La calle maldita. Artículo de Basilides Manso

Aunque en las grandes ciudades, con su gran cantidad de calles, puede haber algunas con mejor fama que otras, ya sea por los hechos acaecidos en ellas o por el barrio al que pertenecen, la calle de Antonio Grilo forma parte de la memoria negra de nuestra ciudad, impregnada en las paredes de las casas que fueron testigos de los tétricos sucesos allí ocurridos, sobre todo en la vivienda con el número 3.
La calle Antonio Grilo, en el corazón del barrio de Malasaña, se llamaba antiguamente calle de las Beatas y va desde San Bernardo hasta la plaza de los Mostenses. Allí se encontraba el beaterio de Santa Catalina de Siena, fundado en el siglo XVI y derribado en el XIX para construir la plaza de los Mostenses.
En 1776, un sacerdote de la parroquia de San Sebastián mató a un hortelano en la calle de las Beatas por haberle reprochado en público sus posibles amores con una mujer de la misma calle. Juzgado, fue condenado a muerte, pero Carlos III lo perdonó, pues no quería escándalos en su corte.
En 1909, un vecino se suicidó arrojándose desde su casa a la calle. Se habló de decepción amorosa, problemas con el alcohol, etc. Y otras desgracias ocurrieron también en esa calle: vecinos que caían por las escaleras, techos que se derrumbaban, un transeúnte muerto por la caída de una rama durante un temporal… La gente empezó a llamarla “la calle de la mala suerte”.
En 1915, en la esquina con San Bernardo, fue asesinado Ángel Castellano por el anterior novio de su novia. En 1932, dos cocineros de un restaurante cercano se pelearon y uno mató al otro, cayendo muerto en el mismo lugar donde cayó Ángel Castellano.
En 1933, doña Petra Pérez murió al ser golpeada por una estructura metálica arrancada por un fuerte viento. Esto ya justificaría el nombre de “calle de la mala suerte”.



