Los Mayores Cuentan

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La casa del pastor. Texto de Basilides Manso

La casa del pastor. Texto de Basilides Manso

En la calle de Segovia esquina a la cuesta de Los Caños Viejos se encuentra una casa nueva que tiene un escudo de Madrid en su fachada; data del siglo XVII y es el escudo más antiguo que se conserva de la Villa. La actual casa sustituye a la que había anteriormente, derribada en 1972, que se llamaba la Casa del Pastor, una casa del siglo XVI. Los nuevos dueños se comprometieron a poner en la fachada el escudo.

La casa era propiedad de un clérigo llamado José, muy conocido en el barrio, por su vida modélica y caritativa. Pasó una noche cuidando a un hombre moribundo de una enfermedad contagiosa. Enfermó y cuando vio que se le acababa la vida, llamó a un escribano y a un aguacil y repartió todos sus bienes. El escribano notó que faltaba la casa en el testamento, y al decírselo le entregó un sobre que tenía que cerrar y sellar; solo se podía abrir cuando él hubiera muerto.

Murió el 26 de agosto de 1877, y al abrir el sobre se pudo leer: “Es mi voluntad expresa y firme que esta casa la herede la primera persona que en el amanecer de mi muerte pase por la puerta de la Vega”, y la primera persona que pasó fue un pastor con su ganado.

En la casa se celebraron sesiones del Concejo de la Villa y en uno de sus pisos habitó José de Churriguera. En la casa contigua estaba la Casa de la Moneda en la que nació Mariano José de Larra “Figaro” en 1809.

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Calle Mayor.  Texto de Basilides Manso

Calle Mayor. Texto de Basilides Manso

Se extiende desde la Puerta del Sol hasta la calle Bailén.  Fue la calle más importante de la dinastía de los Austrias, y por ella pasaban todas las comitivas que se dirigían al Alcázar y todas las procesiones religiosas o civiles. Tenía varios nombres: Mayor, Puerta de Guadalajara, Platerías y Almudena.

Durante la Edad Media, en la calle Mayor y sus aledaños se fueron estableciendo los comercios gremiales; de estos nos quedan recuerdos en el nombre de algunas calles: Esparteros, Coloreros , Bordadores, Botoneras y otras calles próximas como Latoneros, Cuchilleros y Herradores.

A finales del siglo XVI se ensanchó la calle para recibir a Margarita de Austria, esposa de Felipe III.  En el siglo XVII se derribó la Puerta de Guadalajara y en la calle se fueron estableciendo los palacios de la alta nobleza, de los que hoy todavía quedan algunos como testimonio de aquella época.

El trazado actual se realizó en el siglo XIX, y poco a poco desaparecieron los soportales engullidos por los comercios que los explotaban como parte del establecimiento.

El 31 de mayo de 1906, se casó Alfonso XIII con Victoria Eugenia en la iglesia de los Jerónimos y cuando la comitiva regresaba a Palacio, desde un balcón de la calle Mayor nº 88, el anarquista Mateo Morral les arrojó una bomba camuflada en un ramo de flores. La pareja real salió ilesa al chocar la bomba con el cable del tranvía, que desvió la trayectoria. Por desgracia, la explosión ocasionó 20 muertos y 100 heridos entre la comitiva y vecinos que asistían al paso del cortejo.

Naumaquias en el estanque del Retiro.  Rexto de Basilides manso

Naumaquias en el estanque del Retiro. Rexto de Basilides manso

Esto es la imitación de una batalla naval en el estanque grande (el que hoy existe) del Retiro.

La que se celebró para ensalzar a la segunda esposa de Felipe IV, Mariana de Austria, fue un gran dispendio que no podíamos permitir. El duque de Medina de las Torres mandó 12 pequeñas góndolas, con adornos de oro, plata y cristal. Se construyeron pequeños galeones con cañones pequeños que disparaban petardos, se construyó una fortaleza en una isla que había en el estanque a la que había que atacar.

En esa época había 8 estanques más pequeños unidos por canales, que fueron limpiados, y las márgenes adornadas con flores y plantas, lo mismo que el resto de los jardines. Se arreglaron los paseos para hacerlos más transitables. Las góndolas surcaron canales y estanques hasta llegar al estanque grande donde se celebraba la naumaquia.

Los nobles y otros personajes considerados importantes, ocuparon las orillas; el pueblo no asistió, no fue invitado, solo contaba para pagar impuestos y servir en el ejército en las muchas guerras que había.

A una orden del conde-duque de Olivares, las naves se dirigieron hacia la fortaleza que había que conquistar. Cuando los pequeños cañones empezaron a disparar, el susto fue monumental, pues pocos de los presentes habían estado en una batalla, incluido el rey. En un momento adecuado, una góndola acercó al rey hasta la nave capitana para capitanear a su ejército en la toma de la fortaleza.

Por estas y otras cosas, los soldados que luchaban en Flandes, saqueaban ciudades y pueblos para cobrar la soldada que no llegaba.

Tabernas de Madrid. Texto de Basilides Manso

Tabernas de Madrid. Texto de Basilides Manso

Estos establecimientos han sido y siguen siendo centros de la vida social madrileña, aunque ya están en decadencia debido a la competencia de bares y cafeterías. Son lugares para el ocio y la tertulia amigable, no se entra porque se tenga sed, se entra para “tomar un trago” apoyándose en la barra.

Las tabernas están repartidas por el Madrid antiguo, siempre pintadas de vivos colores, sobre todo el rojo, con puertas de madera y los mostradores paralelos y recubiertos en el frontal de azulejos con filigranas, la tapa de madera una parte recubierta de estaño con su librillo donde se refrescaban las frascas de vino.

En el extremo menos usado del mostrador había unos recipientes con aceitunas, bacalao rebozado y otras tapas sin fecha de caducidad.  Las paredes interiores estaban decoradas normalmente con motivos taurinos, cabezas de toro disecadas, en las menos, carteles, fotos taurinas o fotos de ciclismo o boxeo, dependiendo de los gustos del propietario.

En las estanterías de detrás del mostrador estaban las botellas de los licores, el cajetín con las barajas y las cajas de dominó. Las mesas —pocas, con bancos o taburetes— con tapa de madera o mármol, estas preferidas por los jugadores de dominó.

Quedan algunas famosas: la de Antonio Sánchez (la más antigua de Madrid con más de 200 años) en la calle Mesón de Paredes, 13; Casa Paco en Puerta Cerrada, 11; Casa Labra en Tetuán, 12; y algunas más.

Construcción de la Gran Vía.  Texto de Basilides Manso

Construcción de la Gran Vía. Texto de Basilides Manso

A mediados del siglo XIX se empezó a gestar la idea de una vía que comunicara el este y el oeste de la ciudad sin pasar por Sol, para evitar los grandes atascos que se formaban al atravesar el Madrid antiguo, lleno de calles estrechas y tortuosas. El proyecto suponía la eliminación de más de 300 casas y más de 20 calles.

El 4 de abril de 1910 Alfonso XIII inauguró las obras, dando el primer golpe con una piqueta de plata en la casa del cura de San José. Luego, después de 5 años, se terminó el primer tramo Alcalá – Red de San Luis. El segundo tramo, red de San Luis – Callao se empezó en 1917 y duró otros cinco años, y el tercer tramo, Callao – Plaza de España, se empezó a continuación y se terminó en 1930, completando el recorrido total de 1.306 metros.

No se llevó a efecto antes debido a trabas burocráticas unas veces y económicas otras, pero terminadas las obras de Ampliación de la Puerta del Sol y el cambio en las leyes de expropiación, hizo posible superar todas las barreras que impedían su construcción, con gran alegría del alcalde José Francos Rodríguez.

De lo antiguo del proyecto nos da idea de que 24 años antes se estrenó la Zarzuela La Gran Vía de los maestros Chueca y Valverde.

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