Los Mayores Cuentan

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Catedral ortodoxa griega de San Andrés y San Demetrio.  Artículo de Basilides Manso

Catedral ortodoxa griega de San Andrés y San Demetrio. Artículo de Basilides Manso

La Catedral Griega de San Andrés y San Demetrio, abrió sus puertas en 1973 y fue reconocida como catedral en 2006. Situada en la calle Nicaragua, nº 12, es la única iglesia ortodoxa griega que tiene planta de cruz latina. Uno de los primeros preceptos de sus ritos es realizarlos —o procurar hacerlo— con luz natural; por eso, en su arquitectura es muy importante la disposición de las ventanas.

La catedral es muy pequeña; en España tenemos ermitas de mayor tamaño. Al abrir la puerta, frente a lo que para nosotros sería el altar mayor, se ilumina una parte de la nave central. Cuando termina ese espacio dominado por la luz frontal, comienza la zona iluminada por las ventanas laterales del brazo largo de la cruz. Cuando esta iluminación se atenúa, entra en juego la luz de la ventana situada sobre la puerta, que coincide con la que penetra por las ventanas de los frentes del crucero. Es precisamente en el crucero donde se encuentra el espacio con más luz y, por supuesto, donde se realizan todas las ceremonias.

Otro de los rasgos característicos de la ortodoxia es la decoración, uno de los motivos de separación de la Iglesia de Roma: no hay imágenes escultóricas; sin embargo, no existe un solo espacio que no esté cubierto por una pintura, en su mayor parte frescos creados por artistas griegos.

En la cúpula aparece un Pantocrátor rodeado de ángeles, arcángeles y querubines; más abajo, los Apóstoles; en las pechinas, los cuatro evangelistas, y después otros santos, a los que se da relevancia por sus méritos o por su relación con el lugar. Son santos comunes a los nuestros hasta la separación de las iglesias, en 1204, con la Cuarta Cruzada; después, cada tradición siguió su propio camino. Ellos consideran santos no solo según nuestro criterio: también lo son, por ejemplo, el emperador Constantino o Teodosio, por lo que significaron para el cristianismo.

Los jardines son propiedad del Patrimonio Nacional.

Campo del Moro.  Artículo de Basilides Manso

Campo del Moro. Artículo de Basilides Manso

Totalmente olvidados por su situación “detrás de” el Palacio Real, a pesar de sus 200.266 metros, estos jardines apenas recibían la atención de la realeza, que ya contaba con suficientes maravillas paisajísticas en su entorno. El terreno se utilizaba entonces para justas y simulacros militares.

En 1844, el arquitecto Narciso Pascual y Colomer, aprovechando los escombros procedentes de la remodelación de la Puerta del Sol, niveló y suavizó las pendientes del terreno, dando lugar a unos bellos jardines que, sin embargo, siguen siendo poco conocidos por su localización. El espacio se embelleció además con dos fuentes monumentales: la Fuente de los Tritones, trasladada desde Aranjuez, y otra procedente de los jardines del palacio del Infante don Luis, en Boadilla del Monte.

Repartidos por el recinto se encuentran el Chalet de Corcho, el Chalet de la Reina, la Casa del Jardinero y el Museo de Carruajes. El jardín alberga más de 70 especies distintas de árboles, algunos con más de 150 años de antigüedad, catalogados como Árboles Singulares por la Comunidad de Madrid.

Recibe el nombre de Campo del Moro porque allí acampó el ejército de Alí ben Yusuf en el año 1109, con la intención de reconquistar Madrid, objetivo que finalmente no consiguió.

Los jardines abrieron al público en 1978. Durante décadas, su único acceso fue la entrada del Paseo de la Virgen del Puerto, hasta que en 2023 se habilitaron dos nuevos accesos por la Cuesta de San Vicente y la Cuesta de la Vega.

En la entrada principal se encuentra el acceso al Túnel de Bonaparte. Esta estructura fue construida en 1811 por el arquitecto Juan de Villanueva, bajo el encargo de José Bonaparte, para conectar el recinto con la Casa de Campo. Tras años cerrado por rehabilitación, el túnel reabrió en enero de 2026 y actualmente se puede recorrer en el mismo horario que los jardines

A diferencia de otros parques y jardines de la ciudad, gestionados por el Ayuntamiento de Madrid, este espacio pertenece a Patrimonio Nacional.

La Cuesta de Moyano. Artículo de Carmen Cendón

La Cuesta de Moyano. Artículo de Carmen Cendón

La Cuesta de Moyano ha cumplido ya cien años como la feria permanente de libros más emblemática de Madrid. Su origen se remonta a la antigua Plaza de Atocha, donde los libreros compartían espacio con los puestos de fruta. En 1919, estos puestos se trasladaron junto a la verja del Jardín Botánico y, finalmente, en 1925, el Ayuntamiento los ubicó de forma definitiva en la calle de Claudio Moyano.

La calle rinde homenaje al político y ministro de Instrucción Pública, autor de la trascendental Ley de 1857. Esta normativa fue clave para combatir el analfabetismo en España al establecer las tres etapas educativas que conocemos: Primaria, Secundaria y Superior. Una estatua del ministro preside hoy la entrada de la feria, en lo que Francisco Umbral bautizó magistralmente como «la calle más leída de Madrid».

El Ayuntamiento encargó el diseño de unas casetas de madera específicas para la compraventa de libros, adjudicándose la primera el 11 de mayo de 1925. Desde entonces, nombres como los Hermanos Plaza o Amparo Comís Escolar han formado parte de sus 30 casetas.

La feria ha demostrado una gran resistencia a lo largo de la historia:

  • En la Guerra Civil solo cerró durante los días más cruentos de la contienda.
  • Durante el franquismo, algún librero se tuvo que ver con la censura, y la Cuesta se convirtió en un refugio de cultura clandestina donde se vendían «de tapadillo» obras de Orwell, Voltaire o Ramón J. Sender.
  • Ha recibido visitas asiduas de figuras como Dámaso Alonso, José María Pemán o Pío Baroja (quien cuenta con una estatua en la parte superior). En 1972, incluso un Max Aub recién retornado del exilio se convirtió en un asiduo de sus puestos.

El siglo XXI trajo desafíos importantes. La Cuesta tuvo que cerrar temporalmente debido a los atentados de Atocha en 2004 y, más tarde, por la pandemia de 2020. Un incendio en una estación eléctrica de la calle Almadén obligó a los libreros a regresar provisionalmente a la verja del Botánico, momento que se aprovechó para una remodelación profunda.

El 19 de abril de 2007, la Cuesta reabrió sus puertas transformada en un paseo totalmente peatonal, libre de humos y vehículos. Recientemente, en mayo de 2025, la Cuesta celebró su centenario por todo lo alto, reafirmándose con numerosas actividades culturales como el corazón bibliófilo de la capital.

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Iglesia de San Lorenzo. Texto de Basilides Manso

Iglesia de San Lorenzo. Texto de Basilides Manso

La iglesia, situada en pleno barrio de Lavapiés (Calle del Doctor Piga, 2), se consagró en 1670 y tuvo una vida azarosa: a mediados del siglo XIX tuvo un incendio desastroso pero los daños fueron reparados;  y en 1936 fue totalmente destruida, y más tarde reconstruida, inaugurándose en 1950.

Cuentan las habladurías que esa era la iglesia de las chinches, pero no creáis que era por la falta de higiene de épocas pasadas, no. En Lavapiés con alto grado de natalidad y la fama de la iglesia de castiza, todos los padres querían bautizar en ella a su Manuel o Manuela. Tal era el número de bautizos que la gente empezó a decir que había tantos niños como piojos. Y así con la costumbre madrileña de poner segundos nombres a todo se quedo como «la iglesia de las chinches».

Afortunadamente esto ya está olvidado y ahora luce espléndida su construcción neogótica, esperando las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma.

La Dehesa de la Villa II – Siglo XX. Artículo de Carmen Cendón

La Dehesa de la Villa II – Siglo XX. Artículo de Carmen Cendón

Entre 1918 y 1931, la Dehesa fue el escenario de la celebración popular del Día del Trabajador cada 1 de mayo, hasta que esta festividad se trasladó a la Casa de Campo.

Durante la Guerra Civil fue un enclave estratégico debido a su altura y su proximidad al frente noroeste de la Ciudad Universitaria. En la Dehesa, el Ejército Republicano instaló trincheras, nidos de ametralladoras, refugios y puestos de observación de los que, todavía hoy, se conservan algunas huellas.

Entre 1940 y 1960, era tradicional acudir a los merenderos allí instalados para cenar; los visitantes llevaban su propia comida y únicamente pedían la bebida.

Ambiente humano: Las personas que acuden a la Dehesa buscan un rato de ocio, deporte, conversación o, simplemente, estirar las piernas y entrar en contacto con la naturaleza. Allí encuentran el espacio ideal para pasear o realizar rutas de footing y bicicleta.

El Cerro de los Locos: Lugar emblemático donde han confluido colectivos diversos como gimnastas, boxeadores o pelotaris, al ser un espacio libre donde ejercitarse sin molestar a nadie. En 1959, se rodó aquí la película El Cerro de los Locos, dirigida por Agustín Navarro.

Destaca la labor de la Asociación de Vecinos San Nicolás – Dehesa de la Villa, cuya lucha culminó en 1995 con la constitución de la Coordinadora Salvemos la Dehesa de la Villa. Su objetivo fue frenar un proyecto de construcción de una autovía que atravesaba el parque; afortunadamente, el proyecto fue retirado en 1996.

Actualmente, en el Centro de Información y Educación Ambiental Dehesa de la Villa se realizan numerosas rutas, paseos guiados y exposiciones. Transporte:  Metro Francis Rodríguez (Línea 7); autobús 64 desde la Glorieta de Cuatro Caminos.