
Según el cronista Mesonero Romanos, esta calle, que une plaza del Cordón con la calle Mayor, es una de las calles más antiguas de Madrid y, por eso, quizás tenga también una historia cargada de hechos truculentos
En la Casa de los Gatos, ellos fueron los protagonistas. Allí vivían dos ancianas en situación precaria, rodeadas de gatos, pues recogían todos los gatos abandonados del barrio. Pero un día los vecinos dejaron de verlas y, a los pocos días, llamaron al alguacil ante el olor que despedía la vivienda. La autoridad forzó la puerta y se encontraron a las dos ancianas muertas en el suelo, medio devoradas por los hambrientos gatos.
En la casa conocida por la Casa de la Cruz de Palo, antes de esta denominación vivía una joven musulmana casada con un hombre mayor. Ella tuvo amores con un joven cristiano que desapareció misteriosamente. Tras la muerte de su esposo, al arreglar una pared, se descubrió el cadáver de su amante, al que había matado su esposo al descubrir sus amoríos. La joven, como prueba de amor, se convirtió al cristianismo y colocó en lo más alto del tejado una cruz de palo.
Paseando por la calle camino del cambio de guardia, un joven un poco «don Juan» fue llamado por una joven mujer, que, haciéndole señas, le invitó a subir. El no se hizo de rogar. Subió a la casa, consumaron su amor y el joven salió corriendo hacia el relevo de la Guardia de Corps. En el camino se dio cuenta de que no llevaba la espada, volvió corriendo a la casa, y la encontró medio derruida. Preguntó a un vecino, que le dijo que hacia muchos años que allí no vivía nadie. Entro en la casa y, entre las ruinas, encontró su sable cubierto de telarañas. Por eso se llamó la Casa del Milagro, pues el mujeriego y vividor terminó entrando en un convento.
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