Los Mayores Cuentan

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Convento de San Plácido. Texto de Basilides Manso

Convento de San Plácido. Texto de Basilides Manso

Está situado en la calle del Pez, entre la de San Roque, por donde se entra en el número 9, y la calle Madera. Lo mandó construir don Jerónimo de Villanueva para que profesara su novia, que había preferido los hábitos a casarse con él.  Tan enamorado estaba, que se construyó un palacio al lado del convento, comunicado con él por un pasadizo. El pasadizo lo usaba también su amigo Felipe IV, que se enamoró de una monja, sor Margarita de la Cruz, a la que visitaba asiduamente (Felipe IV tuvo 40 hijos naturales).

Para poner fin a estas visitas, la priora y fundadora del convento sor Teresa Valle de la Cerda, ideó una argucia para solucionarlo. Sabiendo a qué hora llegaba el rey, metió a Sor Margarita en un ataúd como si estuviera muerta y situó a las demás monjas rezando a su lado. Fue tal la impresión que le causó al rey que se desmayó y se lo llevaron por el mismo camino que había ido, y no recobró el conocimiento hasta que llegó a palacio. Esta es la leyenda, pero el rey encargó a Velázquez un Cristo para la sacristía, donde estuvo muchos años, y ahora está en el Museo del Prado.

En 1631 la Inquisición encarceló a varias monjas y al capellán, por supuestas posesiones diabólicas, en las relaciones nada santas con el capellán Fray Francisco García Calderón.

El convento a día de hoy está cerrado porque no hay ninguna monja, debido a la falta de vocaciones y a no admitir como novicias a las no nacidas en España.

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Más chulo que un ocho. Texto de Basilides Manso

Más chulo que un ocho. Texto de Basilides Manso

Es una expresión muy castiza, propia de Madrid, que se refiere a un tipo altanero y prepotente.

Su origen se remonta al Madrid de las verbenas, castizo por los cuatro costados, a los tiempos de don Ramón de la Cruz, Arniches y sus sainetes, a los tiempos de los tranvías.

Había un tranvía, el número 8, que recorría desde Sol a la ermita de San Antonio de la Florida, y como en los aledaños de esta se celebraba una de las principales verbenas, el cuadro era perfecto: un tranvía lleno de majos y majas, manolos y manolas y demás vecinos de la Villa, todos elegantes, con sus trajes típicos, sin faltar los claveles en la solapa de ellos, en el pelo de ellas sujetándolo con su pañuelo de crespón. Total, que el tranvía iba lleno de chulos. Por eso el tranvía era el más chulo. Si alguien lo superaba, “era más chulo que un ocho”.

El recorrido total del 8 fue desde el Hipódromo (actualmente Nuevos Ministerios) hasta el Parque de la Bombilla, donde cada año se celebraba la verbena de San Antonio de la Florida.  El tranvía salía de Sol por Preciados, seguía por la plaza de Santo Domingo, bajando por Leganitos, plaza de España, y seguía por la cuesta de San Vicente hasta el Paseo de la Florida.  Horchata, agua de cebada, churros y mucho chotis y casticismo.

Calle de los Donados – Texto de Basilides Manso

Calle de los Donados – Texto de Basilides Manso

Esta calle va desde la calle Arenal a la Plaza de Santa Catalina de los Donados, que debe su nombre al asilo de ancianos que aquí fundó don Pedro Fernández de Lorca, el Hospital de Santa Catalina de los Donados. El fundador era persona muy importante en la corte de Castilla en aquellos años (siglo XV). Fue tesorero del rey Juan II y luego secretario de su hijo Enrique IV.

Como tesorero estaba harto de las demandas de dinero de don Beltrán de la Cueva (mano derecha del rey Enrique IV), apoyadas por la reina, Juana de Portugal. Un día se presentaron en su casa la reina y don Beltrán de la Cueva pidiéndole una gran cantidad de dinero. A pesar de las razones de don Pedro sobre la escasez monetaria, la reina doña Juana hizo valer su condición y la suma fue entregada. Al día siguiente don Pedro presentó su dimisión al rey, que le fue aceptada, pero nombrándole su secretario personal.

En 1460 fue cuando don Pedro destina su casa y viña del Arenal a la obra pía, bajo la protección de Santa Catalina, a la que tenía gran devoción. Tras la apertura se acogieron doce menestrales ancianos que ya no podían ganarse la vida trabajando, para los que estaba destinada la fundación.

Además de ir a la iglesia ciertos días para pedir por el alma del fundador, los donados tenían que vestir sayón pardo, becas azules, sombreros de ala ancha y bastones, también tenían que lucir bucles empolvados; esto era difícil de cumplir, pues estarían todos con muy poco pelo y normalmente blanco.

La viña fue enajenada para construir casas, con gran pena de los donados, pues no podían tener vino en las comidas, a pesar de sus quejas. Uno de ellos se quejaba alegando que el vino para los viejos es como la leche para los niños. Oída esta queja por fray José de Sigüenza, le dijo que no se preocupara, que tendrían el mejor vino de las bodegas de los conventos de la orden. Este donado recibió en vida doble ración, con lo que prolongó algunos años su vida.

En 1856 fue transformado en un hospital de ciegos y en 1893 fue finalmente derribado.  Es su solar (Calle de los Donados, 6) se construyó en 1917 la Capilla del Santo Niño del Remedio.

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El barrio de Pozas. Texto de Basilides Manso

El barrio de Pozas. Texto de Basilides Manso

Situado entre las calles de Princesa, Alberto Aguilera y Serrano Jover, este barrio fue construido en 1863 por don Ángel Pozas. Estaba formado por 21 casas; las que constituían el perímetro tenían cuatro pisos y las del interior tenían tres.  Había dos calles, Hermosa y Solares, y el pasaje Valdecillas (en honor al pueblo cántabro donde nació el constructor).  También tenía una plazuela llamada Trasmiera.

Este triángulo era como un pequeño pueblo, con su mercado, su escuela, su cuartel de la Guardia Civil, pero lo más importante era la convivencia que tenían los vecinos, que eran como una familia en lo moral y lo económico. Las calles estaban empedradas con cantos de río (encodonados) y entre las juntas crecía hierba y florecillas; en las puertas había macetas o parras de ricos racimos, como un paraíso pintado.

En el año 1868 se inauguró la iglesia del Buen Suceso, enfrente del barrio. Esta iglesia estuvo anteriormente en la Puerta del Sol, entre las calles de Alcalá y Carrera de San Jerónimo.

La popularidad del barrio a finales del XIX fue tan grande que influyó para que la primera línea de tranvías se llegara hasta allí en 1871.

El barrio, en contra del dictamen del Colegio de Arquitectos, fue derribado en 1972 por decisión del ayuntamiento, con Arias Navarro al frente. En su lugar se construyeron unos grandes almacenes de El Corte Inglés y un hotel de lujo.  Casi una década más tarde, el Tribunal Supremo declaró ilegal la construcción del centro comercial, pero la sentencia no pudo resarcir a los vecinos denunciantes perjudicados.

Historia del tranvía de Leganés. Texto de Soledad del Yerro

Historia del tranvía de Leganés. Texto de Soledad del Yerro

Cuando era adolescente, montada en mi bicicleta más de una vez se metieron sus ruedas por las vías antiguas y abandonadas y me dieron más de una caída si no era capaz de salir haciendo un zigzagueo impresionante. Eran la única muestra que quedaba en Leganés de que hasta allí hubiera llegado el tranvía.

Le pregunté a mi padre que cómo lograron que Leganés tuviera la suficiente importancia para unirse a Madrid a través del tranvía. Él me explicó que el Hospital Psiquiátrico de Santa Isabel, el cuartel de Las Reales Guardias Valonas —después Regimiento de Infantería Saboya nº 6—, y por último los pepinos y hortalizas que abastecían a la capital, teniendo fama de ser las mejores de toda la comarca, hicieron que nuestro pueblo tuviera la suficiente importancia para conectarse con Madrid a través del tranvía.

Mi curiosidad e interés me han hecho seguir averiguando más sobre esta historia y he logrado enterarme de lo que a continuación pongo en vuestro conocimiento.

También se contaba que el Rey Alfonso XIII hacía muchas visitas al pueblo para encontrarse con una íntima amiga; además de otros placeres, probó los pepinos que allí se criaban, y frecuentemente había que servirlos a la Casa Real, motivo suficiente para ser tan famosos.

La línea arrancaba en la Plaza Mayor de Madrid, por ser esta plaza de mayor espacio que la puerta del Sol, que ya estaba saturada de medios de transporte. Los tranvías podían realizar las maniobras y el estacionamiento con facilidad y los centros de comercio estaban ubicados en los aledaños de esa plaza.

Los convoyes salían de la plaza por el arco de la calle Toledo, seguían hasta Puerta de Toledo, cruzaban el Manzanares y enlazaban con la carretera de Carabanchel, que hoy es la calle General Ricardos. Después de atravesar Carabanchel bajo por Eugenia de Montijo, salían hacia Leganés pasando el puente de Butarque y entrando por la Avda. de Fuenlabrada, la estación final estaría en el cruce del camino que iba al cuartel de Saboya, es decir, en la Avda. de la Universidad

El tranvía tirado por mulas que aparece en la imagen fue el primer tranvía que nos unía a Madrid. Como curiosidad podemos destacar, por ejemplo:

En 1871 empezó a caminar el primer tranvía de España, en Madrid. En 1879 en la línea de tranvía Madrid-Leganés, llega el transporte con tracción de vapor, y en 1899 funciona la primera línea electrificada. Su funcionamiento se mantiene hasta que, el 1 de junio de 1972, desaparecen las últimas líneas.

En el final de nuestra línea de tranvía, la Guerra Civil entre julio y noviembre de 1936 fue determinante. El avance de las tropas del general Franco desde Andalucía y Extremadura era imparable y la primera resistencia de las tropas de la República con cierto éxito se produjo a las puertas de Madrid. Por este motivo, los daños que los enfrentamientos bélicos produjeron en las líneas de tranvías que se extendían por los ejes de la carretera de Extremadura y de Leganés fueron determinantes.

Muchos trabajadores de las empresas de tranvías fueron reclutados para luchar en el frente, y fueron las mujeres las que asumieron las funciones de conductoras o cobradoras. Las pérdidas durante la guerra civil fueron muy importantes: de los 556 coches que circulaban en 1936 quedaban en 1939 en condiciones de poder rodar tan solo 156, aunque luego se ampliase levemente su número. Una gran parte de las líneas, cuya extensión en 1934 era de 141,729 km, quedaron en zona de guerra, resultando muy dañadas, así como las cocheras de Bombilla, Cuatro Caminos y Carabanchel.

A partir de 1937 ningún tranvía era operativo en la margen derecha del río Manzanares. Otra de las cosas con las que acabó nuestra guerra civil.

Hasta aquí esta pequeña historia de nuestra ciudad, un capítulo de su vida.

En 1919, Ramón Gómez de la Serna escribió en el semanario ESPAÑA un relato de su viaje a Leganés en el tranvía “Los Carabancheles y Leganés”, que comenzaba así:

«En invierno y en verano tomo muchas veces el tranvía de Leganés no solo para ir a Leganés… sino para pasar por los Carabancheles. Es el más largo viaje de tranvía. Si la Compañía quisiera podría inventar unos kilométricos. El cartelón en que va impresa, en lo alto, la dirección de este tranvía, es de color amarillo, como la locura, «amarillo locura…».

Algunos de los nacidos allí a veces pensamos que los aires de nuestro pueblo nos han contagiado una vena de alegría y locura que, aunque nos inunde la tristeza, nuestra sonrisa se marca dando paz a nuestro rostro.

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