Corría el mes de mayo de 1550, cuando a la pequeña villa de Leganés llegó a vivir una familia formada por D. Francisco Massy, violinista de la corte, su esposa Doña Ana Medina y su hijo Jeromín.
El niño acudía al colegio donde el cura del pueblo era el maestro. Este observaba que tenía más afán por irse con los compañeros a jugar a las pedreas y las batallas que a instruirse, pues las faltas a clase eran continuas, y además arrastraba a sus compañeros en sus correrías.
Tendría siete años Jeromín, cuando al amanecer de una mañana de mayo, se paró delante de su casa un precioso coche tirado por seis hermosos caballos; de él se bajó D. Luis de Quijada, mayordomo del Rey Carlos I de España y V de Alemania, que era quien en aquella época gobernaba en ambos países.
Traía la orden de llevarse a Jeromín a su castillo de Villagarcía de Campos (Valladolid). Una vez llegados a este lugar, le recomendó a su esposa Doña Magdalena de Ulloa que lo educase como un hijo, sin indicarle la procedencia del niño.
La señora, ayudada por el maestro Guillén Prieto, el Capellán García de Morales y el escudero Juan Galorza, consiguió darle una adecuada educación al niño, que se encariñó con Doña Magdalena. Ella adoraba a aquel chiquillo guapo, avispado y cariñoso, aunque más de una vez le asaltó la duda de que pudiera ser hijo de su esposo, ya que este por el cargo que ostentaba pasaba largas temporadas alejado del castillo.
Carlos I sintiéndose enfermo abdicó en su hijo Felipe II, y se retiró al Monasterio de Yuste. Dio orden a su mayordomo, D. Alonso de Quijada, que con su esposa y Jeromín se trasladaran a vivir a la aldea Cuacos de Yuste, y es aquí donde el Emperador conoció a Jeromín, que lleno de entusiasmo no dejaba de contarle a todo su entorno lo que le había emocionado conocer a tan valiente e importante señor.
Poco antes de morir Carlos I redactó un codicilo en el que reconocía …»Por cuando estando yo en Alemania, tuve un hijo natural con una mujer soltera llamada Bárbara Blomberg, al que se le puso el nombre de Jerónimo”. La madre del niño casó, poco tiempo después del nacimiento de este, con Jerónimo Píramo Kellg, y esa es la causa del nombre del niño. “Yo ordeno que se llame Juan, como a mi madre le hubiera gustado que me llamase yo. También he cumplido mi deseo de que se criara y educara en España, cosa que a mí me fue negada. Y que como Juan de Austria sea miembro de la Casa Real Española”.
A la muerte de su padre, Felipe II con motivo de una cacería se hizo el encontradizo con el joven, al cual le preguntó su nombre, y este respondió que Jeromín. Y el rey le dijo entonces: “Pues de ahora en adelante te llamarás Juan de Austria, ya que eres mi hermano”.
Posteriormente le mandó a estudiar a Alcalá de Henares, junto con el Infante Carlos y Alejandro de Farnesio. En 1562 aparece la Casa de D. Juan de Austria en el presupuesto de la Casa Real, con una asignación de 15.000 ducados.
Para luchar contra los turcos que estaban atacando la Isla de Malta, D. Juan pidió permiso a su hermano para incorporarse a la Flota y ayudar a defenderla. El permiso le fue denegado, pero ello no impidió que D. Juan se escapara de la Corte dirigiéndose a Barcelona, aunque no logró alcanzar la flota.
Viendo su hermanos que no tenía inclinación por la carrera eclesiástica, como hubiera deseado su padre, este le nombró Capitán General de las Fuerzas Reales. Su primera misión la ejercitó en las Alpujarras, donde los moros que las habitaban se rebelaron contra la ley que les obligaba a abandonar sus vestiduras, lengua y prácticas religiosas. Salió de Granada al frente de un gran ejército, hicieron uso de la artillería y estratégicas minas, matando a casi todos sus habitantes. Después asoló el territorio sembrándolo de sal. En aquella batalla D. Juan recibió dos balas y tuvo que lamentar la pérdida de D. Alonso de Quijada que, por servirle de escudo a él, moría pocos días después.
La batalla de Lepanto, en la que se combatió contra los turcos, fue ganada por los españoles gracias a la decisión y valentía personal de D. Juan de Austria, lo que le convirtió en un héroe en el contexto europeo, al tiempo que le reforzó su ambición por tener un reino propio y el tratamiento de Alteza, que sistemáticamente le fueron negados.
Entre las muchas ciudades que conquistó se encontraba Túnez, y el papa Gregorio XI le pidió al rey Felipe que se invistiera a D. Juan con el título de rey de Túnez, propuesta que fue denegada.
En otra ocasión fue sondeado por un emisario de la reina, sobre la posibilidad de un matrimonio con Isabel de Inglaterra, a lo que D. Felipe también se negó.
Entre las ambiciones de D. Juan se encontraba la invasión católica de Inglaterra, a través de su matrimonio con María Estuardo, consiguiendo de esa manera un reino propio, este plan contaba con el apoyo del papa y los católicos ingleses, pero no salió adelante por las intrigas del traidor Antonio Pérez y sobre todo por su prematura muerte.
La princesa de Éboli decía de él que era un joven de físico y trato atractivo. Le presentó a María de Mendoza, con la que mantuvo una relación íntima que culminó con el nacimiento de una niña e 1567, de nombre Ana, la cual fue entregada por D. Juan para su crianza a Doña Magdalena de Ulloa, la que fue siempre para él como una madre.
En Nápoles tuvo otra hija con Diana de Falasio a la que bautizaron con el nombre de Juana.
Posteriores amoríos se le conocieron con Zenobia Saratoria y Ana de Toledo, esposa del alcalde napolitano.
De sus relaciones con su hermano Felipe se sabe que, aunque le trató como miembro de la Familia Real, situándole con esta y delante de los grandes de España en los actos públicos, no fue considerado Infante ni tratado como «Alteza”.
En el verano de 1578, contrajo unas fiebres tifoideas, que le sumieron en una gran depresión. Su estado se agravó en el mes de septiembre, y el día 28 nombró como sucesor suyo en los Países Bajos a su sobrino Alejandro Farnesio. Escribió a su hermano pidiéndole que respetase el nombramiento y que le permitiera ser enterrado junto a su padre.
Falleció el 1 de octubre de 1578, a los 31 años. Sus restos mortales reposan en San Lorenzo del Escorial; su tumba está cubierta por una estatua yacente de singular belleza, y por curiosidad hay que añadir que, por no morir en combate, está representado con los guantes quitados.
Como última anotación, y ahora volviendo a Jeromín, quiero contaros que en Leganés la calle donde vivió lleva su nombre y una preciosa placa indica el edificio donde estuvo situada la casa de tan insigne personaje.