya sido siempre mi propia jefa. Mi madre así lo quiso y se lo agradezco, porque no debe ser fácil trabajar con un jefe cabreado.

Y termino diciendo que no sé qué más he podido hacer y no hice. Otros han hecho bastante menos que yo, y están tan contentos.

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Efecto mariposa. Relato de Francisco Pérez

Efecto mariposa. Relato de Francisco Pérez

El crucero reunía todas las condiciones para cumplir con los mejores deseos de los cruceristas, que llevaban meses estudiando los itinerarios marítimos y las estancias en tierra.

El programa que habían recibido con antelación incluía las actividades deportivas en el gimnasio y en las piscinas, las proyecciones cinematográficas y las representaciones teatrales y musicales. Se daba atención especial a la gastronomía, y la variada lista de menús sorprendía por la combinación de cocinas del mundo, a cuál más apetitosa. Las rutas que recorrerían estaban perfectamente identificadas; la empresa naviera era veterana en el sector y disponía de varias opciones que iba publicando periódicamente para que la clientela pudiera elegir y, sobre todo, repetir año tras año. En general, los recorridos eran de sur a norte porque así podían mantener una velocidad relativamente uniforme con la ayuda de corrientes marinas y vientos favorables a una navegación plácida.

El capitán disfrutaba comentando a los viajeros los detalles de la travesía y se explayaba cuando enumeraba la colección de vientos y su repercusión en el mantenimiento de la velocidad del crucero. Algunos le discutían su seguridad cuando afirmaba que el control que tenían sus aparatos de medición y sus técnicos los hacía invencibles ante las tormentas.

La ruta proseguía y había cubierto más de un mes de navegación. Las fiestas se habían sucedido sin descanso, con sus correspondientes banquetes, y algunos viajeros comenzaban a mostrar señales de agotamiento de tanta fiesta y ansiaban llegar a casa, ponerse las zapatillas y ver la novela de la tele.

Los tertulianos del capitán le pidieron que acelerara la marcha para acortar la travesía. Se negó porque ya había explicado en distintas charlas que la velocidad uniforme era uno de sus secretos para conseguir el éxito de sus viajes.

Siguió la presión para acelerar y lo hizo de mala gana. Un treinta por ciento más veloz y, a las cinco horas, empezaron a llegar mensajes del puerto de arribada, a 1.800 km: las aguas esmeralda de las playas se han vuelto marrón y destilan pestilencias, y están subiendo a la superficie cientos de peces muertos. El capitán se metió debajo de la mesa y recordó que en la carrera le advirtieron que se cuidara del efecto mariposa.

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