Los Mayores Cuentan

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Solo un color. Poema de Jesús Sanz Perrón

Solo un color. Poema de Jesús Sanz Perrón

 Necesito sólo un color.

¿Quién puede dejarme
el color que me hace falta?

No es amarillo, ni verde,
ni azul, ni rosa, ni grana;
ha de ser un color que tenga
el numen de la esperanza.

¿Alguien tiene ese color?
Que me lo preste, por Dios,
que yo le daré las gracias.

Quiero hacerle un retrato
y no tengo con qué pintarla.
Tiene apariencia de siete
– los síntomas le delatan –,
el número del arco iris
cuando, después de llover, escampa.

Ha de ser un color
suave, con incrustaciones
de esmeraldas,
y en el centro tonos brillantes
para perfilar bien su cara.

Deberá incorporar aromas
capaces de embriagar el alma,
y sustancias subliminales
para aspirar su fragancia.

Tiene que ser delicado
y grácil cual paloma blanca,
el olor de una sola rosa
de mil rosas perfumada.

En fin, si alguno lo encuentra
que me lo haga saber sin tardanza;
entretanto, quedo impaciente
por verla en color retratada.

¡Enhorabuena por el premio!

¡Enhorabuena por el premio!

Nuestro compañero Jesús Sanz Perrón ha sido galardonado con el 1er Premio del Concurso de Trovadores, Categoría Senior, de la Asociación Verso Abierto.

¡Enhorabuena, Jesús! Nos alegramos mucho por ti y nos sentimos orgullosos del reconocimiento de un miembro de nuestro equipo. Tu premio nos anima a todos a seguir creando y compartiendo nuestros trabajos.

Aquí está el enlace donde se puede leer el poema ganador:

https://jesussperron.substack.com/p/que-no-te-lo-digo

Epístola Moral. Poema de Jesús Sanz Perrón

Epístola Moral. Poema de Jesús Sanz Perrón

Maestro, por fin te he visto volver
y un ramalazo de emoción me ha traspasado el alma.

¿Por qué, Dios, este ahogado escalofrío
ha venido a remover las tibias ascuas
y a avivar el rescoldo estremecido
que apenas mi memoria alcanza?

 ¿Por qué, si has venido del olvido,
has desatado en mi pecho ignoradas nostalgias,
y has hecho vibrar mis dormidos sentimientos
removiéndolos con torbellinos de esperanza?

Porque, maestro, te he sentido en mi corazón
cuando, con sinceras y sentidas palabras,
nos has dicho, como en una explosión de silencio,
con humildad y pena desgarradas,
que sólo vienes a pregonar la PAZ y la concordia
y a pisar la tierra de tu Tierra,
y a descansar después,
y a morir, llegada la hora, en tu Patria.

¿Qué ha pasado, maestro, en tu vida?
¿Quién te empujó a abandonar tu España maltratada?

¿Cómo pudiste traspasar el horizonte
rompiéndolo con tu inmarcesible lanza
y, cabalgando en la noche de los tiempos,
mantener tu independencia intacta?

¿Qué días fueron tus días?
Y tus noches ¿fueron, tal vez, fantasmas
que intentaban, quizá, confundirte
gritándote que no valía la pena tu causa?

Que era, la tuya, una aventura inútil
y estéril, cual dijera a don Quijote Sancho Panza;
que estabas librando una batalla absurda
contra los molinos,
que eran gigantes en tu propia casa.

Sí, seguro que en tu duermevela
tendrías a veces esa sensación amarga.

Pero qué importa si has sabido remontar el vuelo
por encima de mentiras y vanidades humanas,
y has subido hasta lo más alto
para, desde allí, anunciar de nuevo el alba.

Y ahora te he visto llorar como un niño
mientras balbuceabas tan grandes palabras,
olvidando injusticias y errores domésticos
de una etapa larga, demasiado larga.

Pero escucha, maestro, mi viejo amigo,
no agotes tu exhausto caudal de lágrimas,
que ya muy cerca se adivina
la silueta de una PAZ fecunda y dilatada.

De una PAZ casi agostada por los fríos del invierno
a punto de estallar en primavera anticipada.