
En un recóndito pueblo de Cuenca vivía un matrimonio con su hijo de 17 años. Corría el año 1950. La casa estaba muy alejada de la ciudad; el pueblo apenas tenía cincuenta habitantes y no había ningún tipo de entretenimiento. El chico tuvo que dejar sus estudios porque su padre se puso enfermo y él debía ayudar en la finca de la que vivían. Su única distracción era escuchar la radio. Cuando volvía de trabajar, pasaba las horas escuchándola y, de esa forma, se mantenía informado y conectado con el mundo: la música, la política (para aquella época), el deporte y los chismes.
Por desgracia, un día el aparato se estropeó. Al estar tan lejos de la ciudad, a 25 km, no había manera de arreglarlo ni de reponerlo. Pero no podía prescindir de él. Les dijo a sus padres que iría andando; intentaron disuadirlo, pero no lo consiguieron. Se puso en camino. Cogió comida y una manta para dormir en el campo; menos mal que hacía buen tiempo. Tardó bastante, pero lo consiguió: pudo comprar una radio. El esfuerzo mereció la pena. Encontró a un camionero conocido que pudo acercarlo a su pueblo y así seguir con su afición. Cuánta gente, en aquellos años, la disfrutaba… y lo sigue haciendo.
Nota: la primera emisión de radio en España fue el 14 de noviembre de 1924.
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