Los Mayores Cuentan

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Calle de la Escalerilla de Piedra. Texto de Balsilides Manso

Calle de la Escalerilla de Piedra. Texto de Balsilides Manso

Lugar poco conocido por su nombre oficial, es la calle del Arco de Cuchilleros, que une la Plaza Mayor con la Cava de San Miguel. Fue construido en 1790 por Juan de Villanueva.

 

Antes de bajar las escaleras, en la parte derecha hay una plataforma, con una barandilla metálica que nos recuerda un púlpito (barandilla robada por lo menos dos veces y repuesta por el Ayuntamiento). Desde aquí el fraile Antonio, del convento de san Gil, en el mes de mayo de 1808 arengó a la multitud allí reunida a levantarse contra las tropas francesas, dando comienzo a la Guerra de la Independencia.

 

Al principio de la escalera, en las dos esquinas, hubo dos cafés: el café del Gallo, que daba la típica leche helada propia de las verbenas, y el café de la Plaza, que tenía la leche de almendras típica de Nochebuena.

 

Al lado del púlpito se encuentra la entrada a la casa de Fortunata, protagonista de Fortunata y Jacinta, la célebre novela de Benito Pérez Galdós.

 

El 16 de agosto de 1790, a las once de la noche, se originó un incendio entre el Arco de Cuchilleros y el de Toledo, que permaneció activo nueve días, aunque intentaron apagarlo mil hombres, 750 cubos y otros recursos, el incendio se cobró un tercio de la plaza. Se repartieron 45.000 raciones de pan y queso para los improvisados bomberos. El incendio costó más de medio millón de reales. El rey Carlos IV puso a disposición de los 1.302 afectados por el incendio un millón de reales de su erario.

Jardín Educativo del Bosque Mediterráneo. Texto de Basilides Manso

Jardín Educativo del Bosque Mediterráneo. Texto de Basilides Manso

Situado entre la calle Vitruvio y el Museo de Ciencias Naturales, está dividido en tres zonas principales: la montaña, situada en lo más alto del jardín, el monte, donde se representan las especies de los yesos de Madrid y la zona de transición situada entre los dos ecosistemas.

Cinco módulos recrean los ecosistemas que integran el Bosque Mediterráneo: el Jardín de las Rocas, con rocas representativas de cada región; los Yesos con plantas del sureste; las Calizas en representación de la zona este de la provincia; la Zona de Transición con encinares y fresnedas; y la Montaña con pinos albares.

En el jardín conviven también árboles exóticos, plantados antes de la formación del jardín, como el cedro del Atlas y la acacia de Japón (Sophora Japonica), en el Jardin y en toda la ciudad. De Australia proceden los eucaliptos, de Norteamérica el Arce Negundo y de otras zonas mediterráneas el Cercis Siliquastrum (árbol del amor).

La creación de este Jardín Educativo, inaugurado en 2008, se debe al mecenazgo de la familia Díaz-Bastien y Sánchez-Amellategui y la Fundación Solventia.

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El Puente de la Culebra. Texto de Basilides Manso

El Puente de la Culebra. Texto de Basilides Manso

Es un puente emplazado en la Casa de Campo, en la zona conocida como El Zarzón, situada en un extremo, y regada por el arroyo de Meaques (afluente del Manzanares).  En 1782 Carlos III ordenó al arquitecto Francisco Sabatini, que había terminado la Puerta de Alcalá, la construcción de cinco puentes sobre el citado arroyo: Puente de la Culebra, Álamo Negro (antes conocido como puente del Batán), la Agachadiza, Siete Hermanas, y Neveros, los dos últimos desaparecidos.

Fue construido con piedra y ladrillo, pero tenía un encargo muy especial: no podían pasar por él ningún carruaje; por consiguiente, el puente tiene 1,80 metros de ancho y es su forma ondulada de donde le viene el nombre.  Se utilizaba como un “puente de conteo”, para contar los animales que pasaban a los prados protegidos, por lo que se pagaba un canon por cada res.

En la restauración de 1980 se le repusieron los pináculos que tenía en su inauguración, porque de los diez originales ya solo quedaban tres.

La Puerta de Hierro. Texto de Basilides Manso

La Puerta de Hierro. Texto de Basilides Manso

Se construyó en 1753, lo que la convierte en la más antigua de las puertas ornamentales que quedan en Madrid (Alcalá, Toledo y San Vicente). Debe su nombre a las rejas de hierro que unen sus distintos elementos que figuran en la puerta. La mandó construir Fernando VI como cierre de los 52 km que tiene de perímetro el Monte del Pardo, para que no entraran los cazadores furtivos, ni se saliera la caza.

 

A diferencia de las otras puertas ornamentales, está situada fuera del casco urbano. En 1991, con motivo de la ampliación de la red viaria, se la trasladó unos metros a una isleta en el cruce de la carretera de La Coruña y la M-30.

 

El espacio natural para cuyo cierre se creó, el Monte del Pardo, tiene una extensión de 15.000 hectáreas, constituyendo uno de los espacios naturales más grandes de Europa, sobre todo el encinar.

 

Al mismo tiempo que la puerta, se construyó el puente de San Fernando sobre el Manzanares para facilitar el tráfico de la capital con el norte de España. Tiene en sus barandillas dos esculturas, una de San Fernando y otra de Santa Bárbara, patrones respectivos del matrimonio real Fernando VI y Bárbara de Braganza. Hoy, liberado del enorme tráfico de la zona, forma parte del Anillo Verde Ciclista que rodea a la capital.

La bola encarcelada. Texto de Basilides Manso

La bola encarcelada. Texto de Basilides Manso

Os parecerá rara la noticia, pero es verdad, una bola de las que adornan el puente de Segovia sobre el Manzanares, el que sirvió de burla y chanza en su inauguración. Cosa que no tenía que haber pasado, como Lope de Vega le dijo al Corregidor: “Cómprese un río o venda el puente”, eso después de más de 200.000 ducados que costaron las obras.

La historia como pintoresca no tiene fecha, pero Pedro de Répide la cuenta en su libro Las Calles de Madrid, editado 50 años después de su muerte (1948). Estaban unos niños jugando al borde del río cuando, sin saber las causas, se desprendió una bola de la barandilla y con tan mala suerte que mató a uno de los niños.

Personada la Justicia en el lugar y examinados los hechos, la bola fue apresada y encarcelada, y pasó muchos años en el patio de la casa del verdugo de la cárcel, junto a la misma.

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