Los Mayores Cuentan

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Ateneo de Madrid. Artículo de Basilides Manso

Ateneo de Madrid. Artículo de Basilides Manso

El Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, con domicilio actual en la calle del Prado 21, fue creado en 1835 por un grupo de políticos e intelectuales que se pusieron de acuerdo (¡dichosos tiempos!) para fundar una institución de aires liberales que luchara por la libertad de pensamiento y se diese a conocer a través de la libre discusión y el razonamiento.

Algunos de los fundadores fueron Ángel de Saavedra (duque de Rivas), Salustiano Olózaga y Mesoneros Romanos, entre otros. El primer socio fue Mariano José de Larra, que se inscribió el 4 de enero de 1836.

En los primeros tiempos ocupó varios emplazamientos (el palacio de Abrantes, la calle Mayor, la calle Montera y la plaza del Ángel). El edificio actual se construyó en 1884 y se inauguró con un discurso de Antonio Cánovas del Castillo ante el rey Alfonso XII.

A lo largo de sus 50.000 socios y casi 200 años de existencia destacan, entre otros, Ramón y Cajal, Gómez de la Serna, Unamuno, Pérez Galdós y Gregorio Marañón, así como Emilia Pardo Bazán, la primera mujer socia del Ateneo. También fueron socios del Ateneo seis presidentes del Consejo de Ministros.

Entre las salas más importantes destacan la Galería de Retratos, con 188 retratos de socios relevantes; la Cacharrería, llamada así por unos jarrones griegos que decoraban la estancia y que los socios empezaron a llamar “cacharros”; el despacho que utilizó Manuel Azaña, que conserva el mobiliario original; el salón de actos, con 350 butacas; y la Biblioteca, que con sus 350.000 volúmenes es, por su cantidad y calidad, una de las mejores de nuestro país.

Actualmente, el Ateneo de Madrid es una institución privada que sigue siendo centro de referencia cultural, con una amplia oferta de conferencias, exposiciones y conciertos.

Calle del Sacramento. Artículo de Basilides Manso

Calle del Sacramento. Artículo de Basilides Manso

Según el cronista Mesonero Romanos, esta calle, que une plaza del Cordón con la calle Mayor, es una de las calles más antiguas de Madrid y, por eso, quizás tenga también una historia cargada de hechos truculentos

En la Casa de los Gatos, ellos fueron los protagonistas. Allí vivían dos ancianas en situación precaria, rodeadas de gatos, pues recogían todos los gatos abandonados del barrio. Pero un día los vecinos dejaron de verlas y, a los pocos días, llamaron al alguacil ante el olor que despedía la vivienda. La autoridad forzó la puerta y se encontraron a las dos ancianas muertas en el suelo, medio devoradas por los hambrientos gatos.

En la casa conocida por la Casa de la Cruz de Palo, antes de esta denominación vivía una joven musulmana casada con un hombre mayor. Ella tuvo amores con un joven cristiano que desapareció misteriosamente. Tras la muerte de su esposo, al arreglar una pared, se descubrió el cadáver de su amante, al que había matado su esposo al descubrir sus amoríos. La joven, como prueba de amor, se convirtió al cristianismo y colocó en lo más alto del tejado una cruz de palo.

Paseando por la calle camino del cambio de guardia, un joven un poco «don Juan» fue llamado por una joven mujer, que, haciéndole señas, le invitó a subir. El no se hizo de rogar. Subió a la casa, consumaron su amor y el joven salió corriendo hacia el relevo de la Guardia de Corps. En el camino se dio cuenta de que no llevaba la espada, volvió corriendo a la casa, y la encontró medio derruida. Preguntó a un vecino, que le dijo que hacia muchos años que allí no vivía nadie. Entro en la casa y, entre las ruinas, encontró su sable cubierto de telarañas. Por eso se llamó la Casa del Milagro, pues el mujeriego y vividor terminó entrando en un convento.

La mina de carbón. Artículo de Basilides Manso

La mina de carbón. Artículo de Basilides Manso

En los años sesenta del siglo pasado se excavó una mina en el centro de Madrid, en la calle de Ríos Rosas, 21. La mina se llama Marcelo Jorissen, en honor al profesor y posterior director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas, quien fue también su impulsor.

A medida que bajamos los setenta y cinco escalones, se nota el aumento de la temperatura al tiempo que disminuye la luz. Al final de la escalera, nos encontramos con una galería de 50 m de largo, equipada con vagonetas, raíles y la variedad de herramientas y útiles propios de una mina de carbón.

De esta mina no se extrae carbón ni ningún otro mineral; se construyó para que los alumnos de la escuela practicaran los distintos tipos de trabajos que se realizan en los yacimientos. Hoy día ya no cumple su función académica original, y se utiliza como museo.

Se abre al público los primeros domingos de cada mes. Las plazas son limitadas y se accede por orden de llegada, por lo que lo más fácil es consultar la página web de la Escuela.

La casa maldita. Artículo de Basilides Manso

La casa maldita. Artículo de Basilides Manso

El número 3 de la calle Antonio Grilo es considerada por muchos la casa maldita de Madrid.

En 1945, un camisero vecino del nº 3 fue hallado muerto en su casa, descubierto por el fuerte olor que desprendía el cadáver.

En 1962, un sastre, José María Ruiz Martínez, mató a sus cinco hijos y a su mujer, con el agravante de que salía al balcón para anunciarlo a una vecindad cada vez más numerosa: “He matado a uno…” y, al final: “He matado a todos”. Después intentó suicidarse y murió en el hospital a las pocas horas de su ingreso.

Por si fueran pocos estos episodios truculentos, en 1964 una madre soltera mató a su bebé recién nacido y, envuelto en toallas, lo metió en un cajón, siendo descubierto por una hermana de la parricida.

Llevamos 62 años sin noticias truculentas de la casa y de la calle, y solo pido que sigamos así muchos más años.