
Cada 3 de febrero, festividad de San Blas, los madrileños acudían en romería al cerrillo de San Blas, donde se alzaba la ermita dedicada al santo protector de las dolencias de garganta, nariz y oído. Aquel lugar ocupaba el espacio donde hoy se encuentra el Observatorio Astronómico. En la misma ermita recibían culto también el Santo Ángel y el Cristo de la Oliva.
Tras asistir a misa, los romeros se congregaban en los alrededores de la ermita, entre la tapia de Atocha y el antiguo cementerio de los Jerónimos. Era tradición beber agua de la cercana fuente de Santa Apolonia, pues se creía que protegía de las afecciones de garganta, nariz y oído durante todo el año.
A la ermita de San Blas,
si vas a coger verbena,
pedirás que la garganta
el santo te ponga buena.
La verbena dejó de celebrarse y la ermita fue derribada, dejando el recuerdo de una celebración que formó parte de la vida popular madrileña durante siglos. A partir de 1600, la imagen del Santo Ángel pasó a contar con ermita propia, de mayores dimensiones, situada en la Casa de Campo, origen de la actual Plaza del Ángel. Considerado patrón de los vigilantes de Orden Público, la tradición popular decía que en sus fiestas no había lugar para riñas ni altercados.
En los últimos años, el Ayuntamiento de Madrid ha recuperado la Romería de San Blas. La celebración comienza en torno a la iglesia de El Salvador y San Nicolás, en la calle de Atocha, y continúa con una procesión que va por la Cuesta de Moyano hasta el Parque de El Retiro, acompañada por música de dulzainas y gaitas castellanas. Tras una misa de campaña, se reparten panecillos y las tradicionales cintas de San Blas para la garganta, junto con la bendición del santo, recuperando así una costumbre profundamente arraigada en la historia de Madrid.

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