
La Plaza de la Cebada es una de las más antiguas de Madrid. Ya aparece mencionada en escritos del siglo XVI, aunque entonces era conocida por su nombre original, Plaza del Viento. Situada fuera de las murallas que protegían la capital, era el lugar al que acudían los labradores para vender los cereales con los que se abastecía la Villa, circunstancia de la que deriva su nombre actual. Con el crecimiento de la actividad comercial, pronto se sumaron también los hortelanos, que ofrecían frutas y verduras.
Las ejecuciones públicas se llevaban a cabo inicialmente en la Plaza Mayor. Sin embargo, las autoridades consideraron que se trataba de un espacio demasiado céntrico y decidieron trasladarlas a la Plaza de la Cebada. Allí se ejecutaba a los condenados mediante la horca o el garrote vil.
Por este lugar pasaron personajes de distinta condición y relevancia histórica. El 7 de noviembre de 1823 fue ahorcado el general Rafael del Riego. Según relata Mesonero Romanos, durante la época fernandina muchos hombres murieron allí por defender sus ideales políticos. Riego fue conducido infamemente al patíbulo en un serón, mientras era insultado por una multitud que lo injuriaba con el mismo entusiasmo con el que años antes lo había aclamado. Llegó al cadalso visiblemente abatido y, tras ser ahorcado, como no pareció suficiente, se le decapitó.
Años más tarde, el 6 de noviembre de 1837, fue ejecutado mediante garrote vil Luis Candelas. Este famoso bandolero, en cuyos robos y estafas nunca corrió la sangre, afrontó el cadalso con la cabeza alta y pronunciando sus últimas palabras: «Adiós, patria mía; sé feliz».
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