Los Mayores Cuentan

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La influencer. Relato de Lola Fonta

La influencer. Relato de Lola Fonta

Clara no dudaba en reprocharle a su madre que la conociesen por el alias de Caperucita Roja. Algunas de sus compañeras eran influencers, y ella vestida con esa ridícula capa sentía vergüenza de que la vieran de esa guisa, pero su madre hacia caso omiso pensando que era la natural rebeldía de la adolescencia.

—Hija, ya tienes la comida de tu abuela en la cesta, llévala que se hace tarde.

—Cestita ¡eh! llévala tú. Se acabó, no iré más a llevarle la comida y menos vestirme con esa birria de capa.

—Hija, sabes que no puedo llevarle la comida a tu abuela, me la tiene jurada desde que aborté su boda con Bonifacio.

Clara se lo recriminó en su día; no le pareció bien que su madre se opusiera a la boda de su abuela con Bonifacio.

—Pues ya es hora de que hagáis las paces. Hace unos días siento que alguien me sigue, y tengo miedo, así que no iré más.

—¿Y quién llevará la comida a tu abuela?

—Que se la lleve un «dron».

—Déjate de discusiones, te pones muy subidita para tener solo trece años.

—Hoy será el último día, luego he quedado con una amiga; queremos ser influencers.

Al oír lo que decía Clara, se la quedó mirando con gesto sarcástico y luego salió dando un portazo.

La niña cogió la cesta, según ella, por última vez, y fue a casa de la abuela.

—¡Abuela! ¡Hola! ¿dónde estás?

—¡Pasa al dormitorio!

—iAbuela! ¡Qué hace ese hombre en tu cama!

—Clarita, te presento a Bonifacio…

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Don Juan de Austria. Relato de Soledad del Yerro

Don Juan de Austria. Relato de Soledad del Yerro

Corría el mes de mayo de 1550, cuando a la pequeña villa de Leganés llegó a vivir una familia formada por D. Francisco Massy, violinista de la corte, su esposa Doña Ana Medina y su hijo Jeromín.

El niño acudía al colegio donde el cura del pueblo era el maestro. Este observaba que tenía más afán por irse con los compañeros a jugar a las pedreas y las batallas que a instruirse, pues las faltas a clase eran continuas, y además arrastraba a sus compañeros en sus correrías.

Tendría siete años Jeromín, cuando al amanecer de una mañana de mayo, se paró delante de su casa un precioso coche tirado por seis hermosos caballos; de él se bajó D. Luis de Quijada, mayordomo del Rey Carlos I de España y V de Alemania, que era quien en aquella época gobernaba en ambos países.

Traía la orden de llevarse a Jeromín a su castillo de Villagarcía de Campos (Valladolid). Una vez llegados a este lugar, le recomendó a su esposa Doña Magdalena de Ulloa que lo educase como un hijo, sin indicarle la procedencia del niño.

La señora, ayudada por el maestro Guillén Prieto, el Capellán García de Morales y el escudero Juan Galorza, consiguió darle una adecuada educación al niño, que se encariñó con Doña Magdalena. Ella adoraba a aquel chiquillo guapo, avispado y cariñoso, aunque más de una vez le asaltó la duda de que pudiera ser hijo de su esposo, ya que este por el cargo que ostentaba pasaba largas temporadas alejado del castillo.

Carlos I sintiéndose enfermo abdicó en su hijo Felipe II, y se retiró al Monasterio de Yuste. Dio orden a su mayordomo, D. Alonso de Quijada, que con su esposa y Jeromín se trasladaran a vivir a la aldea Cuacos de Yuste, y es aquí donde el Emperador conoció a Jeromín, que lleno de entusiasmo no dejaba de contarle a todo su entorno lo que le había emocionado conocer a tan valiente e importante señor.

Poco antes de morir Carlos I redactó un codicilo en el que reconocía …»Por cuando estando yo en Alemania, tuve un hijo natural con una mujer soltera llamada Bárbara Blomberg, al que se le puso el nombre de Jerónimo”. La madre del niño casó, poco tiempo después del nacimiento de este, con Jerónimo Píramo Kellg, y esa es la causa del nombre del niño. “Yo ordeno que se llame Juan, como a mi madre le hubiera gustado que me llamase yo. También he cumplido mi deseo de que se criara y educara en España, cosa que a mí me fue negada. Y que como Juan de Austria sea miembro de la Casa Real Española”.

A la muerte de su padre, Felipe II con motivo de una cacería se hizo el encontradizo con el joven, al cual le preguntó su nombre, y este respondió que Jeromín. Y el rey le dijo entonces: “Pues de ahora en adelante te llamarás Juan de Austria, ya que eres mi hermano”.

Posteriormente le mandó a estudiar a Alcalá de Henares, junto con el Infante Carlos y Alejandro de Farnesio.  En 1562 aparece la Casa de D. Juan de Austria en el presupuesto de la Casa Real, con una asignación de 15.000 ducados.

Para luchar contra los turcos que estaban atacando la Isla de Malta, D. Juan pidió permiso a su hermano para incorporarse a la Flota y ayudar a defenderla. El permiso le fue denegado, pero ello no impidió que D. Juan se escapara de la Corte dirigiéndose a Barcelona, aunque no logró alcanzar la flota.

Viendo su hermanos que no tenía inclinación por la carrera eclesiástica, como hubiera deseado su padre, este le nombró Capitán General de las Fuerzas Reales. Su primera misión la ejercitó en las Alpujarras, donde los moros que las habitaban se rebelaron contra la ley que les obligaba a abandonar sus vestiduras, lengua y prácticas religiosas. Salió de Granada al frente de un gran ejército, hicieron uso de la artillería y estratégicas minas, matando a casi todos sus habitantes. Después asoló el territorio sembrándolo de sal. En aquella batalla D. Juan recibió dos balas y tuvo que lamentar la pérdida de D. Alonso de Quijada que, por servirle de escudo a él, moría pocos días después.

La batalla de Lepanto, en la que se combatió contra los turcos, fue ganada por los españoles gracias a la decisión y valentía personal de D. Juan de Austria, lo que le convirtió en un héroe en el contexto europeo, al tiempo que le reforzó su ambición por tener un reino propio y el tratamiento de Alteza, que sistemáticamente le fueron negados.

Entre las muchas ciudades que conquistó se encontraba Túnez, y el papa Gregorio XI le pidió al rey Felipe que se invistiera a D. Juan con el título de rey de Túnez, propuesta que fue denegada.

En otra ocasión fue sondeado por un emisario de la reina, sobre la posibilidad de un matrimonio con Isabel de Inglaterra, a lo que D. Felipe también se negó.

Entre las ambiciones de D. Juan se encontraba la invasión católica de Inglaterra, a través de su matrimonio con María Estuardo, consiguiendo de esa manera un reino propio, este plan contaba con el apoyo del papa y los católicos ingleses, pero no salió adelante por las intrigas del traidor Antonio Pérez y sobre todo por su prematura muerte.

La princesa de Éboli decía de él que era un joven de físico y trato atractivo. Le presentó a María de Mendoza, con la que mantuvo una relación íntima que culminó con el nacimiento de una niña e 1567, de nombre Ana, la cual fue entregada por D. Juan para su crianza a Doña Magdalena de Ulloa, la que fue siempre para él como una madre.

En Nápoles tuvo otra hija con Diana de Falasio a la que bautizaron con el nombre de Juana.

Posteriores amoríos se le conocieron con Zenobia Saratoria y Ana de Toledo, esposa del alcalde napolitano.

De sus relaciones con su hermano Felipe se sabe que, aunque le trató como miembro de la Familia Real, situándole con esta y delante de los grandes de España en los actos públicos, no fue considerado Infante ni tratado como «Alteza”.

En el verano de 1578, contrajo unas fiebres tifoideas, que le sumieron en una gran depresión. Su estado se agravó en el mes de septiembre, y el día 28 nombró como sucesor suyo en los Países Bajos a su sobrino Alejandro Farnesio.  Escribió a su hermano pidiéndole que respetase el nombramiento y que le permitiera ser enterrado junto a su padre.

Falleció el 1 de octubre de 1578, a los 31 años. Sus restos mortales reposan en San Lorenzo del Escorial; su tumba está cubierta por una estatua yacente de singular belleza, y por curiosidad hay que añadir que, por no morir en combate, está representado con los guantes quitados.

Como última anotación, y ahora volviendo a Jeromín, quiero contaros que en Leganés la calle donde vivió lleva su nombre y una preciosa placa indica el edificio donde estuvo situada la casa de tan insigne personaje.

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El humor en la historia de Madrid. Texto de Basilides Manso

El humor en la historia de Madrid. Texto de Basilides Manso

Le damos las gracias a Basilides Manso por recopilar y compartir algunas de las divertidas manifestaciones del humor de los madrileños a lo largo de la historia.

Viñeta de portada: Antonio Mingote

  • Se dice que Lope de Vega, que asistió a la inauguración del puente de Segovia en el río Manzanares, preguntado por el corregidor que qué le parecía el puente contestó: «No voy a dar una opinión sino un consejo, señor corregidor: que la villa de Madrid una de dos, o se compre un río o venda un puente».
  • Se cuenta que un embajador alemán del siglo XVIII dijo que el Manzanares era el mejor río de Europa, por que era “navegable en coche y a caballo”.
  • Cuentan que Alejandro Dumas después de beber medio vaso de agua que había pedido a un aguador, le devolvió el otro medio para que lo regalara al Manzanares “que le hacia más falta”.
  • El edificio de Madrid conocido como el de ¡Joder qué puerta! fue inaugurado en 1918 para el Banco Español Río de la Plata, hoy Instituto Cervantes. La puerta de entrada recibió este apodo por las imponentes 4 cariátides que hacían de columnas.Por ello el edificio era también conocido como el “edificio de las Cariátides.”
  • En 1933 los problemas de ejecución del enlace ferroviario subterráneo bajo la Castellana le valen el nombre de Túnel de la Risa, porque se parecía una atracción de feria de aquel entonces: el tubo de la risa.
  • Durante la guerra civil protegieron a Neptuno, donde antes, recordando el hambre que se pasaba en esos días, alguien puso un cartel en la estatua que decía: «o me dais de comer o me quitáis el tenedor».
  • En la procesión del Jueves Santo a la que asisten las damas de honor de la reina madre dice uno entre el público «Vaya que son feas las damas de su majestad «. «Y bastante que lo sentimos» le respondió rápidamente la condesa de Puñonrostro, graciosamente y sonriendo.
  • Cuando la Vespa llegó a Madrid, fue acogida con un chiste «No se si comprarme una Vespa o poner un manillar al retrete».
  • Cuando José I Bonaparte llegó a Madrid quiso tener una entrada espectacular y ordenó todo tipo de actos y festejos, incluyendo un desfile acompañado de “señores capitulares” de la ciudad. Estas son algunas de las excusas que dieron los invitados para no asistir al desfile con el Rey:
        • Don Manuel González Montao alega que desde el año anterior no podía salir de casa por sufrir «cruelmente de almorranas».
        • Miguel de Vega pide al Ayuntamiento que no ignore «sus accidentes de apoplejía y perlesía» que le tenían impedido todo el costado izquierdo.
        • Luis Gabaldón afirma que lleva nueve días enfermo por «un catarro tenaz» que le ha provocado «debilidad de cabeza”.
        • Y Francisco Muñoz del Valle solicita que se le libere de la obligación alegando que se encuentra en cama a causa de unos «dolores vehementes de vientre y generales de todo el cuerpo».
    Dos poemas breves de Jesús Sanz Perrón

    Dos poemas breves de Jesús Sanz Perrón

    Que venga

    Tengo un pensamiento
    que me revolotea
    y que vuela y vuela.
    Lo quiero aprehender
    pero huye y no se deja
    y vuela y vuela.
    Y viene y se va
    y viene de nuevo
    pero no llega.
    Quién lo pudiera tener
    agarrado por los pelos
    y que no vuele y que venga.
    Por favor, que venga.

    Otoño

    La tarde se ha teñido de gris
    y las horas han sentido el primer escalofrío.
    Las ventanas se han abatido desmayadas
    y los cristales, espejos impasibles,
    esperan los reveses inconstantes del tiempo.
    Vuelan estremecidas las hojas de los árboles
    y, agitándose en remolinos ocres y amarillos,
    componen en el suelo mágicas alfombras inestables.
    La lluvia se desgrana mansa, tímidamente,
    cual si temiese ahuyentar al penúltimo perro vagabundo,
    en tanto que los niños pobres, vestidos de retales,
    corren alegremente, muy tristes,
    camino de ninguna parte.
    La abuela se ha tocado el chal pardo y negro,
    ha garabateado su firma analfabeta en el brasero
    y parece esperar estoicamente una hora importante.