
Estos establecimientos han sido y siguen siendo centros de la vida social madrileña, aunque ya están en decadencia debido a la competencia de bares y cafeterías. Son lugares para el ocio y la tertulia amigable, no se entra porque se tenga sed, se entra para “tomar un trago” apoyándose en la barra.
Las tabernas están repartidas por el Madrid antiguo, siempre pintadas de vivos colores, sobre todo el rojo, con puertas de madera y los mostradores paralelos y recubiertos en el frontal de azulejos con filigranas, la tapa de madera una parte recubierta de estaño con su librillo donde se refrescaban las frascas de vino.
En el extremo menos usado del mostrador había unos recipientes con aceitunas, bacalao rebozado y otras tapas sin fecha de caducidad. Las paredes interiores estaban decoradas normalmente con motivos taurinos, cabezas de toro disecadas, en las menos, carteles, fotos taurinas o fotos de ciclismo o boxeo, dependiendo de los gustos del propietario.
En las estanterías de detrás del mostrador estaban las botellas de los licores, el cajetín con las barajas y las cajas de dominó. Las mesas —pocas, con bancos o taburetes— con tapa de madera o mármol, estas preferidas por los jugadores de dominó.
Quedan algunas famosas: la de Antonio Sánchez (la más antigua de Madrid con más de 200 años) en la calle Mesón de Paredes, 13; Casa Paco en Puerta Cerrada, 11; Casa Labra en Tetuán, 12; y algunas más.
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