
Ruy González de Clavijo nació en Madrid en el siglo XIV, su padre era camarero del rey Juan I de Castilla y él entró al servicio del sucesor de la corona, Enrique III, que fue el primer Príncipe de Asturias. El avance hacia Europa de los turcos del sultán Bayaceto parecía imparable, arrasaban todo a su paso, pero en el 1402 Bayaceto fue derrotado en Ankara por Tamerlán y sus mongoles, lo que produjo un gran alivio en Occidente.
Enrique III, que ya tenía embajadas en El Cairo, Marruecos, Fez, Túnez y Babilonia, quiso establecer una alianza con Tamerlán, Señor de Samarcanda y último Emperador de las Estepas, para luchar contra el imperio turco otomano. Eligió a Ruy González de Clavijo como embajador por sus dotes de oratoria y diplomacia.
En el viaje de Clavijo le acompañó el dominico fray Alonso Páez de Santa María, teólogo que dominaba el persa, griego, árabe y latín. También llevaban otras personas importantes, un guardia real y muchos regalos (halcones, telas de escarlata, objetos de plata, armas blancas de Toledo, tapices etc.).
La expedición salió de Madrid y se dirigió al Puerto de Santa María, donde embarcaría el 21 de mayo de 1403 y no regresarían hasta el 24 de marzo de 1406. En el viaje les llamó la atención especialmente Constantinopla. Tras un año y tres meses de viaje, llegaron a la ciudad de Samarcanda (hoy en Uzbekistán) donde se encontraba la Corte de Tamerlán, y que maravilló a toda la expedición. Fueron recibidos por Tamerlán, quien valoró mucho los regalos ofrecidos, pero no les prestó mucha atención, porque se encontraba preparando la inminente invasión de China, aunque no llegó a realizarla, puesto que una enfermedad acabó con su vida poco después.
La expedición no consiguió su misión de establecer una alianza con Tamerlán, por lo que recogieron los muchos regalos que habían recibido y emprendieron la vuelta a casa. En el camino fueron apresados por un nieto de Tamerlán, quien después de tenerlos seis meses prisioneros los dejó seguir el viaje, no sin antes quitarles todos los regalos que les había hecho su abuelo.
Clavijo cuenta la expedición con gran detalle de las ciudades por las pasaron, costumbres, etc. en su obra «Viaje a Samarcanda. Relación de la Embajada de Ruy González de Clavijo ante Tamerlán».
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