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Plaza de Puerta Cerrada. Reportaje de Basilides Manso

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Debe su nombre a la puerta de la muralla cristiana que en la Edad Media estuvo en este lugar.  Esta puerta fue tapiada hasta su derribo en 1569. La puerta se tapió por su dificultad para pasar por ella, pues tenía muchos inconvenientes: el primero, cruzar el foso defensivo que persistía (Cava Baja), en segundo lugar, los recovecos y rincones al atravesar la muralla, y no menos importante,  los asaltos de los malhechores escondidos en los vericuetos.

Se la conocía como puerta de La Culebra, porque tenía una culebra o dragón en un bajorrelieve en lo alto de la puerta; y esta figura estaba en los primitivos escudos de Madrid.

La plazuela que hay hoy día, denominada Plaza de Puerta Cerrada, responde a la ordenación urbana del siglo XIX y es la confluencia de las calles Cuchilleros, Latoneros, Cava Baja, Grafal, la Pasa, Nuncio, Segovia, San Justo y Gómez de Mora. En la plaza hay una solitaria cruz, que antes de la guerra estaba más defendida y adornada; es la única muestra del Vía Crucis que se desmontó en el siglo XIX; según dicen, tapa un depósito de agua que hay en el lugar.

En 1983 el ayuntamiento a propuesta de su alcalde, Enrique Tierno Galván, tapó las destartaladas medianerías que daban a la plaza y encargó a Alberto Corazón que pintara 6 murales.  Actualmente solo quedan 3, necesitando arreglos. El mural más fotografiado está sobre fondo morado (color de Castilla) y muestra una piedra de sílex de la que saltan chipas, y encima hay una leyenda: «Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son, esta es mi alcurnia y este mi blasón»

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