Adiós a la soledad. Relato de Rocío Urraca

Con este inspirador relato nuestra compañera Rocio Urraca ha participado en el Concurso de Relatos Breves convocado con motivo de Día del Libro para destacar la labor de la Cruz Cruz Roja en materia de Soledad no Deseada. Sin duda un relato ganador porque ¡nos ha llegado al corazón!
Isabel siempre quería ser el centro de atención en absolutamente todo. Necesitaba ser «el perejil de todas las salsas». Al principio, su trato inicial era sociable, pero enseguida asomaba una relación vampírica, así que se fue quedando sola. Lejos de hacer introspección, cayó en el victimismo echando la culpa a los demás con frases como: «Y cuando dejé de llamar, me di cuenta de que la verdadera amiga era yo». Seguía pensando que el mundo giraba en torno a ella. Hasta que un día ocurrió lo que no vio venir. Se fue quedando sola y la tristeza comenzó a hacer mella.
En una cuestación de Cruz Roja a pie de calle, Isa abrió su monedero para hacer un donativo y, mientras tanto, la voluntaria entabló conversación. Esta mujer supo ver lo mucho bueno que tenía dentro y le dijo una frase que nunca olvidaría: «Cuando das, recibes mucho más. Te invito a que vengas a conocernos. Vente, te será muy útil».
Volvió a casa sin dejar de pensar en ello. Reparó en lo importante que es socializar y compartir. Ahí estaba la clave. Fue a un centro a pedir información, y se dio cuenta tanto de la enorme cantidad de gente que ofrecía ayuda, como de la que la requería. La llamaron para una entrevista, y fue admitida.
Allí encontró a compañeros que también se sintieron solos alguna vez, pero que, ofreciendo desinteresada y humildemente alguno de sus talentos, conectaban con otras personas que tenían los mismos intereses.
De alguna forma, la necesidad de ser el centro de atención fue dejando paso a la necesidad de ofrecerse para diferentes actividades compatibles con ella y vio que el resultado era bueno para todos. Para ella, porque daba algo de lo que tenía en favor de otros, y, al mismo tiempo, porque recibía la estima y valoración por su trabajo. Dijo adiós a la soledad, dándole la vuelta a un comportamiento ególatra, sintiéndose viva, ganando respeto y paz interior.






