Los Mayores Cuentan

Blog participativo hecho por mayores para mayores

Original idea. Relato de Soledad del Yerro

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Carlos hizo su carrera de Químicas con unas notas tan brillantes que enseguida tuvo trabajo en el laboratorio, donde hizo sus prácticas como becario. Su afán por el estudio hizo que su ascenso fuera espectacular y, a sus treinta años, era el que dirigía todo lo importante que allí se realizaba.

Lo que no podía encontrar era una mujer adecuada para casarse con ella. Todas le parecían unas coquetas, presumidas, que le causaban aburrimiento. Hasta que conoció a Isabel, que llegaba a especializarse en la Universidad de Navarra como cardióloga.

Nada más verla, su aspecto sencillo y su conversación amena e intelectual le hizo pensar que una mujer así, apta para ganarse la vida, sería una excelente esposa para él, y él podría seguir centrándose en sus estudios, seguro de hallar en ella una ayuda, más que un impedimento.

A poco de conocerse, Carlos le propuso a Isabel que se casara con él, pues llevaba unos cuantos años buscando a la persona adecuada y estaba seguro de que era ella.

—¿Me estás pidiendo, Carlos, que me case contigo? En un principio no me niego, pero antes de aceptarlo, preciso que nos sometamos a un tratamiento.

—Pero si no estamos enfermos…

—Llamo tratamiento a la acción de tratarse un hombre y una mujer para saber si pueden ser felices casándose.

A poco de comenzado el tratamiento, a Carlos se le ocurrió una original idea y rápidamente la puso en práctica. Se fue a la consulta de un médico amigo para que le hiciera una radiografía del corazón, pues quería enviársela a Isabel, para demostrarle su amor. El médico le hizo una fotografía, y Carlos la pegó en una cartulina en la que escribió: “A Isabel, le dedico esta fotografía de mi corazón, como prueba de mi verdadero amor”. Una hora después de enviada, recibió Carlos la contestación.

Estimado amigo:

Acabo de recibir tu presente. Gracias por tu gentileza y por tu especial regalo. Tengo que decirte, querido amigo, que tienes un comienzo de dilatación del corazón, que se debe a que no dejas de fumar y beber. La profesión de médico me encanta, pero la de enfermera me horroriza. Si yo me casara contigo, me vería forzada en poco tiempo a convertirme en tu enfermera, así que suspendo nuestro ”tratamiento“ hasta que te sometas a un régimen adecuado que corrija tu degeneración. Puedes visitarme y salir de paseo conmigo, con la única condición de no hablarme de matrimonio. Esta tarde, si quieres, podemos vernos y te indico el régimen que debes seguir.

Isabel  

2 Comentarios

  1. Me encantan los relatos de Soledad
    Son cómo el título de éste, originales y muy bien escritos

    Responder
  2. Gracioso! Las prisas no son buenas.

    Responder

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