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Vuelo en pandemia. Un relato de María Luisa Illobre

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El avión del vuelo 36276 de la compañía Iberia estaba dispuesto a iniciar viaje hacia Dublín. El pasaje compuesto por 125 personas se encontraba ya en el túnel de salida en espera de que se abriera el portón del aparato. Una azafata en la puerta se encargaba de recoger todos los pasaportes y autorizaciones que se le iban entregando, ya que debido a la pandemia se debía proceder con cuidado extremo sobre el estado de cada individuo.

Pasaron varios minutos hasta que se completó la entrada y después de un breve saludo, el Comandante informó de que el vuelo sería de aproximadamente tres horas, anunciando que el tiempo era excelente.

El personal de servicio procedió a revisar todas las autorizaciones para seguidamente entregarlas en la cabina de mando. Uno de los azafatos, según las comprobaba, observó que una de ellas tenía un papel diferente. Se lo dijo a su compañera y efectivamente, no era igual que el resto. Pasaron a la cabina de mando y el Comandante corroboró que se trataba de una burda fotocopia.

Inmediatamente se informó al pasaje del hecho y se pidió que la persona a la que correspondía la fotocopia dejara su asiento, ya que debido a que el documento era falso, existía la posibilidad de que no teniendo el PCR correcto, quizá estaba contagiada del virus y la persona que fuera a su lado podría contagiarse igualmente.  Inmediatamente se formó un revuelo enorme. El avión seguía su rumbo y nadie se levantó de momento. Tuvieron que pasar unos largos minutos que se hicieron eternos hasta que de la fila 26 salió un señor de avanzada edad que se hizo responsable del hecho.

Después de grandes voces, varios pasajeros querían linchar al anciano. Su compañero de asiento salió disparado y se refugió en el baño. El personal de servicio entretanto acompañó al señor hacia la cola del avión. Allí, y una vez con las medidas de seguridad al máximo, le fue practicado un test de antígenos, instalándole en una butaca aislada hasta que se supiera el resultado. Acto seguido se informó al pasaje que debían ponerse las mascarillas y que por ningún motivo debían retirarse. Transcurridos unos minutos se pudo comprobar que el señor estaba completamente sano, no tenía ni rastro de virus.

Al preguntarle el motivo por el que había obrado así contestó que había llegado al aeropuerto momentos antes de que se pusiera en marcha el avión. Iba a Dublín donde habían ingresado a su hija que iba parir con un parto de alto riesgo y no se había hecho una PCR. En el aeropuerto se le acercó un individuo que le pidió 500 € por facilitarle una autorización, que como pudo comprobarse era falsa.

El avión aterrizó con normalidad y el resto del pasaje en general le afeó su conducta.  Habían pasado un gran susto por su culpa. El comandante le llamó aparte comunicándole que había llamado a la policía durante el vuelo.

El Inspector de policía se personó inmediatamente.  El señor debía presentarse a la Comisaría general, pero ante el caso le dejó en libertad para que llegara a tiempo de ver nacer a su nieto, indicándole que al día siguiente tenía que presentarse en la Comisaría para ponerle la multa correspondiente. Don Joaquín Calvo, que así se llamaba, acudió puntual a su cita con la Policía.  Llegó radiante y con una gran foto de su nieto que había nacido felizmente.

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