Vacaciones en el Voramar. Relato de Soledad del Yerro

Hace unos veranos decidimos unas cuantas amigas ir a pasar unos días de vacaciones a Benicasim (Castellón). Carmen, que es la más eficiente para organizar esta clase de actividades, propuso que nos alojáramos en el hotel Voramar. Situado a pie de playa, es el más antiguo de toda la costa. Se inauguró como casa de baños y restaurante en mil novecientos treinta y tres, y durante la guerra civil sirvió como hospital de campaña.
Sus dueños lo han ido reformando, y siempre en estas fechas su ocupación es del cien por cien. Así que no se podían hacer demasiado tarde las reservas. Una tarde, merendando en su espléndida terraza, a Margarita se le ocurrió comentar que si las paredes hablaran, cuántas historias nos podrían contar.
Araceli, echándose a reír, nos dijo:
— Atentas que yo os puedo contar algo vivido por mí.
“Hace exactamente dos veranos, un amigo alicantino llamado José, muy apuesto y con un carácter jovial y bromista, me invitó a pasar un fin de semana en el Voramar. Acepté su invitación y quedamos citados para la semana siguiente. Llegamos al hotel a la hora de comer. El menú era de primera calidad y el vino, un exquisito Ribera del Duero, nos levantó el ánimo. Nada más terminar, cogimos la llave de la habitación donde ya el botones nos había subido el equipaje. Yo comencé a deshacer mi pequeña maleta y él pasó al cuarto de baño, de donde salió prácticamente desnudo. Enseguida capté la situación, dándome cuenta de que tenía prisa.
“Viene a cosa hecha”, pensé. “Bueno, y yo también, así que como ya no tengo edad de hacerme la mojigata, sin decir palabra, pasaré al servicio”.
José, al quedarse solo, se desnudó por completo y buscó dónde esconderse para gastarme una broma y que no lo encontrara al salir. ¿Debajo de la cama? Es muy típico… ¿Detrás de la puerta?… Muy obvio. Así que decidió esconderse detrás de las cortinas. Eran plastificadas y oscuras y allí se metió tan convencido de que yo no lo vería. Lo que no pensó es que las cortinas se ponen delante de las ventanas. Notó algo frío en el culo, pero no se percató de lo que podía ser, hasta que empezó a escuchar voces detrás de él. Se dio la vuelta y se encontró a un grupo de gente, mirándolo y mofándose de él como si estuviera en un escaparate. La habitación estaba en la primera planta, así que imaginaos el espectáculo.
Se quitó de allí a toda prisa, metiéndose en la cama y tapándose hasta las orejas. Cuando yo lo vi de esa guisa, no me lo podía creer.
¡Hay que ver lo que son los hombres! Tan desinhibido que parecía y ahora está más avergonzado que yo. Tan impactado estaba que el deseo carnal se fue de aquella habitación”.


