Los Mayores Cuentan

Blog participativo hecho por mayores para mayores

La radio. Relato de Rosario Badillo

La radio. Relato de Rosario Badillo

En un recóndito pueblo de Cuenca vivía un matrimonio con su hijo de 17 años. Corría el año 1950. La casa estaba muy alejada de la ciudad; el pueblo apenas tenía cincuenta habitantes y no había ningún tipo de entretenimiento. El chico tuvo que dejar sus estudios porque su padre se puso enfermo y él debía ayudar en la finca de la que vivían. Su única distracción era escuchar la radio. Cuando volvía de trabajar, pasaba las horas escuchándola y, de esa forma, se mantenía informado y conectado con el mundo: la música, la política (para aquella época), el deporte y los chismes.

Por desgracia, un día el aparato se estropeó. Al estar tan lejos de la ciudad, a 25 km, no había manera de arreglarlo ni de reponerlo. Pero no podía prescindir de él. Les dijo a sus padres que iría andando; intentaron disuadirlo, pero no lo consiguieron. Se puso en camino. Cogió comida y una manta para dormir en el campo; menos mal que hacía buen tiempo. Tardó bastante, pero lo consiguió: pudo comprar una radio. El esfuerzo mereció la pena. Encontró a un camionero conocido que pudo acercarlo a su pueblo y así seguir con su afición. Cuánta gente, en aquellos años, la disfrutaba… y lo sigue haciendo.

Nota: la primera emisión de radio en España fue el 14 de noviembre de 1924.

Tarde de fútbol. Relato de Francisco Pérez

Tarde de fútbol. Relato de Francisco Pérez

Buenas tardes, señoras y señores. Les hablamos desde el Estadio de la Repera, donde va a celebrarse el encuentro de máxima rivalidad entre la Deportiva Perejil, que viste de verde y el Fresón Club de futbol, de rojo cardenal.

Es mi deber advertirles que es la primera transmisión deportiva que llevo a cabo, desde que me gradué el pasado año en Ciencias de la Información, y he seguido varios cursillos breves y un mini máster deportivo este año. No se sorprendan si el tono de mi voz va cambiando en el transcurso del partido, pues tendrá que ver con el estado de mi sistema nervioso y otros de mis sistemas fisiológicos a medida que vayan produciéndose jugadas importantes que afecten al marcador y lleven a ustedes a expresar sus alegrías y temores ante el juego de su equipo favorito.

Yo procuraré ser lo más neutral posible, aunque no les oculto que a mí el verde me pone y el rojo me saca de quicio. Como les advertí, es mi primera retransmisión y por eso he pasado la última semana repasando las alineaciones más probables que veremos sobre el césped. Ya adelanto que son dos equipos multinacionales que cuentan con jugadores colombianos y chinos en el caso de los verdes, y suecos y esquimales en los rojos. Debutan jugadores de la cantera local en ambos casos, como Pepinillo y Almendruco en los verdes, y Saltamontes y Tapaculo en los rojos.

El equipo arbitral también es debutante en esta categoría y ha pedido clemencia en los medios locales al tratarse de su primer partido. Han elegido para su atuendo el color morado pasión y botas negro azabache. El alcalde de la ciudad, acompañado de la directiva en el palco principal, ha pedido a la afición apoyo cerrado, un comportamiento intachable y evitar el lanzamiento de piedras sobre el campo.

En dos minutos comenzará el juego. ¡Aúpa Perejil y Fresón!

La zarzuela. Género lírico teatral. Relato de Soledad del Yerro

La zarzuela. Género lírico teatral. Relato de Soledad del Yerro

Este género ha sido parte de nuestra vida familiar, pues mi marido, por su profesión, nos hizo vivir y disfrutar de este género tan español a toda la familia y amigos.

Así aprendimos que, antes de empezar la obra, el oboe, que es el que tiene el timbre más agudo junto con el violín concertino, afinaba la orquesta.

Conocimos a varios directores y a infinidad de tiples, sopranos, barítonos, tenores extraordinarios y famosos.

Juan José Seoane fue un gran empresario y promotor de estos espectáculos, y Ángel Montesinos, como director de escena, hacía unos montajes fieles a la época en que se ambientaba cada zarzuela.

En una gira que la orquesta iba a hacer por Andalucía, como era verano y las niñas estaban de vacaciones, nos fuimos tan contentas acompañando a su padre.

—Os vais a llevar una sorpresa —nos dijo mi marido—. Esta vez la orquesta la va a dirigir una mujer.

—¿Es española?

—Sí, es de Barcelona.

—¿Cómo se llama —siguió preguntando la mayor de las niñas.

—María Dolores Marco —respondió su padre—. Fue un gran acierto contratarla.

Era una de las primeras mujeres que logró abrirse camino como directora de orquesta en España, y la única mujer de su generación que se dedicó de forma exclusiva a la dirección orquestal dentro del mundo de la zarzuela.

Durante los años sesenta recorrió España con importantes compañías líricas, dirigió títulos tan emblemáticos como Doña Francisquita, La corte del Faraón y La rosa del azafrán, donde casualmente sacaron a mis hijas a escena, haciendo el papel de las hijas de Carracuca, un personaje cómico de la obra. A mí me encantaba ir a los ensayos, porque era un espectáculo su forma de dirigir a músicos y cantantes.

Tras su muerte en 2005, que fue un día muy triste para todos los que tuvimos la suerte de conocerla y admirarla, sus hijos crearon la compañía «Dolores Marco», dedicada a mantener vivo el repertorio lírico español y el recuerdo de la maestra.

En Madrid existe también la calle Dolores Marco, en reconocimiento a su trayectoria.

Hace unas semanas, en el teatro Amaya, estuvimos viendo La Leyenda del beso, y enseguida mi hija Elena reconoció a Amelia Font Marco, que actuaba como actriz, y nos emocionó ver a Montse Font Marco, dirigir la orquesta con el mismo estilo de su madre.

Lys y Pepe. Cuento de Marisol García Alonso

Lys y Pepe. Cuento de Marisol García Alonso

Érase una vez una niña llamada Lys que, desde la más tierna infancia, fue maleducada por toda su familia. Conseguía siempre todos sus caprichos y, si no los obtenía, se armaba la marimorena; así, poco a poco, su vida se fue descontrolando. Cuando ya no podía ser más odiosa, conoció a su príncipe, que precisamente no era azul —como correspondería—, ya que a él le importaban más los sentimientos de las personas que llevar un traje de Massimo Dutti.

Solo entonces él quiso hacer ver a Lys que su comportamiento en la vida era solo para un rato, mientras que él pretendía tenerla a su lado el resto de sus días.

Empezó por lo más elemental: si ella le pedía un helado, no se lo compraba y, a cambio, le daba un beso. Llegó un momento en que a ella le gustaban más los besos de Pepe que los helados. Como era de esperar, los enamorados se hicieron novios y, pasado un tiempo, decidieron casarse. Ella buscaba un chalé por La Moraleja y él lo miraba en La Ventilla y por la plaza de Castilla.

No se ponían de acuerdo sobre dónde vivirían ellos y sus besos. Pepe era conserje de profesión en la aseguradora La Equitativa, un lugar donde, por las mañanas, el resto de los oficinistas le decían a diario: «Pepe, trae un café; ya sabes de sobra cómo me gusta», o «Trae un café largo con leche semidesnatada». En fin, Pepe había sabido tratar a caprichosos durante gran parte de su vida laboral. Pero, esta vez, su austeridad y su sueldo no daban para tanto como pretendía Lys, y los besos de Pepe dejaron de funcionar.

Así que, cuando parecía que cada uno iba a tomar caminos diferentes, se encontraron por la calle a los padres de ella y todos se fueron a tomar unas cervezas. El que podría haber sido su suegro le propuso alquilar y pagar todos los gastos de una casa en La Moraleja, advirtiéndole que, si no quería seguir la relación con su hija, lo entendería, pero que al menos lo había intentado; al fin y al cabo, sabía muy bien que él era el máximo culpable de tanto capricho de la niña.

Veamos cómo acaba el cuento. Pues Lys y Pepe se fueron a vivir a La Moraleja. Allí, Pepe saboreó lo que era pedir un café como a él le gustaba, bañarse en una piscina a cualquier hora y tener un coche descapotable que lo despeinaba yendo a cincuenta por hora.

Moraleja: «El caprichoso tarda en aprender la austeridad, pero el austero aprende enseguida a disfrutar de los caprichos».

La carta. Microrrelato de Rocío Urraca

La carta. Microrrelato de Rocío Urraca

Se querían. Se querían mucho desde niños, aunque sus familias no estaban de acuerdo con esa relación, por su diferente clase social.

Eran tiempos de posguerra.

Los dos, buenos chicos, trabajadores y con ganas de conocer otros mundos no tan grises como los que hasta ahora conocían. Sobre todo, querían explorar la vida más allá de su propio barrio, y Europa demandaba trabajadores cualificados con unos sueldos inalcanzables aquí.

Él, decidió irse a trabajar a una pequeña ciudad de Suiza para ofrecerse como maestro tornero. Y recibió la carta de invitación de la empresa y la aceptación de la comuna cantonal donde trabajaría, justo en el momento en que comenzaban las fiestas del barrio. Allí se vieron y leyeron juntos la notificación. Un futuro prometedor se abría. Tramaron hacer otra petición en la misma ciudad también para ella, para que pudiera dar clases como profesora de piano.

Pensaron que inmersa la vecindad en el jolgorio festivo, aquél era el mejor momento para comunicarlo a las respectivas familias, y comenzar los trámites cuanto antes. Aunque a ella, le preocupaba tener que casarse con tantas prisas, ¡a ver qué iban a pensar los vecinos!

 

 

Foto: Verbena Plaza Mayor. Madrid. 1964. Ramón Masats

El viejo y el delfín. Cuento infantil de Rosario Badillo

El viejo y el delfín. Cuento infantil de Rosario Badillo

El viejo Andrés era un hombre solitario que vivía por propia voluntad en una isla desierta. Cultivaba sus propias verduras y se alimentaba de todo lo que la isla le proporcionaba. Tenía una pequeña barca con la que salía a pescar. Además, había un delfín que siempre lo acompañaba y al que alimentaba con parte de sus capturas.

Sin embargo, cada día estaba más triste. La vista empezaba a fallarle: apenas distinguía los colores ni podía saber si los frutos estaban lo bastante maduros para comerlos. Un día, al quedarse sin comida, salió a pescar en su barca. Como veía muy poco, se fue alejando cada vez más de la costa y, para su desgracia, se desató una tormenta. Las olas eran enormes y la embarcación zozobraba sin remedio. Muy asustado, le pidió ayuda a Dios.

Por suerte, la tormenta amainó, pero se encontraba tan lejos de la costa que le resultaba imposible regresar. La corriente lo arrastraba cada vez más mar adentro. De repente, se dio cuenta de que la barca se movía sola. Había perdido los remos durante la tormenta y no se explicaba cómo podía avanzar.

Su sorpresa fue enorme: el delfín, su fiel amigo, estaba empujando la embarcación hacia un gran barco anclado cerca de una playa. La acercó lo suficiente para que los tripulantes lo vieran y pudieran socorrerlo. Antes de marcharse, el delfín lo saludó con el característico silbido que emiten estos animales y luego se alejó nadando.

Los delfines son unos de los animales más inteligentes que existen.

Moraleja: Quien actúa con bondad y generosidad hacia los demás, sean personas o animales, recibe ayuda cuando más la necesita.