
Hace poco encontré encima de la mesa de mi clase –soy profesora en un colegio– un sobre con un anónimo escrito con letra de imprenta y recortes de periódico, un clásico de las películas. Decía que si no ponía el examen de historia muy fácil desvelarían cosas de mi pasado: que no era española, sino argentina hija de españoles, lo cual estaba en mi currículum, y también que no era rubia sino morena. Evidentemente, no había que ser muy listo para saber que era de mis alumnos.
No me enfadé, más bien me hizo gracia al venir de niños de diez y once años que todavía son pequeños e inocentes, pero merecían una lección. Ya en clase les puse dos tipos de exámenes, uno fácil y otro difícil. Podían elegir cuál hacer; si elegían el fácil yo sabría quién había dejado el sobre en mi mesa. Todos eligieron el difícil para no delatarse, con lo cual tuvieron que estudiar y esforzarse. Todos aprobaron, y esa fue la lección. Todos son buenos y estaban tan contentos con sus notas.
¡Qué microrrelato tan bonito! Me ha encantado. ¡Enhorabuena a la escritora!
Con una moraleja enriquecedora