Los Mayores Cuentan

Blog participativo hecho por mayores para mayores

Pocería. Un relato de Mª Luisa Illobre

Compartir

Para escribir este cuento tan original, Mª Luisa se ha inspirado en la terrible riada que asoló Chiclana de la Frontera en 1965 y que todavía recuerdan los viejos del lugar.  ¡Muchas gracias, Mª Luisa!

Más o menos hace sesenta años existía una ridícula costumbre. Consistía en que estando próxima la boda, la novia debía exponer su ajuar ante sus amigas, que llegarían poco a poco y así poder admirar o criticar de qué se componía.

Esta pareja, después de años de noviazgo, decidieron exponer el ajuar en su casa, una vivienda prefabricada en la parcela nº 33 Extramuros de Conil de la Frontera, Cadiz. La casa fue visitada por varias compañeras de trabajo de la novia que se quedaron admiradas de lo completo que estaba el ajuar.

Un mes antes, el novio fue enviado a cumplir con su trabajo de inspección de pocería de instalaciones existentes y aunque en general era un trabajo rutinario, en esta ocasión se complicó debido a una inmensa riada que asoló la comarca durante varios días arrastrando gran cantidad de agua, árboles y todo lo que encontró a su paso.

Como consecuencia, su trabajo se demoró un mes y medio sin poder comunicarse con su novia. Con la riada se habían roto las comunicaciones.  Cuando pudo llegar a su parcela, se quedó espantado, pues aquello no era lo que él dejó. Se había convertido en un enorme lodazal y ni rastro de su casa, y no había ninguna persona a quien preguntar. Su desesperación llegó al máximo cuando con el agua hasta la cintura trató de llegar al pueblo. Aquello fue peor, pues todos sus habitantes se afanaban en retirar del barro enseres y lo que podían salvar de sus viviendas.

Se dirigió a la primera persona que se dignó escucharle, que le dijo que había sido horrible, y debían estar agradecidos de poder contarlo. Quiso llegar al cuartel de la Guardia Civil, pero aquella enorme riada lo había destruido, solo quedaba un pequeño muro que no tardaría en derrumbarse. La riada se repitió varios días llevándose tanto a personas como la totalidad del pueblo.

Han pasado veinte años. Con el tiempo aquellas playas han vuelto a convertirse en el sitio ideal que siempre fueron. Al inspector de pocería le relegaron de su trabajo y después de varias indemnizaciones su vida transcurre plácidamente.  Pero le sigue asaltando la duda sobre qué ocurrió en aquellos años. Recuerda con nostalgia: ¿qué le ocurrió a su novia después de tener todo preparado para su enlace? ¿Y su casa después de tener todo a punto? No ha habido ninguna información, aparte de las víctimas de aquel caos. Todo debió de ser arrojado al mar por la fuerza del agua. Recuerda el rostro angelical de la que sería su esposa. ¿Y qué sería de aquel ajuar que entre los dos prepararon para el gran día? Su lencería extendida por la habitación y contemplada por sus amigas…

Después, en una rehabilitación de la costa, dos trabajadores encontraron entre la maleza un montón de tablas de madera y gran cantidad de ropa esparcida por las rocas.

De la novia nunca se supo. SIN RASTRO.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.