Los Mayores Cuentan

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Hospital de Jornaleros San Francisco de Paula. Texto de Basilides Manso

Hospital de Jornaleros San Francisco de Paula. Texto de Basilides Manso

Más conocido como Hospital de Maudes, fue construido como un edificio público de carácter benéfico (hospital).

Doña Dolores Romero y Arano viuda del industrial Cariel y Blasi, uno de los fundadores de Banco de España, eligió a los arquitectos Palacios y Otamendi para la construcción de un hospital que diera asistencia sanitaria gratuita a los jornaleros, en un solar comprendido entre las calles Maudes, Alenza, Paseo de Ronda (hoy calle Raimundo Fernández Villaverde) y Treviño. El edificio albergaba también la sede central de la fundación creada por la benefactora.

Las obras empezaron en 1909 y terminaron en 1916, con un costo de 4 millones de pesetas y se emplearon otros 5 en equipamiento y mantenimiento. Se inauguró el 23 de junio de 1916 con la presencia del rey Alfonso XIII.

El hospital tenía una capacidad de 210 camas repartidas de la siguiente forma: 5 salas de enfermedades de enfermería con 25 camas cada una, 2 salas de enfermedades de cirugía con 25 camas cada una, 1 sala de convalecientes de medicina de 25 camas (un mes de estancia máxima), 1 pabellón de infecciosos con 10 camas (solo se atendía a los que se contagiaban dentro del hospital).

Durante la Guerra Civil fue utilizado por el Ejército Republicano como clínica de cirugía militar. Después de la guerra siguió utilizándose como hospital militar hasta 1970.  Después de su total abandono, lo compró la Comunidad de Madrid (1984) y después de importantes obras de acondicionamiento, instaló en el edificio la Conserjería de Transporte, Vivienda e Infraestructuras.

Está declarado bien de Interés Histórico artístico de la Villa de Madrid.

Iglesia de Santa María la Antigua de Carabanchel. Texto de Basilides Manso

Iglesia de Santa María la Antigua de Carabanchel. Texto de Basilides Manso

Esta antigua ermita era la Iglesia parroquial del pueblo de Carabanchel antes de su anexión a la Capital (1948 ).

La tradición recoge que cuando estaba dedicada a santa María Magdalena rezaría en ella San Isidro Labrador, ya que el santo trabajó en las cercanías, posesión de Iván de Vargas, su amo.

De estilo mudéjar, y al parecer edificada sobre una villa romana de los siglos II o III, se la considera la iglesia más antigua de Madrid. El ábside está decorado con una ventana mudéjar de arco apuntado que sorprende por su pureza. El pórtico es considerado el mejor ejemplo de arquitectura mudéjar de toda la Comunidad. El interior esta retocado, pero existen restos de pinturas más antiguas que la datación de la iglesia.

A finales del siglo pasado se encontró en su interior una zona que podría haber servido de antigua vivienda, un pozo fechado en el siglo XI o XII antes que la iglesia en el que rezaba una inscripción: «Pozo de San Ysidro». Se dice que podría ser el autentico pozo del Milagro.

Actualmente Santa María la Antigua funciona como iglesia del cementerio de Carabanchel Bajo.

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La Cuesta de Moyano. Texto de Basilides Manso

La Cuesta de Moyano. Texto de Basilides Manso

El auténtico nombre de la calle es Claudio Moyano, pero todo el mundo la conoce como Cuesta de Moyano. No tiene ninguna casa, conduce desde la Glorieta de Atocha a El Retiro bordeando El Jardín Botánico, donde la pared de cerramiento sirve de apoyo a las casetas de los libreros de segunda mano que empezaron a instalarse aquí en el año 1925.

Un incendio, el 15 de julio de 2004, en una subestación eléctrica de la vecina calle de Almadén obligó, por las obras, a trasladar las casetas a la verja de El Jardín Botánico.  El triste suceso sirvió al Ayuntamiento para remodelar la zona, instalando casetas nuevas con luz eléctrica y peatonalizando la calle, que quedó con supervisión y guarda a cargo de Claudio Moyano, Pio Baroja y Azorín que vigilan desde sus monumentos que la Cuesta, que tanto visitaron en vida, siga en buen funcionamiento.

Es visita obligada para todos los amantes de los libros, pues los hay a montones de todas las disciplinas y lecturas, o para recibir información de los libreros que muchos, después de varias generaciones, pueden aclararnos las posibles dudas.  La visita será ilustrativa, cultural y espiritualmente provechosa, con el saber y la belleza que atesora en sus libros.

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La edición Príncipe del Quijote. Texto de Basilides Manso

La edición Príncipe del Quijote. Texto de Basilides Manso

La primera parte de la primera edición del Quijote se imprimió en la imprenta madrileña de María Rodríguez de Rivalde, regentada por Juan de la Cuesta.  Se empezó a imprimir a finales de1604 y a vender a principios de 1605.

El proceso de publicación (después del Concilio de Trento) fue como sigue:

  • Cervantes, después de apalabrar la edición con Francisco Robles, librero y editor, presenta al Consejo de Castilla el manuscrito original solicitando su impresión, de donde pasó a los censores que aprobaron su publicación.
  • Una vez que Cervantes consiguió el privilegio real para su publicación, vende los derechos a Francisco Robles, el cual contrató su impresión a Juan Cuesta.
  • La impresión se lleva a cabo en la imprenta de tipos móviles en papel fabricado en el monasterio de El Paular. El volumen tiene 664 páginas y se editaron alrededor de 1.700 ejemplares.

La portada aparecía de la siguiente forma: EL INGENIOSO / HIDALGO DON QUI / XOTE DE LA MANCHA / Compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra / DIRIGIDO AL DUQUE DE BEJAR/  (le siguen seis o siete títulos más).

La impresión dejó mucho que desear, tenía erratas y errores, quizás debido a las prisas de su edición, subsanados semanas mas tarde por Francisco Robles. En el emblema del centro de la portada, con un halcón y un león, aparecía la leyenda: «Post tenebras spero lucem» (Tras las tinieblas espero luz), frase utilizada en varias publicaciones de la época.

Actualmente de los 28 ejemplares que se conservan, uno se encuentra en la Biblioteca Nacional con encuadernación en piel roja realizada en 1957.

La imprenta de Juan de la Cuesta estaba ubicada en la calle Atocha, 87 esquina a la calle Costanilla de los Desamparados.  En la actualidad se puede ver una placa conmemorativa colocada con motivo del tercer centenario de El Quijote.

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Ruy González de Clavijo. Un castellano en Samarcanda.  Texto de Basilides Manso

Ruy González de Clavijo. Un castellano en Samarcanda. Texto de Basilides Manso

Ruy González de Clavijo nació en Madrid en el siglo XIV, su padre era camarero del rey Juan I de Castilla y él entró al servicio del sucesor de la corona, Enrique III, que fue el primer Príncipe de Asturias. El avance hacia Europa de los turcos del sultán Bayaceto parecía imparable, arrasaban todo a su paso, pero en el 1402 Bayaceto fue derrotado en Ankara por Tamerlán y sus mongoles, lo que produjo un gran alivio en Occidente.

Enrique III, que ya tenía embajadas en El Cairo, Marruecos, Fez, Túnez y Babilonia, quiso establecer una alianza con Tamerlán, Señor de Samarcanda y último Emperador de las Estepas, para luchar contra el imperio turco otomano. Eligió a Ruy González de Clavijo como embajador por sus dotes de oratoria y diplomacia.

En el viaje de Clavijo le acompañó el dominico fray Alonso Páez de Santa María, teólogo que dominaba el persa, griego, árabe y latín. También llevaban otras personas importantes, un guardia real y muchos regalos (halcones, telas de escarlata, objetos de plata, armas blancas de Toledo, tapices etc.).

La expedición salió de Madrid y se dirigió al Puerto de Santa María, donde embarcaría el 21 de mayo de 1403 y no regresarían hasta el 24 de marzo de 1406. En el viaje les llamó la atención especialmente Constantinopla. Tras un año y tres meses de viaje, llegaron a la ciudad de Samarcanda (hoy en Uzbekistán) donde se encontraba la Corte de Tamerlán, y que maravilló a toda la expedición. Fueron recibidos por Tamerlán, quien valoró mucho los regalos ofrecidos, pero no les prestó mucha atención, porque se encontraba preparando la inminente invasión de China, aunque no llegó a realizarla, puesto que una enfermedad acabó con su vida poco después.

La expedición no consiguió su misión de establecer una alianza con Tamerlán, por lo que recogieron los muchos regalos que habían recibido y emprendieron la vuelta a casa. En el camino fueron apresados por un nieto de Tamerlán, quien después de tenerlos seis meses prisioneros los dejó seguir el viaje, no sin antes quitarles todos los regalos que les había hecho su abuelo.

Clavijo cuenta la expedición con gran detalle de las ciudades por las pasaron, costumbres, etc. en su obra «Viaje a Samarcanda. Relación de la Embajada de Ruy González de Clavijo ante Tamerlán».

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