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Pensamientos positivos – Relato de Ana Simal

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Le damos las gracias a Ana Simal por este relato, tan crítico con algunos de los mensajes que frecuentemene escuchamos. ¿Qué opináis los lectores? 

Ángela era una mujer de fuertes convicciones, siempre lograba lo que se proponía. Eso la hacía feliz.

Bien es verdad, que “a veces“ para llegar a una meta establecida lo pasaba muy mal, pero se decía: “mereció la pena, lo conseguí”.

Daba igual el tipo de cosas que ella se propusiera, estudios, trabajo, viajes… Cuando decía a por ello, allá iba.

Un fin de semana la invitó una amiga a un cursillo de no sé qué, donde les hablaron de que siempre había que tener pensamientos positivos. Todo tiene su lado bueno, le dijeron. Hay que saber encontrárselo.

Nada de: “qué pena, qué rabia, qué asco”. Eso que te está pasando y, que tú no has buscado, es lo mejor para ti.

Y Ángela, que era mujer de fuertes convicciones, se levantó ese lunes dispuesta a poner en práctica todo lo que había oído y le había convencido.

Fue a la ducha y el agua salía fría. “Mejor, se dijo, así me despabilo antes y, además, el agua fría activa la circulación sanguínea”.

Todavía tiritando de frío, chocándole los dientes como castañuelas, fue a la cocina a prepararse café. La cafetera eléctrica no funcionaba; se tomó un vaso de leche fría. “Estupendo”, volvió a decir, “el café me pone nerviosa y seguro que este desayuno corrige mi estreñimiento”.

Cuando fue a encender un cigarrillo, comprobó que la cajetilla estaba vacía. “Qué bien, retrasar el pitillo mañanero seguro que mejora mis pulmones” – dijo Ángela inasequible al desaliento.

Al bajar a coger el coche para ir al trabajo, tenía la batería agotada, se había dejado toda la noche las luces encendidas. “Hoy me evito los atascos que me sacan de quicio”, se dijo contenta. “Además, el transporte público es el más seguro y contamina menos que tanto coche”.

Pero al bajarse del autobús, no vio una moto que venía embalada que se la llevó por delante dándole un golpe mortal.

Camino del hospital, medio inconsciente en la ambulancia, oyó que decían:

– No tiene remedio, le ha reventado el hígado, se está muriendo.

Estupendo”- pensó, seguro que ahora en el sitio que esté, todos los pensamientos serán positivos y ya no tendré que luchar más. Podré descansar en paz.

Ángela era una mujer de fuertes convicciones y siempre conseguía lo que se proponía.

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