Los Mayores Cuentan

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Fuente de los Caños del Peral. Texto de Basilides Manso

Fuente de los Caños del Peral. Texto de Basilides Manso

Durante varios siglos fue la fuente más importante de Madrid.  Hay noticia de ella desde 1263, y aún antes, pues muchos creen que empezó como baños árabes, con agua suministrada por el viaje de agua de Amaniel (la dehesa de Amaniel ocupaba desde el arroyo de Leganitos hasta cerca de la Plaza Castilla).

La importancia principal que tenía es que daba agua al Alcázar, y por eso tenía, como estaba extramuros, una puerta de la muralla (Valnadú); pero también abastecía a gran cantidad de vecinos y aguadores, y tenía pilones para lavar la ropa y dar de beber a los animales.

Se descubrió lo que quedaba de ella  al hacer las obras de la ampliación del metro en la estación de Ópera, a finales del siglo pasado, a ocho metros por debajo del nivel de la plaza.

Durante el reinado de Felipe II se llevaron a cabo importantes obras de construcción y mejora en las instalaciones. Tenía un muro, que servía de sujeción de tierra de 34 metros y muchos caños situados en hornacinas de los que brotaba el agua (sobrante del Alcázar), llegó a tener 37 pilas donde se almacenaba el agua sobrante.

En el año 1663 el Ayuntamiento vendió el lavadero, a causa de los conflictos que le causaba su arrendamiento. La fuente duró hasta mediados de XIX, y se soterró, para nivelar el terreno y construir el teatro de la Ópera y la plaza de Isabel II.

En la plaza hay un bloque de piedra, de 2,25 m de alto, 2,7 m de grosor y 1,5 m de ancho. En la parte posterior hay una inscripción con la historia y descubrimiento. También hay una reproducción de uno de los caños, y un plano grabado en el suelo de donde se encontraba la fuente.

La historia de esta fuente y sus restos arqueológicos se pueden conocer en el Museo de los Caños del Peral, situado a diez metros bajo tierra en la Plaza de Isabel II (metro Ópera).  La entrada es gratuita, tanto para la visita guiada como para la visita libre, aunque es necesario un título de transporte válido y reserva previa a través de www.giglon.com

En este enlace puedes encontrar toda la información:

https://museosmetromadrid.es/museos/los-canos-del-peral/

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Danzas del mundo en el Parque del Oeste con Raksedonia – Segundo domingo de mes

Danzas del mundo en el Parque del Oeste con Raksedonia – Segundo domingo de mes

Le damos las gracias a Gloria Rosa García por mantenernos al día la información de esta actividad tan atrayente.

¿Te gusta bailar? ¿Te apetecería bailar con música en vivo en un parque madrileño? Se trata de una actividad organizada por profesionales, gratuita y no requiere reserva previa.  Y no tienes que saber bailar, porque cada baile lo explican muy bien al inicio.

En Madrid hay diversos puntos de baile al aire libre, todos gratuitos y abiertos a cuantos se quieran unir a cada sesión.

Cada segundo domingo de mes se celebra una sesión de Danzas del Mundo dinamizada por Virginia Gago y con música en vivo a cargo del grupo folk Raksedonia. La próxima sesión será el domingo 12 de enero de 12:00 a 14:00.

El lugar de este encuentro es el Templete de música de Rosales, en el Parque del Oeste, debajo del Templo de Debod, junto al aparcamiento. Calle Profesor Martín Almagro Basch, 53.

La actividad es gratuita, con aportación voluntaria.

Belén del Museo de San Isidro.  Reportaje de Carmen Cendón – FINALIZADO

Belén del Museo de San Isidro. Reportaje de Carmen Cendón – FINALIZADO

Le damos las gracias a Carmen Cendón por su reportaje del magnífico belén de Museo de San Isidro.

Expuesto en el Patio Renacentista del Museo de San Isidro (Plaza de San Andrés, 1), puede visitarse hasta el 19 de enero.

Tiene dos partes, la primera se extiende a lo largo de un lado, con figuras tipo hebreo y varias escenas que representan el pueblo de Belén, el palacio de Herodes, la Anunciación a los pastores por el ángel, el portal con el Misterio y diversas figuras de lugareños con vestiduras de la época.

En otro lado se  muestran a los Reyes Magos acampando en una tienda antes de su llegada al pesebre.

El entorno de Belén se representa usando materiales típicos de los belenes (musgo, agua, corcho, verde…).

El patio donde está también es interesante. Tiene columnas y algunas estatuas de dioses antiguos.

Un belén muy especial que bien merece una visita.

Aquí puedes encontrar más información:

https://www.navidadmadrid.com/es/evento/belen-del-museo-de-san-isidro

Las gradas de San Felipe, el mentidero más célebre de Madrid. Texto de Basilides Manso

Las gradas de San Felipe, el mentidero más célebre de Madrid. Texto de Basilides Manso

En la calle Mayor esquina a Esparteros se situaba el convento de San Felipe el Real de los frailes agustinos descalzos. Tenía una plataforma que daba a las dos calles para igualar el terreno, protegida por una fuerte baranda. El convento fue mandado construir por Carlos I en 1547 y demolido en 1838, tras la desamortización de Mendizábal, para ensanchar la calle Mayor.

En la plataforma y las gradas quedaban acceso se reunía lo más pintoresco de la villa y corte: aldeanos con negra montera y traje de pana; rostros quemados por el sol, esperando como punto de encuentro a algún paisano que lo introdujera en la vida de la urbe; chulos barriobajeros con ojos cargados de mucho vino y poco sueño, con parpusas de medio lado, chaqueta ceñida y sedoso pañuelo al cuello a ver si caía alguna oportunidad; paseantes de corte; cocheros de punto; modistillas con la obra en una cesta apoyada en la cadera, siempre provocativas; vendedores de periódicos… También se juntaban allí hidalgos desocupados que antes o después de misa comentaban en corrillos las noticias del reino de aquí o de más allá de los mares.

Escritores como Lope de Vega —que en horas 24 pasó de las musas al teatro—, Tirso de Molina, Quevedo, Zorrilla y otros muchos acudían a ver si de los chascarrillos podían sacar algún tema importante para sus obras.

Los ciegos de Madrid que, agrupados en la Hermandad de Ciegos de la Corte, disfrutaban de algunos monopolios (venta de gacetas, almanaques, folletines, etc.) tenían en las gradas de San Felipe su punto de reunión y venta.

Tal era la importancia del convento que no había procesión civil o religiosa que no pasara por las gradas de San Felipe. Pero todo tiene su final. En el monasterio se instaló la caballería napoleónica y, muy deteriorado después de la ocupación, siguió siendo cuartel hasta su demolición.  En su solar se construyó el primer edificio de apartamentos de Madrid, las Casas de Cordero.



Matadero Madrid. Texto de Basilides Manso

Matadero Madrid. Texto de Basilides Manso

El primer matadero conocido que tuvo Madrid en el siglo XV estaba en lo que hoy es la zona de Puerta Cerrada. A medida que Madrid crecía había que llevarlo a las afueras para evitar posibles molestias a los vecinos, y el siguiente se sitúa en el Cerrillo del Rastro, nombre que tomó por el rastro de sangre que dejaban los animales sacrificados.

Como Madrid crecía y crecía se eligió la ribera del Manzanares por el abundante agua necesaria y al lado de la estación de Peñuelas para recibir los animales por tren. En la década de los años 1920 se construyeron 48 pabellones para las distintas necesidades de las diferentes especies, con sus corrales, mataderos y edificios para la administración, con un total 164.415 m², convirtiéndose en el matadero industrial y mercado de ganados de Madrid durante la mayor parte del siglo XX.  Con algunas ampliaciones y mejoras estuvo abierto hasta 1995, cuando por normativa europea hubo que cerrarlo, pero el Ayuntamiento fue convirtiendo las naves, construidas con clásicos muros de aparejo toledano, en un gran Centro Cultural de primer nivel.

Las Naves del Español permiten dotar al espacio de múltiples configuraciones escénicas. El pabellón de Servicios Generales (la llamada Casa del Reloj) se ha convertido en Junta Municipal del Distrito de Arganzuela; los establos de vacuno, en sede del Ballet Bacional de España; la nave de patatas, en invernadero al estilo decimonónico, conocido como Palacio de Cristal de la Arganzuela. Se continúan las obras para la adaptación de naves industriales en aulas de cultura.

Leyenda de la Calle de la Esperancilla. Texto de Basilides Manso

Leyenda de la Calle de la Esperancilla. Texto de Basilides Manso

Al final del siglo XIV había en este lugar una quinta, perteneciente a una hermosa mujer viuda llamada Esperanza, que tenía una hija, a la que llamaban Esperancilla, más bella que su madre, según el parecer de los pocos que la habían visto…

La viuda aceptó acoger al del noble francés Beltrán Duguesclin, que ayudó a Enrique II de Trastámara a matar a su hermano Pedro I de Castilla (“Pedro el Cruel”), pasando a la historia por su frase «ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor».  Al parecer, los seguidores de Pedro I, cogiéndose la justicia por su mano quemaron la casa de la hermosa Esperanza, y según la leyenda, Madrid compró el terreno, llamando aquel lugar Calle de la Esperanza (barrio de Lavapiés), en honor de la viuda. No obstante, según otras fuentes el nombre de esta calle se refiere a una de las virtudes teologales.

Esperanza marchó con su hija a otra quinta no lejos de la anterior, y un día el noble francés vio a la muchacha envelada a través de la foresta del jardín, y a pesar de los velos pudo apreciar su belleza quedando prendado de ella, aunque no consiguió verla sin velos.

El rey Enrique II de Castilla, conocedor de los hechos por su amigo, quedó intrigado y deseoso de conocerla, y se presentó en su casa. Fue recibido con honores y agasajos como se merecía el ilustre visitante, pero sin la presencia de Esperancilla. Quiso conocerla el rey y Esperancilla se presentó, pero envelada, y como no hay nada que nos atraiga mas a los mortales que ver a medias la totalidad de lo que nos enseñan, el rey pagó silencios, compró voluntades, para acercarse por la noche a los aposentos de Esperancilla y verla sin sus velos.

Al fin con sus deseos cumplidos, quedó maravillado de la belleza de la joven, pero más aun ante la fortaleza de su virtud y honestidad, no chilló ni luchó para defender su virginidad, solo pidió al rey un acto, que hizo honesto caballero al más mujeriego. Solo pidió al monarca un anillo que fuera testigo de la infamia que iba a cometer y que finalmente no cometió. Aquella mujer que había vuelto loco al rey de Castilla desapareció y también la quinta con ella, solo quedó el nombre del lugar: calle de la Esperancilla, ubicada en el barrio de Embajadores.

En 1899 el Ayuntamiento cambió el nombre de la calle por Marqués de Toca, en honor del doctor Melchor Sánchez de Toca.

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