Los Mayores Cuentan

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Veranos de la Villa 2026

Veranos de la Villa 2026

Del 7 de julio al 30 de agosto, Madrid acoge la 42ª edición de Veranos de la Villa, consolidado como uno de los grandes referentes culturales de la ciudad. Un festival que convierte las noches de verano en un gran escenario al aire libre, con 72 propuestas distribuidas por distintos distritos.

Puedes consultar el programa completo aquí:
Ver programa completo

Y aquí encontrarás los espectáculos gratuitos:
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Seguro que encuentras alguna propuesta que encaje contigo… ¡anímate a disfrutarla!

La zarzuela. Género lírico teatral. Relato de Soledad del Yerro

La zarzuela. Género lírico teatral. Relato de Soledad del Yerro

Este género ha sido parte de nuestra vida familiar, pues mi marido, por su profesión, nos hizo vivir y disfrutar de este género tan español a toda la familia y amigos.

Así aprendimos que, antes de empezar la obra, el oboe, que es el que tiene el timbre más agudo junto con el violín concertino, afinaba la orquesta.

Conocimos a varios directores y a infinidad de tiples, sopranos, barítonos, tenores extraordinarios y famosos.

Juan José Seoane fue un gran empresario y promotor de estos espectáculos, y Ángel Montesinos, como director de escena, hacía unos montajes fieles a la época en que se ambientaba cada zarzuela.

En una gira que la orquesta iba a hacer por Andalucía, como era verano y las niñas estaban de vacaciones, nos fuimos tan contentas acompañando a su padre.

—Os vais a llevar una sorpresa —nos dijo mi marido—. Esta vez la orquesta la va a dirigir una mujer.

—¿Es española?

—Sí, es de Barcelona.

—¿Cómo se llama —siguió preguntando la mayor de las niñas.

—María Dolores Marco —respondió su padre—. Fue un gran acierto contratarla.

Era una de las primeras mujeres que logró abrirse camino como directora de orquesta en España, y la única mujer de su generación que se dedicó de forma exclusiva a la dirección orquestal dentro del mundo de la zarzuela.

Durante los años sesenta recorrió España con importantes compañías líricas, dirigió títulos tan emblemáticos como Doña Francisquita, La corte del Faraón y La rosa del azafrán, donde casualmente sacaron a mis hijas a escena, haciendo el papel de las hijas de Carracuca, un personaje cómico de la obra. A mí me encantaba ir a los ensayos, porque era un espectáculo su forma de dirigir a músicos y cantantes.

Tras su muerte en 2005, que fue un día muy triste para todos los que tuvimos la suerte de conocerla y admirarla, sus hijos crearon la compañía «Dolores Marco», dedicada a mantener vivo el repertorio lírico español y el recuerdo de la maestra.

En Madrid existe también la calle Dolores Marco, en reconocimiento a su trayectoria.

Hace unas semanas, en el teatro Amaya, estuvimos viendo La Leyenda del beso, y enseguida mi hija Elena reconoció a Amelia Font Marco, que actuaba como actriz, y nos emocionó ver a Montse Font Marco, dirigir la orquesta con el mismo estilo de su madre.

Meriendan contentas mientras pasa la tormenta. Cuento infantil de Rocío Urraca

Meriendan contentas mientras pasa la tormenta. Cuento infantil de Rocío Urraca

Érase una vez dos hermanas que hacían los deberes en casa. Mientras merendaban, el cielo se tornó gris y enseguida aparecieron los relámpagos y los truenos.

La pequeña, asustada, se metió bajo su cama y preguntó el porqué de esas luces y ruidos, y por qué la casa temblaba.

La mayor, Viki, intentó tranquilizarla.

—No pasa nada, Mar. Es solo una tormenta que viene hacia aquí.

—Pues no me gusta. Que se vaya, que me da miedo —dijo la pequeña.

De pronto, un gran relámpago iluminó la habitación y Viki se abalanzó sobre el despertador de su mesilla para llevarlo a la mesa de estudio donde cogió papel y lápiz.

Al siguiente relámpago, fijándose en la manecilla del segundero empezó a contar: Uno, dos, tres, cuatro…

Y de repente, un gran trueno.

Mar, bajo la cama, con el faldón del edredón sobre su cabeza, miraba curiosa a Viki.

—¿Qué haces?

—Intento calcular dónde está la tormenta —respondió.

—¿Cómo?

—Hoy han dicho en clase que, para saber a qué distancia está una tormenta, contamos los segundos desde que ves un relámpago hasta que escuchas el trueno y dividimos ese tiempo entre tres. El resultado da la distancia en kilómetros. Como he contado seis segundos, creo que está a unos dos kilómetros de aquí. Puede que por casa de la abuela.

—¡Ay, pobre abuela! ¡La llamo!

Tras una larga charla tranquilizadora con la abuela, Mar siguió merendando y observaba a Viki seguir con sus deberes.

Cuando llegaron los padres a casa, preguntaron si habían pasado miedo por la tormenta, y Mar contestó:

—No, es un fenómeno natural que tiene explicación científica.

—¡Qué importante es aprender en el colegio, ¿verdad?! —dijo el padre.

—No, papá. Es que tenemos una experta en casa.

—¿Quién? —preguntó el padre, asombrado.

—¡Quién va a ser: la «Vikipedia»!

Moraleja: «El conocimiento vence todos los miedos».

Yoga al atardercer – Parque Santander – FINALIZADO

Yoga al atardercer – Parque Santander – FINALIZADO

Buenas noticias para las personas amantes del yoga o simplemente interesadas, aunque no tengan experiencia previa.

Hasta el 28 de agosto, los martes y jueves de 20:30 a 21:45 la Comunidad de Madrid te ofrece la oportunidad de participar al atardecer en sesiones de yoga en el Parque del Tercer Depósito (Parque Santander).

Es una actividad gratuita que no necesita inscripción.

Aquí tienes toda la información:

https://www.comunidad.madrid/actividades/2025/yoga-atardecer

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Contra pereza, diligencia. Relato de Soledad del Yerro

Contra pereza, diligencia. Relato de Soledad del Yerro

José, el único hijo varón, vivía con sus padres y sus tres hermanas rodeado de mimos y cariño, ya que era el primer niño que podría perpetuar el apellido de aquella familia tan conocida, por su buena posición y abolengo en el pueblo en que vivían. Con el paso del tiempo se dieron cuenta de que se habían pasado de rosca.

Si cogía un catarro, podía estar mes y medio sin ir al colegio; hacer los deberes le costaba un triunfo, y jamás era capaz de ayudar a nadie que a él le supusiera el menor esfuerzo.

Como era varón, estaba exento de hacer ninguna labor de la casa; según su madre, eso era cosa de mujeres.

Ramón, que tenía su misma edad, era hijo de una hermana de su madre, primo suyo y a la vez su mejor amigo; tenía un carácter inquieto e hiperactivo, le incitaba a echar carreras, montar a caballo, y hasta le regaló una bicicleta para ir practicando el ciclismo por los pueblos cercanos.

A José, moverse del sofá le costaba un gran esfuerzo; hasta darse una vuelta tumbado en él le producía cansancio.

Susana, que era la hermana más pequeña de José, decidió hablar con Ramón, para tramar algo que le obligara a este a levantarse del maldito sofá. Le llamó al móvil y quedaron en verse en el bar del pueblo. Después de saludarse cordialmente, se sentaron en la mesa más apartada para que nadie escuchase su conversación.

—Ramón, sé que estás preocupado como yo por la actitud de José.  ¿Qué podríamos hacer?

—Susana, tengo una idea, y ya que cuento con tu ayuda, la podremos poner en práctica. Hablaré con nuestro amigo Ismael y entre los tres haremos que tu hermano espabile.

Ismael era apicultor, tenía una extensa finca llena de colmenas, vivía de la venta de la miel, y gozaba de pocas vacaciones, pues el trabajo no le daba tregua. No entendía la indolencia de José, así que enseguida se pusieron de acuerdo los tres.

Un anochecer, Susana, quejándose del calor que hacía, levantó la persiana abriendo la ventana que daba encima del sofá donde José, tumbado, pasaba las horas. De un coche que estaba aparcado cerca, salieron Ramón e Ismael, con una colmena tapada con arpillera de saco húmeda, y sigilosamente se acercaron a la ventana abierta, destapando la colmena; las abejas con un zumbido intenso se colaron en la habitación.

José pegó un salto y, espantando a las abejas con las manos, salió corriendo de la casa, se montó en la bicicleta con los pantalones mojados —pues se había meado del susto— y con escozor en la cara, ya que alguna picadura le dieron, enfiló la carretera hacia el pueblo más cercano.

Sintió que un coche le seguía, y cuando lo alcanzó oyó la voz de Ramón que con la ventanilla abierta le decía:

—Muy bien, pedalea, pedalea, cuantos más kilómetros hagas mejor. ¡Ah, y recuerda siempre, que contra pereza, diligencia!

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