Los Mayores Cuentan

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Antes del Canal de Isabel II. Artículo de Basilides Manso

Antes del Canal de Isabel II. Artículo de Basilides Manso

En 1617 se creó en Madrid la Junta de Fuentes, a la que correspondía fijar precios, la cuantía de aguadores, los caños destinados a estos y cuántos al público, qué fuentes eran de aguas finas “potables“ y cuáles de aguas gordas, más pesadas y baratas. Esto se sabía pesando el agua. Había casas que consumían agua fina para beber y gorda para el resto de las necesidades.

A mediados del siglo XIX había un total de 77 fuentes. Las más solicitadas eran la de Puerta Cerrada con 142 aguadores, la de la Puerta del Sol con 88, la de la Plaza de la Villa con 55, la de la Puerta de Moros con 53, la de San Juan con 36 y la de Cibeles con 34, entre otras.

Los más de mil aguadores que llegó a tener Madrid en el siglo XIX repartían unos 2300 litros diarios cada uno. El consumo de agua en el reinado de Carlos III era de tres litros por habitante; ahora, el consumo de cada madrileño se calcula entre 250 y 300 litros por habitante y día, contando agua de mesa, ducha, lavadoras, etc.

Como había problemas para obtener agua gratuita, los caños públicos estaban adosados a la pared con caños de bronce. En el año 1600, la fuente de Leganitos, a pesar de ser de agua gorda y ser la más cara, era la más solicitada. El Palacio Real tenía varias fuentes de aguas finas y gordas, dependiendo del gusto del rey. En algunos de sus viajes, se llevaba su agua favorita en toneles.

Cámara acorazada del Banco de España, una de las más seguras del mundo. Texto de Basilides Manso

Cámara acorazada del Banco de España, una de las más seguras del mundo. Texto de Basilides Manso

Le damos las gracias a Basilides Manso por traer a nuestro Blog la fascinante historia de uno de los lugares más enigmáticos y desconocidos de Madrid.

Se trata de una leyenda a medias. La cámara acorazada del oro no se encuentra bajo la fuente de Cibeles, pero sí a 35 metros de profundidad, bajo los arroyos de las Pascualas que baja por la Castellana y el Oropesa que lo hace por Alcalá. Se dice que estos arroyos en caso de emergencia inundarían el foso por donde se accede. Toda una leyenda, porque los arroyos llevan poquísima agua pues no pueden recoger la lluvia al estar todo asfaltado. Todo es parte de la leyenda interesada o no sobre la seguridad de la cámara. Sí es cierto que hay un depósito de agua, y que en caso de alarma – no ha habido ninguna- se abrirían las válvulas y llenarían el foso de agua en muy poco tiempo.

La cámara, de 2.500 metros cuadrados con muros de un espesor de 10 metros, se abrió en Marzo de 1936 después de dos años de trabajo en tres turnos.

Se construyó en hormigón armado y con cemento de fraguado rápido. Tiene varias puertas acorazadas en su interior, fabricadas en Estados Unidos, una de ellas con los primeros relojes de programación del mundo.  La primera puerta de seguridad es de 16 toneladas de acero y después hay otras algo menos pesadas, que no se abren hasta que no se cierra la anterior. Las estanterías fueron diseñadas por Eiffel.

Tiene en su interior las reservas del oro del Banco de España (281 toneladas de oro, unos 14.000 millones de euros). Asimismo contiene una de las mejores colecciones de numismática que existen en monedas de oro, desde Alejandro Magno hasta nuestros días, con ejemplares de todas las cecas de los reinos de España, algunas únicas en el mundo.  Todas ellas llegan casi al medio millón de monedas.

También se le dio otro uso durante la guerra: guardar el ella cuadros del Museo del Prado, pero Las Meninas tuvieron que volver al Museo pues no entraba por el tamaño.

Catedral ortodoxa griega de San Andrés y San Demetrio.  Artículo de Basilides Manso

Catedral ortodoxa griega de San Andrés y San Demetrio. Artículo de Basilides Manso

La Catedral Griega de San Andrés y San Demetrio, abrió sus puertas en 1973 y fue reconocida como catedral en 2006. Situada en la calle Nicaragua, nº 12, es la única iglesia ortodoxa griega que tiene planta de cruz latina. Uno de los primeros preceptos de sus ritos es realizarlos —o procurar hacerlo— con luz natural; por eso, en su arquitectura es muy importante la disposición de las ventanas.

La catedral es muy pequeña; en España tenemos ermitas de mayor tamaño. Al abrir la puerta, frente a lo que para nosotros sería el altar mayor, se ilumina una parte de la nave central. Cuando termina ese espacio dominado por la luz frontal, comienza la zona iluminada por las ventanas laterales del brazo largo de la cruz. Cuando esta iluminación se atenúa, entra en juego la luz de la ventana situada sobre la puerta, que coincide con la que penetra por las ventanas de los frentes del crucero. Es precisamente en el crucero donde se encuentra el espacio con más luz y, por supuesto, donde se realizan todas las ceremonias.

Otro de los rasgos característicos de la ortodoxia es la decoración, uno de los motivos de separación de la Iglesia de Roma: no hay imágenes escultóricas; sin embargo, no existe un solo espacio que no esté cubierto por una pintura, en su mayor parte frescos creados por artistas griegos.

En la cúpula aparece un Pantocrátor rodeado de ángeles, arcángeles y querubines; más abajo, los Apóstoles; en las pechinas, los cuatro evangelistas, y después otros santos, a los que se da relevancia por sus méritos o por su relación con el lugar. Son santos comunes a los nuestros hasta la separación de las iglesias, en 1204, con la Cuarta Cruzada; después, cada tradición siguió su propio camino. Ellos consideran santos no solo según nuestro criterio: también lo son, por ejemplo, el emperador Constantino o Teodosio, por lo que significaron para el cristianismo.

Los jardines son propiedad del Patrimonio Nacional.

Campo del Moro.  Artículo de Basilides Manso

Campo del Moro. Artículo de Basilides Manso

Totalmente olvidados por su situación “detrás de” el Palacio Real, a pesar de sus 200.266 metros, estos jardines apenas recibían la atención de la realeza, que ya contaba con suficientes maravillas paisajísticas en su entorno. El terreno se utilizaba entonces para justas y simulacros militares.

En 1844, el arquitecto Narciso Pascual y Colomer, aprovechando los escombros procedentes de la remodelación de la Puerta del Sol, niveló y suavizó las pendientes del terreno, dando lugar a unos bellos jardines que, sin embargo, siguen siendo poco conocidos por su localización. El espacio se embelleció además con dos fuentes monumentales: la Fuente de los Tritones, trasladada desde Aranjuez, y otra procedente de los jardines del palacio del Infante don Luis, en Boadilla del Monte.

Repartidos por el recinto se encuentran el Chalet de Corcho, el Chalet de la Reina, la Casa del Jardinero y el Museo de Carruajes. El jardín alberga más de 70 especies distintas de árboles, algunos con más de 150 años de antigüedad, catalogados como Árboles Singulares por la Comunidad de Madrid.

Recibe el nombre de Campo del Moro porque allí acampó el ejército de Alí ben Yusuf en el año 1109, con la intención de reconquistar Madrid, objetivo que finalmente no consiguió.

Los jardines abrieron al público en 1978. Durante décadas, su único acceso fue la entrada del Paseo de la Virgen del Puerto, hasta que en 2023 se habilitaron dos nuevos accesos por la Cuesta de San Vicente y la Cuesta de la Vega.

En la entrada principal se encuentra el acceso al Túnel de Bonaparte. Esta estructura fue construida en 1811 por el arquitecto Juan de Villanueva, bajo el encargo de José Bonaparte, para conectar el recinto con la Casa de Campo. Tras años cerrado por rehabilitación, el túnel reabrió en enero de 2026 y actualmente se puede recorrer en el mismo horario que los jardines

A diferencia de otros parques y jardines de la ciudad, gestionados por el Ayuntamiento de Madrid, este espacio pertenece a Patrimonio Nacional.

La Cuesta de Moyano. Artículo de Carmen Cendón

La Cuesta de Moyano. Artículo de Carmen Cendón

La Cuesta de Moyano ha cumplido ya cien años como la feria permanente de libros más emblemática de Madrid. Su origen se remonta a la antigua Plaza de Atocha, donde los libreros compartían espacio con los puestos de fruta. En 1919, estos puestos se trasladaron junto a la verja del Jardín Botánico y, finalmente, en 1925, el Ayuntamiento los ubicó de forma definitiva en la calle de Claudio Moyano.

La calle rinde homenaje al político y ministro de Instrucción Pública, autor de la trascendental Ley de 1857. Esta normativa fue clave para combatir el analfabetismo en España al establecer las tres etapas educativas que conocemos: Primaria, Secundaria y Superior. Una estatua del ministro preside hoy la entrada de la feria, en lo que Francisco Umbral bautizó magistralmente como «la calle más leída de Madrid».

El Ayuntamiento encargó el diseño de unas casetas de madera específicas para la compraventa de libros, adjudicándose la primera el 11 de mayo de 1925. Desde entonces, nombres como los Hermanos Plaza o Amparo Comís Escolar han formado parte de sus 30 casetas.

La feria ha demostrado una gran resistencia a lo largo de la historia:

  • En la Guerra Civil solo cerró durante los días más cruentos de la contienda.
  • Durante el franquismo, algún librero se tuvo que ver con la censura, y la Cuesta se convirtió en un refugio de cultura clandestina donde se vendían «de tapadillo» obras de Orwell, Voltaire o Ramón J. Sender.
  • Ha recibido visitas asiduas de figuras como Dámaso Alonso, José María Pemán o Pío Baroja (quien cuenta con una estatua en la parte superior). En 1972, incluso un Max Aub recién retornado del exilio se convirtió en un asiduo de sus puestos.

El siglo XXI trajo desafíos importantes. La Cuesta tuvo que cerrar temporalmente debido a los atentados de Atocha en 2004 y, más tarde, por la pandemia de 2020. Un incendio en una estación eléctrica de la calle Almadén obligó a los libreros a regresar provisionalmente a la verja del Botánico, momento que se aprovechó para una remodelación profunda.

El 19 de abril de 2007, la Cuesta reabrió sus puertas transformada en un paseo totalmente peatonal, libre de humos y vehículos. Recientemente, en mayo de 2025, la Cuesta celebró su centenario por todo lo alto, reafirmándose con numerosas actividades culturales como el corazón bibliófilo de la capital.

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