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¿La cabeza? Artículo de Basilides Manso

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En 1919 enterraron a un español ilustre bajo las pinturas que un día realizó en San Antonio de la Florida. El cuerpo allí enterrado era el de don Francisco de Goya y Lucientes. Vamos a analizar los hechos por los que se enterró un cuerpo sin cabeza.

En 1880, el cónsul español en Burdeos, Joaquín Pereyra, descubrió por casualidad la tumba de Goya, muerto en 1828 (siempre nos olvidamos de nuestros grandes personajes), y empezó el larguísimo trámite para la repatriación. Al exhumar el cadáver y encontrarlo sin cabeza, se amenazaba con ampliar aún más el ya larguísimo trámite; tanto que el gobierno de Madrid ordenó al cónsul que «con cabeza o sin cabeza» mandara el cuerpo.

El ilustre aragonés de Fuendetodos abandonó Francia en 1899. Aquí empieza otro pequeño peregrinaje: primero lo enterraron en la Sacramental de San Isidro, hasta 1919, cuando lo llevaron a la ermita de San Antonio de la Florida, donde descansa en su tumba definitiva.

Sobre la cabeza hay montones de teorías, todas sin probar científicamente. Una cuenta que Goya había pedido a su médico y amigo que, después de muerto, le cortara la cabeza para estudiarla frenológicamente según una pseudociencia que estaba de moda; otros sostienen que se profanó el cuerpo con el mismo fin; otra, no menos disparatada, afirma que el artista había pedido que le cortaran la cabeza para que fuera enterrada en el mausoleo de la duquesa de Alba. Estas y otras teorías surgieron y seguirán surgiendo hasta que no haya una probada científicamente.

Por mi parte, no nos hace falta su cabeza, pero sí su ingenio de gran pintor mundial.

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