
En Madrid, desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, triunfaron los cafés, y no había ninguno que no tuviera su tertulia, normalmente literaria, pero también los había de otros temas: filosóficos o taurinos, aunque no de fútbol, porque no había la afición de hoy.
La fama del café se medía por las figuras que iban a debatir a sus tertulias. La mayoría de estos cafés estaban situados en la Puerta del Sol y sus alrededores, como la Fontana de Oro, el Gato Negro o el Café de Fornos, entre otros, donde acudían los protagonistas de la vida literaria y la bohemia.
En uno de estos cafés, el Café Pombo, en la calle Carretas nº 4, acudía Ramón Gómez de la Serna como principal tertuliano los sábados por la noche, en la «Sagrada Cripta del Pombo». Este café, de aspecto poco elegante y destartalado, era conocido por muchos madrileños como el «café de los cagones». Una de las estrellas de este café era el sorbete de arroz. Unos acudían a tomar el famoso sorbete porque frenaba las diarreas (nada extraño debido a la mala conservación de los alimentos, sobre todo en verano). Pero había otros a los que, al tomarlo, se les aflojaba la tripa y tenían que acudir rápidamente al servicio. Como en Madrid siempre se nos ha dado bien poner sobrenombres o apodos, era más fácil y notorio conocerlo como el «café de los cagones» que por su nombre original. Con este apelativo, no es raro que cerrara en 1942.
0 comentarios