Los Mayores Cuentan

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¡Bienvenidos a palacio! 2026

¡Bienvenidos a palacio! 2026

Le damos las gracias a nuestra compañera Carmen Jiménez por informarnos de la nueva edición del programa de la Comunidad de Madrid: ¡Bienvenidos a palacio! 2026. En este popular programa se ofrecen visita guiadas gratuitas a los palacios más destacados de la región.

Aquí puedes consultar los palacios incluidos, las fechas y los horarios:

https://www.comunidad.madrid/patrimonio-cultural/bienvenidos-palacio-2026

IMPORTANTE: Inscripción a partir del 2 de septiembre a las 10:00. ¡Las plazas se agotan en minutos!

Plaza de la Cebada. Artículo de Basilides Manso

Plaza de la Cebada. Artículo de Basilides Manso

La Plaza de la Cebada es una de las más antiguas de Madrid. Ya aparece mencionada en escritos del siglo XVI, aunque entonces era conocida por su nombre original, Plaza del Viento. Situada fuera de las murallas que protegían la capital, era el lugar al que acudían los labradores para vender los cereales con los que se abastecía la Villa, circunstancia de la que deriva su nombre actual. Con el crecimiento de la actividad comercial, pronto se sumaron también los hortelanos, que ofrecían frutas y verduras.

Las ejecuciones públicas se llevaban a cabo inicialmente en la Plaza Mayor. Sin embargo, las autoridades consideraron que se trataba de un espacio demasiado céntrico y decidieron trasladarlas a la Plaza de la Cebada. Allí se ejecutaba a los condenados mediante la horca o el garrote vil.

Por este lugar pasaron personajes de distinta condición y relevancia histórica. El 7 de noviembre de 1823 fue ahorcado el general Rafael del Riego. Según relata Mesonero Romanos, durante la época fernandina muchos hombres murieron allí por defender sus ideales políticos. Riego fue conducido infamemente al patíbulo en un serón, mientras era insultado por una multitud que lo injuriaba con el mismo entusiasmo con el que años antes lo había aclamado. Llegó al cadalso visiblemente abatido y, tras ser ahorcado, como no pareció suficiente, se le decapitó.

Años más tarde, el 6 de noviembre de 1837, fue ejecutado mediante garrote vil Luis Candelas. Este famoso bandolero, en cuyos robos y estafas nunca corrió la sangre, afrontó el cadalso con la cabeza alta y pronunciando sus últimas palabras: «Adiós, patria mía; sé feliz».

Romería de San Eugenio «La Bellotera». Artículo de Basilides Manso

Romería de San Eugenio «La Bellotera». Artículo de Basilides Manso

El domingo más próximo al día de San Eugenio, el 13 de noviembre, se celebraba la última romería del año, aquella que inmortalizó el famoso pasodoble “El relicario”: “Un día de San Eugenio yendo hacia El Pardo lo conocí…”. Tenía lugar en los alrededores de la ermita del Cristo de El Pardo y se celebró sin interrupción hasta 1936.

Como todas las romerías, seguía el mismo ritual: primero oír misa y después lo importante; coger bellotas, comer, beber y volver a beber, lo que provocaba frecuentes peleas, entre música y baile.

Su origen se remonta al siglo XVII, cuando el rey Felipe IV autorizó que un día al año se pudieran recoger bellotas en las tierras de la corona del Monte de El Pardo. Antes de interrumpirse la romería, llegar hasta allí era toda una aventura para quien no tenía transporte propio. Había que tomar el tranvía hasta Puerta de Hierro; allí, una vez abandonado el tranvía —que daba la vuelta al trole para regresar al centro de Madrid—, uno se subía a la maquinilla de vapor que llevaba hasta el pueblo de El Pardo a gran velocidad: ¡8 kilómetros en casi una hora! Y aún quedaba lo mejor: para subir hasta el Cristo había que hacerlo a lomos de un asno, que te dejaba por fin en el destino de la juerga para celebrar “La Bellotera”.

La romería fue recuperada en 1993, gracias a los vecinos y las asociaciones locales del distrito de Fuencarral-El Pardo de Madrid.

Romería de La Melonera. Artículo de Balilides Manso

Romería de La Melonera. Artículo de Balilides Manso

La advocación a la Virgen de Septiembre se celebra en numerosos pueblos, con una mezcla de alegría y solemnidad; es, en cierto modo, la evolución de antiguas fiestas paganas que conmemoraban el fin de las faenas agrícolas y el inicio de la vendimia.

En Madrid, en el siglo XVIII nació la romería del distrito de Arganzuela, celebrada el 8 de septiembre en honor de su patrona, la Virgen del Puerto. Era conocida, con cierta irreverencia, como la romería de la Melonera. La fiesta tenía lugar junto a la ermita de la Virgen y en las orillas del río Manzanares. La gran afluencia de público era aprovechada por hortelanos de toda la provincia, que acudían a vender sus melones y sandías, dispuestos en grandes montones junto al río. De ahí el nombre de la romería. La tradición consistía en comprar un melón o una sandía y pasar la tarde en grupo, comiéndolos entre música, baile y vino.

Las mozas acudían a pedir novio a la Virgen, igual que en junio lo hacían a San Antonio en la Florida. Si lograban su propósito, la pareja regresaba junta al año siguiente.

Esta costumbre se mantuvo hasta que las ferias se instalaron en Atocha, momento en que los madrileños sustituyeron las sandías y los melones por nueces y almendras.

Con el tiempo, la romería de la Melonera se transformó en verbena y ascendía por la calle Segovia y la cuesta de las Descalzas, en un recorrido cómodo entre las Vistillas y la plaza de la Cebada.

La tradición ha seguido evolucionando y, hoy en día, las Fiestas de la Melonera continúan celebrándose como uno de los acontecimientos más importantes del distrito de Arganzuela.

El río Manzanares «aprendiz de río» (2ª edición). Texto de Basilides Manso

El río Manzanares «aprendiz de río» (2ª edición). Texto de Basilides Manso

Muchas gracias a Basilides Manso por contarnos estas interesantes curiosidades de nuestro río madrileño.

El río Manzanares siempre ha sido un río poco caudaloso, pero en épocas de lluvias se llevaba los antiguos puentes de Segovia y de Toledo por delante. Los puentes actuales se construyeron precisamente para evitar que una vez más fueran destruidos por las crecidas de río.

Tras las inundaciones de 1434 varios puentes que cruzaban el río fueron destruidos, por lo que se hubo de utilizar barcas y balsas para poder cruzarlo. Esta crecida es cíclica y ocurre cada 500 o 600 años; las anteriores estaban documentadas por romanos y árabes.

Fue Quevedo quien lo bautizó como aprendiz de río:

«Manzanares, Manzanares

arroyo aprendiz de río

practicante de Jarama

buena pesca de maridos.

Y Lope de Vega lo calificó como esperanza de río:

“y aunque un arroyo sin bríos

os lave el pie diligente,

tenéis un hermoso puente

con esperanza de río»

A partir de entonces el río Manzanares ha sido objeto de mofa durante siglos.

Se dice que Lope de Vega, que asistió a la inauguración del puente de Segovia, preguntado por el corregidor que qué le parecía el puente contestó: «No voy a dar una opinión sino un consejo, señor corregidor: que la villa de Madrid una de dos, o se compre un río o venda un puente».

Góngora se refirió también a nuestro río:

 “Duélete de esa puente, Manzanares

mira que por ahí dice la gente

que no eres río para media puente,

y que ella es puente para treinta mares»

Se cuenta que un embajador alemán del siglo XVIII dijo que era el mejor río de Europa, por que era “navegable en coche y a caballo”.

Cuentan que Alejandro Dumas después de beber medio vaso de agua que había pedido a un aguador, le devolvió el otro medio para que lo regalara al Manzanares “que le hacia más falta”.

El río Manzanares nace cerca de la Bola del Mundo en la sierra de Guadarrama a 2.190 metros de altitud y tiene 92 kilómetros de longitud hasta desembocar en el Jarama a la altura de Rivas-Vaciamadrid. A su paso por Madrid tiene 33 puentes, siendo los más históricos el Puente de Segovia (1584), el Puente de Toledo (1724) y el Puente de San Fernando (1749) y el Puente del Rey (1816).

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