
La primera romería del año era la de San Antonio Abad, que marcaba el comienzo de las continuas fiestas que se sucedían a lo largo del calendario. El 17 de enero, festividad del santo, los dueños llevaban a sus animales, bien arregladitos, hasta la iglesia de de Antonio Abad (o San Antón), en la calle Hortaleza, 63, regentada por los Padres Escolapios, para que fueran bendecidos.
Después, la calle se convertía, con su ir y venir de los animales con sus orgullosos dueños, en un escaparate en el que todo el mundo quería estar. La jornada continuaba con la comida en alguno de los muchos ventorros que había en los alrededores del Portillo de Santa Bárbara.
Esta romería se desarrollaba con una especie tregua no escrita entre los vecinos de Lavapiés, los majos y los chisperos, quienes tenían un pacto de no agresión, porque muchas veces cualquier tontería, venganzas pendientes o malas miradas eran motivo de discusión que a veces terminaban de forma sangrienta.
No hay que olvidar los panecillos de San Antón, elaborados por las monjas del convento situado al otro lado de la calle. Estos panecillos eran muy dulces, por la miel que tenían, una tradición heredada de la cocina musulmana.
El origen de esta romería se remonta a tiempos muy antiguos. Cuando los caminos de Fuencarral y Hortaleza estaban prácticamente deshabitados, una grave epidemia de peste asoló Madrid, y el Concejo levantó en aquellos terrenos un hospital gestionado por los Hermanos Hospitalarios de San Antonio (Padres Antonianos) para evitar el posible contagio.
Terminada la epidemia, el lugar fue bendecido, junto con las personas, los animales y los frutos del campo. Más tarde, tras la supresión de la Orden de los Antonianos por el Papa a finales del siglo XVIII, las instalaciones pasaron a la Orden de las Escuelas Pías, cuyos religiosos Escolapios establecieron allí su residencia, reformaron la iglesia y fundaron un colegio. La bendición de los animales continuó celebrándose año tras año hasta hoy en día, dando así origen a la romería.
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