Los Mayores Cuentan

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PLaza Mayor. Texto de Basilides Manso

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Le damos las gracias a Basilides Manso por contarnos la historia de uno de los lugares más emblemáticos de nuestra ciudad.

Era la antigua Plaza del Arrabal, pero cambió de nombre por un decreto de los Reyes Católicos que obligaba a todos los pueblos, villas y ciudades a tener una plaza con el nombre de Mayor.

Entre 1590 y 1854 trabajaron en ella varios arquitectos: Juan de Herrera, Juan Gómez de Mora, y Juan de Villanueva entre otros y la plaza ha sufrido a lo largo de su historia diversas transformaciones, algunas de ellas tras graves incendios.  La actual plaza fue mandada construir por el rey Felipe III al arquitecto Gómez de Mora para convertirla en escenario de celebraciones, fiestas y ejecuciones públicas. Fue oficialmente inaugurada en 1619.

En sus 400 años de vida ha visto de todo: proclamación del rey, canonizaciones, corridas de toros, autos de fe de la Inquisición, ejecuciones, plaza de abastos, espectáculos caballerescos, torneos, procesiones, fiestas de carnaval, conciertos y mercadillos navideños.

El recinto es rectangular, mide 152 metros por 94 metros, con 377 balcones y 73 buhardillas, 10 arcos, cuatro torres, 10 accesos y 36 tiendas con entrada por la plaza.  En el centro se encuentra la estatua de Felipe III, colocada en 1848.

Al principio los comercios de la seda se situaron en el norte, los de cáñamo en el lado sur, los de hilos y quincalla en el este y los de paños en el oeste. La Casa de la Panadería sirvió como despacho de pan, oficina del Peso Real, Real Academia de Bellas Artes y finalmente Real Academia de la Historia, hasta que el Ayuntamiento la destinó a archivos y biblioteca.

Enfrente esta la Casa de la Carnicería, un edificio de cuatro plantas que inicialmente albergó el depósito general de carnes y hoy aloja un hotel de lujo.

Hay un detalle que rompe toda la coherencia urbanística de la plaza: de todos los arcos arrancan calles menos de uno que es ciego, se encuentra a la izquierda de la Casa de la Carnicería y en su interior en la parte alta, hay un balcón. Es el Balcón de la Marizápalos, así llamaba el pueblo de Madrid a la actriz María Calderón, también conocida como la Calderona, hija adoptiva de Calderón de la Barca y amante del Rey Felipe IV, al que le gustaba mucho un baile de la época llamado marizápalos, bailado por su amante en sus actuaciones.

Se cuenta que ante el malestar de la reina por acudir la Calderona al palco real donde el Rey presenciaba con sus cortesanos los espectáculos de la plaza, éste hizo construir un balcón para que su amante pudiera presenciarlos cómoda y discretamente.