Los Mayores Cuentan

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Viaje en AVE. Relato de Mª Luisa Illobre.

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En los lugares más inesperados podemos hacer amigos. Le damos las gracias a Mª Luisa Illobre por trasmitirnos esta idea a través de un cuento tan simpático.

Sobre las nueve de la mañana Federico tomó el AVE para acudir a una entrevista en Albacete. Le habían llamado la tarde anterior y esperaba que sería la reunión definitiva antes de proponerle el trabajo deseado.

En el asiento de al lado iba una señora que inmediatamente sacó un cigarrillo y comenzó a fumar. Federico le advirtió que estaba prohibido y debía apagarlo. De malas maneras obedeció, pero a los diez minutos encendió uno nuevo. Su compañero, escamado, salió en busca del interventor que se encontraba al principio del tren, y consiguió que le echara a la pasajera una buena reprimenda.

Pasados unos veinte kilómetros, en los que la señora había entrado y salido del asiento varias veces teniendo que hacerle paso su compañero, la señora comenzó a desabrocharse unas enormes botas negras, quedando sus pies al descubierto mostrando unas uñas larguísimas pintadas de rojo. Nueva llamada de Federico al empleado del AVE. “Señora, por favor cubra sus pies”.  Obedeció mascullando unas palabras, diciendo que no entendía por qué viajaban en AVE algunas personas tan delicadas.

El interventor aprovechó la ocasión para comprobar los billetes. La señora no encontró el suyo y después de vaciar el bolso, el billete apareció entre un amasijo de envases de carmín, rimmel, llaves y demás objetos.

El viaje transcurría más o menos en paz cuando la compañera de Federico desdobló un enorme periódico por la sección de economía. Las enormes páginas de distinto color se acercaban a la nariz de Federico, impidiéndole en gran manera la conversación a través de su móvil.  Pensó que debería callar, pero no tenía por qué. Él había pagado un billete, igual que los otros viajeros que iban en silencio.

Se levantó de su asiento y en esta ocasión fue a buscar al empleado que se encontraba de cháchara en el primer vagón y que le reconoció al instante. “Vengo a molestarle de nuevo, pero es imposible ir al lado de una señora que no deja de incordiar”. La contestación fue que le acompañaría a su asiento, pero notó que cojeaba bastante. “Es que este pie me fastidia mucho al caminar. Creo que me operarán mañana de un juanete enorme.” Nueva reprimenda a su compañera, que dobló el diario con un mal gesto.

Por fin el AVE llegó a Albacete. Las personas comenzaron a abandonar el tren en todas direcciones. Lo que nunca comprendió el encargado del viaje fue por qué dos de las personas que se bajaron en la estación estaban despidiéndose con grandes abrazos al tiempo que intercambiaban sus tarjetas y direcciones en aquella ciudad.  Al fin habían quedado amigos en su andén.

Federico llegó a su entrevista, que fue muy beneficiosa para ambas partes. Le fue concedido el trabajo y actualmente ha comprado allí un pequeño chalet en el que a menudo se ve llegar a su gran amiga viajera. No quieren olvidar la gran amistad que les une.

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1 Comentario

  1. Gracias por recordarnos que cualquier situación es buena para hacer amigos. Un cuento precioso.

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