Centro de Mayores «Tetuán» – Programa de noviembre 2026

Le damos las gracias a nuestra compañera Inés Valerio por compartir el programa de noviembre del Centro de Mayores «Tetuán» (calle Las Carolinas, 33).
Folleto informativo del centro:


Le damos las gracias a nuestra compañera Inés Valerio por compartir el programa de noviembre del Centro de Mayores «Tetuán» (calle Las Carolinas, 33).
Folleto informativo del centro:


Nos ha gustado mucho la nueva exposición temporal que acaba de abrir sus puertas en la Fundación MAPFRE y puede visitarse hasta el 10 de enero de 2027.
La muestra Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos (1850-1914) propone una nueva mirada sobre la corriente artística que, en la segunda mitad del siglo XIX, desafió los cánones artísticos de la Inglaterra victoriana al buscar inspiración en el arte anterior a Rafael (1483-1520).
Aunque son sobradamente conocidos artistas como Dante Gabriel Rossetti, William Morris o Edward Burne-Jones, solo en las últimas décadas se ha comenzado a reconocer en toda su dimensión la contribución de las numerosas mujeres que participaron activamente en este movimiento
La exposición organizada por la Fundación MAPFRE constituye una magnífica muestra de esta reivindicación, reuniendo una cuidada selección de obras de más de cuarenta creadoras vinculadas al prerrafaelismo, entre ellas May Morris, Evelyn De Morgan y Eleanor Fortescue-Brickdale.
Nos ha sorprendido gratamente la riqueza temática de la muestra, la importancia concedida a la figura humana, la diversidad y el virtuosismo de las técnicas empleadas, así como el extraordinario talento creativo que reflejan muchas de las obras expuestas.
Los amantes de la pintura, mujeres y hombres por igual, disfrutarán sin duda de esta excelente exposición, que permite descubrir una faceta menos conocida pero fundamental de uno de los movimientos artísticos más influyentes de su tiempo.
Ubicación: Paseo de Recoletos, 23
Horario:
Lunes (excepto festivos) de 14:00 a 20:00 h.
Martes a sábados de 11:00 a 20:00 h.
Domingos y festivos de 11:00 a 19:00 h.
Horario gratuito: Lunes, 14-20 h (excepto festivos)
Entrada para mayores de 65 años: 3 €
Aquí tienes toda la información:

Acordamos reconducir nuestra pareja en los Dolomitas. Encontrarnos en tierra de nadie. Ella vino en un coche alquilado desde Padua. Yo, viajé en autobús desde Bovec (Eslovenia) donde vivía desde nuestra separación.
Pensé que finales de octubre sería una buena época para evitar las hordas de veraneantes, contemplar bosques dorados y rojizos, disfrutar del crujido de pisar la hojarasca y gozar de una temperatura todavía soportable. Tampoco ignoraba que, debido al riesgo de nevadas tempranas, el alojamiento turístico bajaba considerablemente. Aún quedaban en las zonas bajas de algunos valles refugios aislados —tipo cabaña básica para emergencias— y alquilé uno a mi nombre durante dos semanas. Supuse que nos vendría bien si había propósito de entendimiento. Nadie alrededor. Sólo nosotros en aquella inmensidad.
No fue buena idea. Volví a ceder, siempre terminaba cediendo. Acatar su voluntad por no discutir, significaba admitir que cuando uno arroja las armas al suelo, el otro avanza sobrepasando un límite sin retroceso. Discusiones y reproches volvieron hasta un punto de no retorno. Una noche salió a la desesperada del refugio y yo intenté retenerla. Con la humedad del suelo se escurrió, golpeándose la cabeza contra una piedra. Murió en el acto.
Debía reaccionar rápido. Subí ladera arriba su cuerpo desnudo en una carretilla para leña. Cavé una fosa pequeña, pero profunda, donde la enterré camuflándola con piedras y hojarasca sabiendo que en breve llegaría la nieve. Quemé su ropa y documentación. Limpié la cabaña y devolví el coche en el aeropuerto de Venecia de madrugada metiendo las llaves en un buzón. Volví a Bovec lamentando profundamente el accidente, pero seguí mi vida. De haber quedado algún indicio, la lluvia y la nieve los borrarían durante el invierno. Y si alguien me preguntara sobre el reencuentro, mi contestación sería: «Lo intenté, pero nunca se presentó».

Cada 3 de febrero, festividad de San Blas, los madrileños acudían en romería al cerrillo de San Blas, donde se alzaba la ermita dedicada al santo protector de las dolencias de garganta, nariz y oído. Aquel lugar ocupaba el espacio donde hoy se encuentra el Observatorio Astronómico. En la misma ermita recibían culto también el Santo Ángel y el Cristo de la Oliva.
Tras asistir a misa, los romeros se congregaban en los alrededores de la ermita, entre la tapia de Atocha y el antiguo cementerio de los Jerónimos. Era tradición beber agua de la cercana fuente de Santa Apolonia, pues se creía que protegía de las afecciones de garganta, nariz y oído durante todo el año.
A la ermita de San Blas,
si vas a coger verbena,
pedirás que la garganta
el santo te ponga buena.
La verbena dejó de celebrarse y la ermita fue derribada, dejando el recuerdo de una celebración que formó parte de la vida popular madrileña durante siglos. A partir de 1600, la imagen del Santo Ángel pasó a contar con ermita propia, de mayores dimensiones, situada en la Casa de Campo, origen de la actual Plaza del Ángel. Considerado patrón de los vigilantes de Orden Público, la tradición popular decía que en sus fiestas no había lugar para riñas ni altercados.
En los últimos años, el Ayuntamiento de Madrid ha recuperado la Romería de San Blas. La celebración comienza en torno a la iglesia de El Salvador y San Nicolás, en la calle de Atocha, y continúa con una procesión que va por la Cuesta de Moyano hasta el Parque de El Retiro, acompañada por música de dulzainas y gaitas castellanas. Tras una misa de campaña, se reparten panecillos y las tradicionales cintas de San Blas para la garganta, junto con la bendición del santo, recuperando así una costumbre profundamente arraigada en la historia de Madrid.


Lo más relevante de la historia de Madrid en el siglo XIII fue la aparición del Fuero Madrid, que recoge las primeras normas escritas para regular la vida cotidiana entre los madrileños.
Hasta su concesión en 1202 por el rey Alfonso VIII de Castilla, la villa de Madrid era un concejo de realengo bajo la autoridad directa del rey y se regía principalmente por el derecho consuetudinario, influido por tradiciones jurídicas de origen toledano. Extramuros de la villa, el arrabal del Burgo de San Martín dependía administrativamente del abad de Santo Domingo de Silos y se regía por la carta de población otorgada por Alfonso VII en 1126.
Los fueros, muy extendidos durante la Edad Media, eran el conjunto de normas y privilegios que los reyes concedían a una villa o comarca. En los reinos de Castilla y León algunas localidades llegaron a acumular amplias libertades forales, como ocurre con el Fuero de Plasencia —uno de los más extensos del ámbito castellano—, aunque las poblaciones navarras, como Estella, contaban con autonomías aún mayores, restringiendo el servicio militar de los vecinos casi exclusivamente a la defensa de su propia tierra.
El término de Madrid llegó a contar con tres sexmos rurales: Aravaca, Vallecas y Villaverde. Cada uno agrupaba a diversos pueblos y aldeas y tenía representación en el Concejo de la villa. El Fuero de Madrid fue progresivamente sustituido por el Fuero Real, concedido por Alfonso X el Sabio en 1262. Décadas más tarde, el 6 de enero de 1346, Alfonso XI concedió a Madrid el privilegio de constituir un Regimiento estructurado, dando origen a una nueva forma de organización del gobierno municipal.
Resulta llamativa la diferencia de trato que establecía la legislación penal medieval. Mientras que el Fuero de Madrid de 1202 castigaba con la «muerte civil» e inhabilitación jurídica a quienes juraban en falso, el derecho posterior estableció diferencias de pena según el sexo del infractor. Mientras que a los hombres se les aplicaban con frecuencia sanciones económicas o penas de reclusión, para las mujeres fueron habituales castigos públicos como la vergüenza pública, el azote o el encierro eclesiástico.
Afortunadamente, hoy estas diferencias legales nos parecen injustificables. Conocerlas nos ayuda a valorar mejor el largo camino recorrido hacia la igualdad ante la ley entre hombres y mujeres.
El Fuero de Madrid puede leerse en formato digital en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. El códice original en pergamino se conserva físicamente en el Archivo de la Villa de Madrid.
