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El viejo y el delfín. Cuento infantil de Rosario Badillo

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El viejo Andrés era un hombre solitario que vivía por propia voluntad en una isla desierta. Cultivaba sus propias verduras y se alimentaba de todo lo que la isla le proporcionaba. Tenía una pequeña barca con la que salía a pescar. Además, había un delfín que siempre lo acompañaba y al que alimentaba con parte de sus capturas.

Sin embargo, cada día estaba más triste. La vista empezaba a fallarle: apenas distinguía los colores ni podía saber si los frutos estaban lo bastante maduros para comerlos. Un día, al quedarse sin comida, salió a pescar en su barca. Como veía muy poco, se fue alejando cada vez más de la costa y, para su desgracia, se desató una tormenta. Las olas eran enormes y la embarcación zozobraba sin remedio. Muy asustado, le pidió ayuda a Dios.

Por suerte, la tormenta amainó, pero se encontraba tan lejos de la costa que le resultaba imposible regresar. La corriente lo arrastraba cada vez más mar adentro. De repente, se dio cuenta de que la barca se movía sola. Había perdido los remos durante la tormenta y no se explicaba cómo podía avanzar.

Su sorpresa fue enorme: el delfín, su fiel amigo, estaba empujando la embarcación hacia un gran barco anclado cerca de una playa. La acercó lo suficiente para que los tripulantes lo vieran y pudieran socorrerlo. Antes de marcharse, el delfín lo saludó con el característico silbido que emiten estos animales y luego se alejó nadando.

Los delfines son unos de los animales más inteligentes que existen.

Moraleja: Quien actúa con bondad y generosidad hacia los demás, sean personas o animales, recibe ayuda cuando más la necesita.

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