Los Mayores Cuentan

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El sobre. Relato de Soledad del Yerro

El sobre. Relato de Soledad del Yerro

El timbre del despertador hizo que diera un salto de la cama. Teníamos que coger un tren que nos llevaría a Sevilla, a pasar Navidad con familia y amigos.

Los niños y mi marido fueron despertando y todos con alegría nos preparamos para emprender el viaje.

Siempre pensé la suerte que teníamos Adolfo y yo, de ser profesores de educación pública y disfrutar de las vacaciones en las mismas fechas.

Cuando bajamos del AVE, había dos coches esperándonos, todos fueron abrazos sonrisas y muestras de cariño, que como eran tan sinceras a mi que soy una sentimental hicieron que el recibimiento me hiciera llorar.

Como Adolfo y yo nacimos y vivimos allí, nos conocíamos de toda la vida, fuimos compañeros de colegio desde niños, compartimos las mismas aficiones y terminamos teniendo la misma profesión eso sí, en distintos departamentos de la enseñanza.

Sevilla en Navidad parece encender un latido distinto: las luces se enredan en las calles estrechas, el azahar se enreda con el aroma de los dulces, y cada plaza se vuelve un pequeño escenario donde la ciudad recuerda que también puede ser cálida en invierno.

Más para nosotros que teníamos nuestra residencia en Burgos. Fueron unos días preciosos, estábamos en casa: recordando y viviendo sus costumbres, las luces de la Avenida, los villancicos que salen de los bares y el olor a castañas asadas acompañan a cada paseo como si uno caminara por un recuerdo.

Lo que yo no sabía era que esa iba a ser la última Navidad feliz de mi vida.

Llevábamos dos días de vuelta en casa, cuando recogí del buzón un sobre, pensé: esto seguro que es una multa de tráfico, pues me pareció algo oficial, pero no, aquello no era lo que parecía, la carta era de un abogado en la que me enviaba la demanda de divorcio que Adolfo me había puesto con rápida ejecución.

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El menú degustación. Relato de Lourdes

El menú degustación. Relato de Lourdes

Raquel, Blanca, Chelo y Luisa eran amigas inseparables. Compartían risas, secretos y una pasión por la buena comida.

Llevaban meses planeando una noche especial en un restaurante que se jactaba de servir exquisiteces. La reserva había sido difícil de conseguir, pero Raquel, con sus contactos, lo había logrado.

La velada comenzó con buen pie, el ambiente era íntimo y el sumiller les recomendó un buen vino tinto con el plato estrella «Estofado de Liebre».

—Es nuestra especialidad —les aseguró el camarero con acento francés—. La carne se deshace en la boca y está cocinada a fuego lento durante horas.

Las cuatro amigas pidieron el famoso estofado. La presentación era impecable. Chelo, la más sibarita comentó:

—!Guay, nunca he probado algo tan suave! ¡Es casi dulce!

La cena fue un éxito rotundo.

Una semana después, el destino les tenía reservada una sorpresa: Clausurado «El Canto del Bosque» por servir gato común como si fuera liebre.

La próxima vez las amigas optarían por un restaurante vegetariano.

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Oportunidad singular. Relato de Genoveva Esso

Oportunidad singular. Relato de Genoveva Esso

“Se busca ingeniero de la energía para proyecto especial”. Luca, recién licenciado dijo a su hermana:

—Martina, mira este anuncio, parece que ni pintado para mí.

—No sé, Luca, parece ambiguo, pide una entrevista.

—Eso haré.

Al poco rato:

—Buenos días, señorita, soy Luca y llamo por el anuncio.

—Muy bien, yo soy Ariel, la secretaria del Sr. Orduna. ¿Estaría disponible mañana a las diez para una entrevista?

—Si, allí estaré.

Luca llego puntual y de inmediato Ariel le pasó con su jefe.

—Buenos días, soy Luca y acabo de licenciarme en la ingeniería que usted solicita.

—Buenos días, ante todo, quiero saber si es usted arriesgado y tiene mucho valor.

—No entiendo para qué se necesita.

—Se lo explicaré. He reunido con usted a seis ingenieros de la energía, pero su profesión solo será necesaria si ustedes quieren.

—¡Qué extraño Sr. Orduna!

—Nada de eso, soy realizador de televisión y busco a seis ingenieros de la energía para un reality en una isla del Pacífico Sur. Allí viven cincuenta personas y ustedes tendrán que sobrevivir un mes en una zona aislada solo con sus propios medios.

—¿Está de broma, Sr. Orduna? Para eso no se precisan ingenieros de la energía.

—Se equivoca Luca, después del mes, en que pagaremos medio millón de euros a cada concursante, el gobierno de la isla, que es rica en recursos, ofrece trescientos mil euros más por cabeza si deciden quedarse e instalar las energías que sean factibles: solar, eólica, hidráulica, etc. para facilitar la vida de sus habitantes.

—¿Sabe lo que le digo, Sr. Orduna?: ¡Váyase usted a paseo!

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No era lo que parecía. Relato de Rocío Urraca

No era lo que parecía. Relato de Rocío Urraca

El local, a pie de calle, estaba abarrotado de gente. Familias enteras sentadas a la mesa y los niños gozando con algarabía lo que había en sus platos. Me sorprendió especialmente que algunos pasaran los dedos y se los chuparan dejando los platos impolutos. Fuera hacía calor, entré y conseguí y mesa. Pedí tomar un pastel de cabracho.

Cuando el camarero se acercó a mi mesa, presentó el plato servido en una bandeja con la porción rectangular del pastel anaranjado coronado con una guinda roja en su parte central sobre una cama verde de algún tipo de verdura, una servilleta y tan sólo una cucharilla.

Miré a mi alrededor y todos los demás servicios de las otras mesas tampoco tenían más elementos de cubertería que yo. Me pareció raro, pero no obstante, decidí cortar aquel pastel con el borde de la cuchara.

De pronto, al probarlo, una textura suave explotó en mi boca con un inesperado e intenso sabor a mandarina. Seguí probando la parte de la verdura y encontré un delicado sabor a hierbabuena. Inmediatamente, volví a reconocer los pequeños placeres de mi infancia y entendí el porqué del comportamiento de aquellos niños.

Sin saberlo, mi inconsciente me había llevado a una heladería.

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Gracias. Texto de Rosario Badillo

Gracias. Texto de Rosario Badillo

Es de bien nacidos ser agradecidos. El refrán lo dice todo, y solo se me ocurren tópicos. El haber nacido en un país en el cual pude estudiar, trabajar, tener lo suficiente para vivir dignamente, una familia que me quiere a pesar de mis defectos, la libertad para expresarme dentro de un orden y respetando a los demás, y recibir lo que quiero, ser respetada.

 

Doy gracias por todo lo que poseo, sobre todo la salud, la amistad. Haber visto el mar, que para mí es algo alucinante, saber apreciar las cosas insignificantes, las cuales muchas veces no se valoran, como los colores, los olores, los sabores. La soledad deseada y la compañía también deseada, las miradas de cariño que recibo y el poder darlas también. Los recuerdos buenos y menos buenos que te hacen ser humano en toda la extensión de la palabra.

 

En resumen, gracias.

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