Los Mayores Cuentan

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Ramito de violetas. Relato de Rosario Badillo

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María y Juan tenían 14 años, se conocían desde muy pequeños. Los marqueses de la Regalía, padres de Juan, poseían en un pueblo de Cataluña una masía con una gran extensión de terreno donde pasaban todos los veranos. Los padres de María eran los guardeses de la finca y vivían en una casa pequeña, cerca de la grande. Los dos eran hijos únicos y estaban juntos la mayor parte del tiempo, jugando, bañándose en el río. Como tenían caballos, aprendieron a montar y daban grandes paseos con el padre. También se peleaban a veces, pero se les pasaba pronto.

Un día los marqueses celebraron una fiesta en la masía. Vinieron muchos invitados, todo estaba lleno de gente. Los chicos pensaron en gastarles una broma: llenaron una lata con saltamontes, entraron en algunas de las habitaciones y metieron entre las sábanas un puñado de ellos. Cuando los invitados se acostaron, el susto fue tremendo. Los marqueses, lógicamente, sabían quiénes habían sido los autores; castigaron a Juan sin salir en varios días. Ella le acompañó en su castigo. Arrepentido pidió perdón, se lo perdonaron, y siguieron con sus juegos.

El verano se acabó y él tenía que marcharse para empezar sus estudios en Inglaterra. Se acercó a la casa de María para despedirse. En el jardín cogió un ramito de violetas para llevárselo. Se abrazaron, diciendo “hasta el verano que viene”. No fue posible: se declaró la Guerra Civil Española. Juan se quedó en Londres, terminó sus estudios y se afincó allí.

Pasaron los años. Los marqueses murieron, él regresó para vender las propiedades, pues podía ocuparse de ellas; su trabajo fuera del país se lo impedía. Recordó sus andanzas de niño con María. Entró en la casa que llevaba años abandonada; la familia había fallecido. En un rincón encontró un libro, 20.000 leguas de viaje submarino, que él le había regalado en un cumpleaños. Ojeándolo encontró el ramito de violetas, seco pero conservado entre sus páginas.

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