Los Mayores Cuentan

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Cafés en Madrid.  Texto de Basilides Manso

Cafés en Madrid. Texto de Basilides Manso

En Madrid, desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, triunfaron los cafés, y no había ninguno que no tuviera su tertulia, normalmente literaria, pero también los había de otros temas: filosóficos o taurinos, aunque no de fútbol, porque no había la afición de hoy.

La fama del café se medía por las figuras que iban a debatir a sus tertulias. La mayoría de estos cafés estaban situados en la Puerta del Sol y sus alrededores, como la Fontana de Oro, el Gato Negro o el Café de Fornos, entre otros, donde acudían los protagonistas de la vida literaria y la bohemia.

En uno de estos cafés, el Café Pombo, en la calle Carretas nº 4, acudía Ramón Gómez de la Serna como principal tertuliano los sábados por la noche, en la «Sagrada Cripta del Pombo». Este café, de aspecto poco elegante y destartalado, era conocido por muchos madrileños como el «café de los cagones». Una de las estrellas de este café era el sorbete de arroz. Unos acudían a tomar el famoso sorbete porque frenaba las diarreas (nada extraño debido a la mala conservación de los alimentos, sobre todo en verano). Pero había otros a los que, al tomarlo, se les aflojaba la tripa y tenían que acudir rápidamente al servicio. Como en Madrid siempre se nos ha dado bien poner sobrenombres o apodos, era más fácil y notorio conocerlo como el «café de los cagones» que por su nombre original. Con este apelativo, no es raro que cerrara en 1942.

Plaza de Santa Ana. Artículo de Basilides Manso

Plaza de Santa Ana. Artículo de Basilides Manso

Situada en la confluencia de las calles Príncipe, Prado, Núñez de Arce y la plaza del Ángel, la Plaza de Santa Ana ocupa el lugar de la manzana 215, que hasta 1810 (año de su demolición) albergaba la iglesia, el convento, el huerto y los jardines de las Carmelitas Descalzas de San José y Santa Ana, derribados por orden del rey José I.

Desde el siglo XVI se situaron en la zona algunos de los corrales de comedias más importantes: el de la Pacheca en 1568, el de la Cruz en 1579 y el del Príncipe en 1582 (convertido en teatro en 1745, que pasó a ser el Teatro Español en 1849).

Igualmente, se instalaron en la zona bares y locales de ocio. El cronista de Madrid Mesonero Romanos llamó a la zona «el cementerio de la gamba» por la gran cantidad de este crustáceo que se consumía. Allí está desde 1904 la Cervecería Alemana, la Cafetería La Suiza y el Colmado Villa Rosa, con su decoración de azulejos andaluces tanto en el exterior como en el interior.

En el siglo XX se edificó el hotel Reina Victoria, inaugurado en 1923; fue el lugar preferido por los toreros cuando venían a Madrid a torear en la plaza de Las Ventas, llegándose a conocer como el «hotel de los toreros». Manolete, por superstición, ocupaba siempre la habitación 220. También fue punto de encuentro de artistas y celebridades como Ernest Hemingway y Ava Gardner. Después de unos años gestionado por Meliá, fue adquirido por un fondo árabe que lo abrirá próximamente como un nuevo hotel tras una gran reforma.

¿La cabeza? Artículo de Basilides Manso

¿La cabeza? Artículo de Basilides Manso

En 1919 enterraron a un español ilustre bajo las pinturas que un día realizó en San Antonio de la Florida. El cuerpo allí enterrado era el de don Francisco de Goya y Lucientes. Vamos a analizar los hechos por los que se enterró un cuerpo sin cabeza.

En 1880, el cónsul español en Burdeos, Joaquín Pereyra, descubrió por casualidad la tumba de Goya, muerto en 1828 (siempre nos olvidamos de nuestros grandes personajes), y empezó el larguísimo trámite para la repatriación. Al exhumar el cadáver y encontrarlo sin cabeza, se amenazaba con ampliar aún más el ya larguísimo trámite; tanto que el gobierno de Madrid ordenó al cónsul que «con cabeza o sin cabeza» mandara el cuerpo.

El ilustre aragonés de Fuendetodos abandonó Francia en 1899. Aquí empieza otro pequeño peregrinaje: primero lo enterraron en la Sacramental de San Isidro, hasta 1919, cuando lo llevaron a la ermita de San Antonio de la Florida, donde descansa en su tumba definitiva.

Sobre la cabeza hay montones de teorías, todas sin probar científicamente. Una cuenta que Goya había pedido a su médico y amigo que, después de muerto, le cortara la cabeza para estudiarla frenológicamente según una pseudociencia que estaba de moda; otros sostienen que se profanó el cuerpo con el mismo fin; otra, no menos disparatada, afirma que el artista había pedido que le cortaran la cabeza para que fuera enterrada en el mausoleo de la duquesa de Alba. Estas y otras teorías surgieron y seguirán surgiendo hasta que no haya una probada científicamente.

Por mi parte, no nos hace falta su cabeza, pero sí su ingenio de gran pintor mundial.

Ateneo de Madrid. Artículo de Basilides Manso

Ateneo de Madrid. Artículo de Basilides Manso

El Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, con domicilio actual en la calle del Prado 21, fue creado en 1835 por un grupo de políticos e intelectuales que se pusieron de acuerdo (¡dichosos tiempos!) para fundar una institución de aires liberales que luchara por la libertad de pensamiento y se diese a conocer a través de la libre discusión y el razonamiento.

Algunos de los fundadores fueron Ángel de Saavedra (duque de Rivas), Salustiano Olózaga y Mesoneros Romanos, entre otros. El primer socio fue Mariano José de Larra, que se inscribió el 4 de enero de 1836.

En los primeros tiempos ocupó varios emplazamientos (el palacio de Abrantes, la calle Mayor, la calle Montera y la plaza del Ángel). El edificio actual se construyó en 1884 y se inauguró con un discurso de Antonio Cánovas del Castillo ante el rey Alfonso XII.

A lo largo de sus 50.000 socios y casi 200 años de existencia destacan, entre otros, Ramón y Cajal, Gómez de la Serna, Unamuno, Pérez Galdós y Gregorio Marañón, así como Emilia Pardo Bazán, la primera mujer socia del Ateneo. También fueron socios del Ateneo seis presidentes del Consejo de Ministros.

Entre las salas más importantes destacan la Galería de Retratos, con 188 retratos de socios relevantes; la Cacharrería, llamada así por unos jarrones griegos que decoraban la estancia y que los socios empezaron a llamar “cacharros”; el despacho que utilizó Manuel Azaña, que conserva el mobiliario original; el salón de actos, con 350 butacas; y la Biblioteca, que con sus 350.000 volúmenes es, por su cantidad y calidad, una de las mejores de nuestro país.

Actualmente, el Ateneo de Madrid es una institución privada que sigue siendo centro de referencia cultural, con una amplia oferta de conferencias, exposiciones y conciertos.