Los Mayores Cuentan

Blog participativo hecho por mayores para mayores

Los nombres de la Gran Vía. Texto de Basilides Manso

Los nombres de la Gran Vía. Texto de Basilides Manso

Las obras de construcción de la Gran Vía comenzaron el 4 de abril de 1910 y terminaron en 1929.  Se derribaron 300 casas, se construyeron 33 manzanas y afectaron a 48 calles, con una longitud de 1.306 m.  Los edificios más relevantes de la avenida (Metrópolis, Telefónica, Capitol, Palacio de la Prensa…) no se terminarían hasta 1952.

Desde Alcalá a Montera se llamó Conde de Peñalver, tres veces alcalde; desde Montera a Callao, Pi y Margall, presidente de la Primera República; y desde Callao a Plaza de España, Eduardo Dato, Presidente del Gobierno.

En 1936, terminados los dos primeros tramos, pasó a llamarse Avenida de la CNT; más tarde, el 4 de junio de 1937, Avenida de Rusia; más tarde, el nombre fue cambiado por el de Unión Soviética. El tercer tramo se llamó durante toda la guerra Avenida de México.

El 24 de abril de 1939, los tres tramos se llamaron Avenida de José Antonio, aunque el pueblo empezó poco a poco a llamarla Gran Vía, y así quedó entre el pueblo.

Extraoficialmente, en la guerra se la conocía como Avenida de los Obuses o Avenida del Quince y Medio, en alusión esta última al calibre de los obuses que en ella caían.

Mejor era el nombre de “Broadway madrileño“ en alusión a la acumulación de espectáculos en el tercer tramo.

1
Panteón de España. Texto de Basilides Manso

Panteón de España. Texto de Basilides Manso

El primer proyecto para crear un Panteón de Hombres Ilustres se votó en las Cortes Generales en 1837 para instalarlo en la Iglesia de San Francisco el Grande. Para determinar los méritos de los personajes, se encomendó a la Academia de la Historia que evaluara quién debía estar o no en el Panteón. La lista era muy grande y no todas las tumbas encontradas; la cuestión se enfrió y todo quedó en nada. Los cuerpos encontrados fueron devueltos a sus sepulturas.

Más tarde la Reina María Cristina, viuda de Alfonso XII, decide seguir el proyecto, pero el lugar elegido es la basílica de Atocha, muy deteriorada en la Guerra de la Independencia; pero en 1834 pasó a ser cuartel para inválidos, lo que ocasionó que se enterraran allí los generales Palafox, Serrano y Prim así como el político Ríos Rosas. Dado el estado ruinoso, se ordena la demolición y construcción de un nuevo Panteón, que por motivos económicos no se lleva a efecto.

Los dominicos se encargan de la construcción de un nuevo templo y convento, pero otra vez se vio muy deteriorado, tras sufrir innumerables daños en la Guerra Civil. En 1951 se empiezan las nuevas obras y al claustro, cuadrangular con galería de arcadas, se llevaron los restos de Martínez de la Rosa, Mendizábal, Olozaga y Eduardo Dato, con magníficos monumentos diseñados por Mariano Benlliure, Melida, Querol y otros grandes artistas.

En los años ochenta se llevaron a cabo obras de reparación, debido al abandono que había sufrido en los últimos años, obras que duraron más de veinte años.

El Panteón de Hombres Ilustres actualmente se denomina Panteón de España. Está abierto al público y la entrada es gratuita.

Dirección: Calle de Julián Gayarre, 3, 28014 Madrid.

Metro Atocha, Estación del Arte y Menéndez Pelayo. Autobús 14.

Abierto de martes a sábado – 10:00 – 14:00 y 16:00 – 18:30.

Domingos y festivos – 10:00 – 15:00. Cerrado el 1 y el 6 de enero.

1
Fuente de los Caños del Peral. Texto de Basilides Manso

Fuente de los Caños del Peral. Texto de Basilides Manso

Durante varios siglos fue la fuente más importante de Madrid.  Hay noticia de ella desde 1263, y aún antes, pues muchos creen que empezó como baños árabes, con agua suministrada por el viaje de agua de Amaniel (la dehesa de Amaniel ocupaba desde el arroyo de Leganitos hasta cerca de la Plaza Castilla).

La importancia principal que tenía es que daba agua al Alcázar, y por eso tenía, como estaba extramuros, una puerta de la muralla (Valnadú); pero también abastecía a gran cantidad de vecinos y aguadores, y tenía pilones para lavar la ropa y dar de beber a los animales.

Se descubrió lo que quedaba de ella  al hacer las obras de la ampliación del metro en la estación de Ópera, a finales del siglo pasado, a ocho metros por debajo del nivel de la plaza.

Durante el reinado de Felipe II se llevaron a cabo importantes obras de construcción y mejora en las instalaciones. Tenía un muro, que servía de sujeción de tierra de 34 metros y muchos caños situados en hornacinas de los que brotaba el agua (sobrante del Alcázar), llegó a tener 37 pilas donde se almacenaba el agua sobrante.

En el año 1663 el Ayuntamiento vendió el lavadero, a causa de los conflictos que le causaba su arrendamiento. La fuente duró hasta mediados de XIX, y se soterró, para nivelar el terreno y construir el teatro de la Ópera y la plaza de Isabel II.

En la plaza hay un bloque de piedra, de 2,25 m de alto, 2,7 m de grosor y 1,5 m de ancho. En la parte posterior hay una inscripción con la historia y descubrimiento. También hay una reproducción de uno de los caños, y un plano grabado en el suelo de donde se encontraba la fuente.

La historia de esta fuente y sus restos arqueológicos se pueden conocer en el Museo de los Caños del Peral, situado a diez metros bajo tierra en la Plaza de Isabel II (metro Ópera).  La entrada es gratuita, tanto para la visita guiada como para la visita libre, aunque es necesario un título de transporte válido y reserva previa a través de www.giglon.com

En este enlace puedes encontrar toda la información:

https://museosmetromadrid.es/museos/los-canos-del-peral/

1
Las gradas de San Felipe, el mentidero más célebre de Madrid. Texto de Basilides Manso

Las gradas de San Felipe, el mentidero más célebre de Madrid. Texto de Basilides Manso

En la calle Mayor esquina a Esparteros se situaba el convento de San Felipe el Real de los frailes agustinos descalzos. Tenía una plataforma que daba a las dos calles para igualar el terreno, protegida por una fuerte baranda. El convento fue mandado construir por Carlos I en 1547 y demolido en 1838, tras la desamortización de Mendizábal, para ensanchar la calle Mayor.

En la plataforma y las gradas quedaban acceso se reunía lo más pintoresco de la villa y corte: aldeanos con negra montera y traje de pana; rostros quemados por el sol, esperando como punto de encuentro a algún paisano que lo introdujera en la vida de la urbe; chulos barriobajeros con ojos cargados de mucho vino y poco sueño, con parpusas de medio lado, chaqueta ceñida y sedoso pañuelo al cuello a ver si caía alguna oportunidad; paseantes de corte; cocheros de punto; modistillas con la obra en una cesta apoyada en la cadera, siempre provocativas; vendedores de periódicos… También se juntaban allí hidalgos desocupados que antes o después de misa comentaban en corrillos las noticias del reino de aquí o de más allá de los mares.

Escritores como Lope de Vega —que en horas 24 pasó de las musas al teatro—, Tirso de Molina, Quevedo, Zorrilla y otros muchos acudían a ver si de los chascarrillos podían sacar algún tema importante para sus obras.

Los ciegos de Madrid que, agrupados en la Hermandad de Ciegos de la Corte, disfrutaban de algunos monopolios (venta de gacetas, almanaques, folletines, etc.) tenían en las gradas de San Felipe su punto de reunión y venta.

Tal era la importancia del convento que no había procesión civil o religiosa que no pasara por las gradas de San Felipe. Pero todo tiene su final. En el monasterio se instaló la caballería napoleónica y, muy deteriorado después de la ocupación, siguió siendo cuartel hasta su demolición.  En su solar se construyó el primer edificio de apartamentos de Madrid, las Casas de Cordero.



Matadero Madrid. Texto de Basilides Manso

Matadero Madrid. Texto de Basilides Manso

El primer matadero conocido que tuvo Madrid en el siglo XV estaba en lo que hoy es la zona de Puerta Cerrada. A medida que Madrid crecía había que llevarlo a las afueras para evitar posibles molestias a los vecinos, y el siguiente se sitúa en el Cerrillo del Rastro, nombre que tomó por el rastro de sangre que dejaban los animales sacrificados.

Como Madrid crecía y crecía se eligió la ribera del Manzanares por el abundante agua necesaria y al lado de la estación de Peñuelas para recibir los animales por tren. En la década de los años 1920 se construyeron 48 pabellones para las distintas necesidades de las diferentes especies, con sus corrales, mataderos y edificios para la administración, con un total 164.415 m², convirtiéndose en el matadero industrial y mercado de ganados de Madrid durante la mayor parte del siglo XX.  Con algunas ampliaciones y mejoras estuvo abierto hasta 1995, cuando por normativa europea hubo que cerrarlo, pero el Ayuntamiento fue convirtiendo las naves, construidas con clásicos muros de aparejo toledano, en un gran Centro Cultural de primer nivel.

Las Naves del Español permiten dotar al espacio de múltiples configuraciones escénicas. El pabellón de Servicios Generales (la llamada Casa del Reloj) se ha convertido en Junta Municipal del Distrito de Arganzuela; los establos de vacuno, en sede del Ballet Bacional de España; la nave de patatas, en invernadero al estilo decimonónico, conocido como Palacio de Cristal de la Arganzuela. Se continúan las obras para la adaptación de naves industriales en aulas de cultura.