Los Mayores Cuentan

Blog interactivo y participativo hecho por mayores para mayores

Rafaela. Un relato de Ana Simal

Rafaela. Un relato de Ana Simal

Le damos las gracias  a Ana Simal por un nuevo relato, original, divertido ¡y con moraleja!

Bernardino era un chico muy feo. Tenía orejas de soplillo. ¡Y los ojos! Bernardino más que bizco tenía los ojos autónomos como los cuernos de los caracoles. Los dientes le salieron torcidos y en dos filas.

La madre le llevó al dentista a instancias de su cuñada, pues en el pueblo no había costumbre de ortodoncias; es más, no sabían ni lo que significaba esa palabra.

El dentista se quedó sin habla cuando le dijo: -Chico, abre la boca-

Al final reaccionó: -Mire señora, yo no veo más solución que sacarle toda la dentadura y ponérsela postiza-

Ella se negó. Si están todos los dientes sanos, y le sirven para comer que es para lo que son, y… ¡no vea cómo come..!

A cambio, era muy buen chico, listo y estudioso.

Y Bernardino estaba enamorado de su vecina, la Jacinta, una moza recia.

Él se emocionaba cuando la veía por las tardes llegar del campo, pisando fuerte y contoneando sus caderas. En cambio la Jacinta no sabía casi ni leer. Se sentaban en un poyete de piedra a la puerta de casa y, Bernardino le contaba muchas cosas de historia, geografía, ciencias, etc.

Ella le escuchaba embobada : – ¡Cuánto sabes y qué listo eres, Bernardino!

– No , Jacinta, no soy listo, es que estudio mucho.

Y así iban pasando los días y los años y, Bernardino cada vez más enamorado, se decidió y le pidió a la Jacinta que se casara con él.

Ella le miró a la cara y le dijo que no, que era su amigo y vale.

Él empezó a ponerse pesado y a pedírselo muchas veces. Y ella que no, que no, que no.

Un día ya desesperado le dijo: -Pero bueno, Jacinta, ¿cuándo me vas a decir que sí?

– Mira hijo, cuando las ranas críen pelo. (dijo esta frase por no decirle: nunca)

Él no volvió a insistir.

Se fue a estudiar a la capital y nunca más se vieron.

Un día, al cabo de los años, se corrió la voz en el pueblo: “que esta noche sale Bernardino en la 2 en un programa científico.”

Se juntaron todos en el bar de la plaza. Lo primero porque tenían un televisor muy grande y también para compartir la emoción.

El presentador estaba nervioso. Habló de él como de un genio, de que quizás le dieran el premio Nobel.

No hemos conseguido que nos dijera cuál era su descubrimiento, solo que iba a revolucionar la ciencia, pero que lo mostraría delante de las cámaras para que lo viera todo el mundo y no hubiera equívocos.

Y entró Bernardino con una caja debajo del brazo, con expresión triunfal.

Las primeras palabras fueron estas: – Jacinta, sé que me estarás viendo y ahora te pido, ¿quieres casarte conmigo?

Abrió la caja y dentro había una rana.

– Les presento a Rafaela.

La rana tenía una melena rubia y preciosa como la de la Carrá. Y hacía el mismo gesto que ella, se la echaba hacia delante y luego con un golpe seco hacia atrás. “Explota explótame explo” le cantaba Bernardino y, ella ¡Zas!, duro y dale a la melena hacia delante y hacia atrás.

Al locutor tuvieron que ingresarle pues no reaccionaba a los estímulos.

Y a Jacinta también le dio un medio infarto y estuvo unos días en el hospital.

Afortunadamente, los dos salieron sin que les quedaran secuelas de ningún tipo.

Ella lo único que le pudo decir fue: – Estoy casada y tengo tres hijos, Bernardino. ¿No te das cuenta que han pasado muchos años sin saber nada de ti?

– Los experimentos genéticos son muy largos y costosos, no se hacen de un día para otro,- dijo él a modo de disculpa. En fin te dejo de regalo a Rafaela. – Y se fue.

Ella la llevó al laboratorio de la universidad. Realmente no sabía como criarla, como alimentarla, ¿comería moscas o habría que darle espaguetis? Les sugirió que podían clonarla como a la oveja Dolly y tendría un valor incalculable.

Moraleja: Cuidado, chicas, con lo que le pedís a un enamorado, son capaces de todo…

El primer timo piramidal de la historia

El primer timo piramidal de la historia

Imagen de portada: Ilustración de Blanco y Negro sobre la historia del timo de Doña Baldomera.

Le damos las gracias a Basilides Manso por traernos un episodio tan curioso y poco conocido de la hisitoria de nuestra ciudad.

Baldomera Larra nació en Madrid 1833, fue la tercera hija de Mariano José de Larra, aunque nunca la reconoció como suya. Fue bautizada como María Dolores pero en la confirmación se cambió el nombre por el de Baldomera.

Se casó con Carlos Montemayor, médico personal de Amadeo I, y cuando éste se marchó de España en 1873 Carlos Montemayor se exilió a Cuba, dejando a Baldomera con tres hijos y ningún dinero. Cayó enfermo uno de sus hijos y se vio obligada a pedir dinero a un prestamista, 16 duros y a devolver 32 duros que fueron pagados a su vencimiento.  Lo que hacía era pedir dinero a unos y a otros y así iba pagando las deudas.

Con lo aprendido de fiadores y prestamistas, en 1876 creó la Caja de Imposiciones que tuvo varias localizaciones hasta que terminó en la plaza de la Paja, en el interior del antiguo Teatro España. Ofrecía unos buenos intereses (llegó a ofrecer hasta un 30% mensual por cada duro depositado) y tenia largas filas de pequeños ahorradores en sus oficinas para prestarle dinero, ya que dada la mala situación política y económica que atravesaba el país, la gente quería que sus ahorros les dieran una renta.  Los pagos los hacía con el dinero de los nuevos inversores. En realidad, lo que Baldomera había organizado era el primer timo piramidal de la historia de España.

Al caer la I Republica, acuciada por sus casos difíciles, huyó de España con 20.000.000 de reales dejando 5.000 estafados. En 1878 volvió a España, no se sabe si voluntariamente o extraditada por Francia. Tras ser juzgada y condenada a 6 años de cárcel, cambió de abogado y nombró a Felipe Aguilera, quien recurrió al Supremo. Como la mujer casada, era irresponsable de sus actos económicos sin la firma del marido, y como los recibos de los clientes no tenían esta firma, fue declarada inocente en 1881 y los recibos del préstamo nulos.

Maltratada.  Relato de Ana Simal

Maltratada. Relato de Ana Simal

Gracias a Ana Simal por recordarnos con este relato la importancia de detectar, no justificar y no tolerar el maltrato.

Estoy tirada en el suelo, no puedo moverme, ¿me habré muerto? No, porque me duele mucho la cabeza, así atrás, es un dolor espantoso. Intento pensar lo que me ha pasado y, poco a poco voy recordando.

Yo estaba hablando por teléfono. ¿Con quién? Ah, sí, hoy me decidí por fin a llamar al 016.  Llevaba años intentándolo, pero hoy me armé de valor y lo he hecho.

Sé que les dije: “Por favor, ayúdenme, no puedo más, me quiero morir. Si no me he quitado la vida ha sido por mis creencias religiosas.”

El que se suicida va al infierno, me decían las monjas y, yo me lo he creído. Pero bien pensado, qué son estos años últimos más que el infierno.

Me casé enamorada, creo, y al principio, vaya,  todo fue bien; pero muy al principio. Después empecé a sufrir y hasta hoy no ha habido tregua. El sexo no era lo que me había imaginado. Creo que él sí se lo pasaba bien, pero yo no, esa es la verdad. Cuando hablaba con mis amigas de este tema, pienso que había algo distinto en lo que ellas vivían y lo que vivía yo.

Luego empezó a beber. Y empezó  a reprocharme todo lo que yo hacía mal y lo torpe que era. Me convenció de que valgo muy poco, es verdad, todo lo hago regular, pero eso sí, yo quiero hacer las cosas bien.

Un día me pegó. ¡Qué pena, madre mía! ¡qué pena me dio! No se lo dije a nadie. Y parece que a él le gustó pues era ya raro el día que yo no cobraba, poco o mucho.

Tuve mi primer embarazo y de una paliza perdí a mi niño.

Tuve otro segundo y, lo mismo.

Al tercero me fui a casa de mi madre hasta que nació el niño. El médico me mandó reposo y me convenció para que me dejara ir con ella.

Y ahora viene algo que casi no puedo ni recordar (me debo de estar muriendo), ¿no dicen que entonces pasa la vida como en una película?

Mi niño que es lo único bueno de mi vida, se fue. Un angelito al cielo, me decían. Pero yo le quería conmigo aquí en la tierra. No es que tuviera cara de ángel, tenía un ángel en la cara.

No pude superarlo.

A partir de ese suceso, él me hizo la vida más imposible si cabe.

Yo pasaba el semáforo en verde, estoy segura. La moto que nos arrolló ni nos vio. Yo me rompí la cadera, pero mi niño se rompió entero. Mi marido todo el día me decía: “no vales ni para tener hijos, perdiste dos anteriores y este último, por tu culpa ya no está.”

Yo no me atreví a decirle que si aborté fue por las palizas; a lo mejor a otras mujeres también les pegan y no abortan.

Y yo pasaba el semáforo en verde, estoy segura.

Cuando estaba diciendo en el teléfono “ayúdenme que no puedo más” noté el golpe tremendo con la lámpara de mesa.

Él estaba escuchando todo lo que yo decía, no le sentí entrar, se enfadó mucho y me dio. Quizá se le fue la mano y no quería matarme.

Ya estoy en el cementerio.

¡Qué paz, Dios mío!

Hoy ha venido él a visitarme acompañado de dos guardias. Se le llevan a la cárcel y ha pedido despedirse de mí. Me ha traído unas flores, nunca lo hizo cuando yo vivía. Me ha parecido que se le escapaba una lágrima.

Veis, es un poco bruto, pero en el fondo no es tan malo…

A todas las mujeres maltratadas, a todas las que ya no están.

Con todo mi reconocimiento y mi amor.

El príncipe encantado

El príncipe encantado

Le damos las gracias a Ana Simal por compartir este cuento tan simpático.

Erase una vez una princesita que vivía en un hermoso palacio rodeado de preciosos jardines, pero no era feliz porque se sentía muy sola. 

Un día, sentada al borde de un estanque de peces de colores, se le acercó un sapo de aspecto repugnante.  Ella cogió un palo para apartarle y ¡cual no sería su sorpresa al ver que el sapo le habló!

“Princesita, princesita, no me hagas daño, soy un príncipe a quien una malvada bruja convirtió en sapo y para deshacer el hechizo tiene que ocurrir que una princesa buena y gentil sea capaz de no sentir asco y me acueste en su lecho al menos durante una noche.” 

Dominando el asco que le producía el sapo lo puso en su cama y se acostó.  Cual no sería su sorpresa cuando al despertar comprobó que se había roto el maleficio y que un hermoso príncipe estaba a su lado. 

Y este es el cuento. Es el cuento que le contó la princesita a su mamá cuando por la mañana la encontró con un joven en su cama… 

Feriantes

Feriantes

Le damos las gracias a Mª Luisa Illobre por sorprendernos y deleitarnos de nuevo con uno de sus relatos.

Llegó septiembre y después de un verano asfixiante, se empezaron a celebrar las fiestas en multitud de pueblos. Los feriantes comenzaron a preparar sus atracciones, puestos de baratijas y toda clase de distracciones para, en la medida de lo posible, poder resarcirse de todo el paro anterior.

La familia Soler, compuesta de cuatro personas y el abuelo eran propietarios del TÚNEL MISTERIOSO, que se trataba de un enorme pasillo en el que se instalaban toda clase de inventos, ruidos terroríficos, disfraces, montones de telarañas, escobas, apariciones y todo lo que pudiera parecer algo fantasmagórico para asustar al personal. Todo ello con una música estridente al máximo volumen.

De todo ello se encargaban las cuatro personas de la familia, dos fornidos muchachos y el abuelo. Éste estaba instalado en uno de los recovecos del pasillo, cubierto además de un disfraz de esqueleto, de grandes montones de telarañas, mientras los jóvenes se disfrazaban de zombis y perseguían al personal que se había atrevido a entrar. Todo ello en medio de un griterío enorme, pues lo visitaban tanto padres como chicos, ya que esta atracción era del agrado de la mayor parte de la verbena.

Uno de los días al terminar el espectáculo cuando ya había anochecido, la madre se retiró a la roulotte y preparó la cena para la familia, que no tardarían en recoger las lonas. Pero pasó un rato, y el abuelo no apareció. Comenzaron a impacientarse, por lo que los muchachos, al no responder a su llamada, entraron de nuevo en el túnel. Podría haberse quedado dormido cuando aquello se quedó en silencio. Al llegar al sitio, desde donde él asustaba se encontraron al abuelo, tendido en el suelo y rodeado de todas las telarañas que le acompañaban siempre. Estaba muerto.

Los chicos se quedaron horrorizados. Llamaron a sus padres e inmediatamente avisaron a una ambulancia dentro de un dolor indescriptible y fue llevado al hospital.  Había muerto en solitario y de muerte natural.

Se terminó la feria, había sido un buen año. Se recogieron todas las atracciones en espera del pueblo siguiente y la familia, después de un rato en camino, grandes lágrimas empañaron sus ojos. Allí que se quedaba una persona muy querida, EL ABUELO.