Los Mayores Cuentan

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Calle del Sacramento. Artículo de Basilides Manso

Calle del Sacramento. Artículo de Basilides Manso

Según el cronista Mesonero Romanos, esta calle, que une plaza del Cordón con la calle Mayor, es una de las calles más antiguas de Madrid y, por eso, quizás tenga también una historia cargada de hechos truculentos

En la Casa de los Gatos, ellos fueron los protagonistas. Allí vivían dos ancianas en situación precaria, rodeadas de gatos, pues recogían todos los gatos abandonados del barrio. Pero un día los vecinos dejaron de verlas y, a los pocos días, llamaron al alguacil ante el olor que despedía la vivienda. La autoridad forzó la puerta y se encontraron a las dos ancianas muertas en el suelo, medio devoradas por los hambrientos gatos.

En la casa conocida por la Casa de la Cruz de Palo, antes de esta denominación vivía una joven musulmana casada con un hombre mayor. Ella tuvo amores con un joven cristiano que desapareció misteriosamente. Tras la muerte de su esposo, al arreglar una pared, se descubrió el cadáver de su amante, al que había matado su esposo al descubrir sus amoríos. La joven, como prueba de amor, se convirtió al cristianismo y colocó en lo más alto del tejado una cruz de palo.

Paseando por la calle camino del cambio de guardia, un joven un poco «don Juan» fue llamado por una joven mujer, que, haciéndole señas, le invitó a subir. El no se hizo de rogar. Subió a la casa, consumaron su amor y el joven salió corriendo hacia el relevo de la Guardia de Corps. En el camino se dio cuenta de que no llevaba la espada, volvió corriendo a la casa, y la encontró medio derruida. Preguntó a un vecino, que le dijo que hacia muchos años que allí no vivía nadie. Entro en la casa y, entre las ruinas, encontró su sable cubierto de telarañas. Por eso se llamó la Casa del Milagro, pues el mujeriego y vividor terminó entrando en un convento.

La mina de carbón. Artículo de Basilides Manso

La mina de carbón. Artículo de Basilides Manso

En los años sesenta del siglo pasado se excavó una mina en el centro de Madrid, en la calle de Ríos Rosas, 21. La mina se llama Marcelo Jorissen, en honor al profesor y posterior director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas, quien fue también su impulsor.

A medida que bajamos los setenta y cinco escalones, se nota el aumento de la temperatura al tiempo que disminuye la luz. Al final de la escalera, nos encontramos con una galería de 50 m de largo, equipada con vagonetas, raíles y la variedad de herramientas y útiles propios de una mina de carbón.

De esta mina no se extrae carbón ni ningún otro mineral; se construyó para que los alumnos de la escuela practicaran los distintos tipos de trabajos que se realizan en los yacimientos. Hoy día ya no cumple su función académica original, y se utiliza como museo.

Se abre al público los primeros domingos de cada mes. Las plazas son limitadas y se accede por orden de llegada, por lo que lo más fácil es consultar la página web de la Escuela.

La casa maldita. Artículo de Basilides Manso

La casa maldita. Artículo de Basilides Manso

El número 3 de la calle Antonio Grilo es considerada por muchos la casa maldita de Madrid.

En 1945, un camisero vecino del nº 3 fue hallado muerto en su casa, descubierto por el fuerte olor que desprendía el cadáver.

En 1962, un sastre, José María Ruiz Martínez, mató a sus cinco hijos y a su mujer, con el agravante de que salía al balcón para anunciarlo a una vecindad cada vez más numerosa: “He matado a uno…” y, al final: “He matado a todos”. Después intentó suicidarse y murió en el hospital a las pocas horas de su ingreso.

Por si fueran pocos estos episodios truculentos, en 1964 una madre soltera mató a su bebé recién nacido y, envuelto en toallas, lo metió en un cajón, siendo descubierto por una hermana de la parricida.

Llevamos 62 años sin noticias truculentas de la casa y de la calle, y solo pido que sigamos así muchos más años.

La calle maldita. Artículo de Basilides Manso

La calle maldita. Artículo de Basilides Manso

Aunque en las grandes ciudades, con su gran cantidad de calles, puede haber algunas con mejor fama que otras, ya sea por los hechos acaecidos en ellas o por el barrio al que pertenecen, la calle de Antonio Grilo forma parte de la memoria negra de nuestra ciudad, impregnada en las paredes de las casas que fueron testigos de los tétricos sucesos allí ocurridos, sobre todo en la vivienda con el número 3.

La calle Antonio Grilo, en el corazón del barrio de Malasaña, se llamaba antiguamente calle de las Beatas y va desde San Bernardo hasta la plaza de los Mostenses. Allí se encontraba el beaterio de Santa Catalina de Siena, fundado en el siglo XVI y derribado en el XIX para construir la plaza de los Mostenses.

En 1776, un sacerdote de la parroquia de San Sebastián mató a un hortelano en la calle de las Beatas por haberle reprochado en público sus posibles amores con una mujer de la misma calle. Juzgado, fue condenado a muerte, pero Carlos III lo perdonó, pues no quería escándalos en su corte.

En 1909, un vecino se suicidó arrojándose desde su casa a la calle. Se habló de decepción amorosa, problemas con el alcohol, etc. Y otras desgracias ocurrieron también en esa calle: vecinos que caían por las escaleras, techos que se derrumbaban, un transeúnte muerto por la caída de una rama durante un temporal… La gente empezó a llamarla “la calle de la mala suerte”.

En 1915, en la esquina con San Bernardo, fue asesinado Ángel Castellano por el anterior novio de su novia. En 1932, dos cocineros de un restaurante cercano se pelearon y uno mató al otro, cayendo muerto en el mismo lugar donde cayó Ángel Castellano.

En 1933, doña Petra Pérez murió al ser golpeada por una estructura metálica arrancada por un fuerte viento. Esto ya justificaría el nombre de “calle de la mala suerte”.