Los Mayores Cuentan

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Mis vecinos. Relato de Marisol García Alonso

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Pregunto: ¿Quién no tiene un vecino o vecina que molesta a lo largo de su vida? Por vivir en un piso bajo y no tener la necesidad de coger el ascensor, me encuentro liberada de cosas que ocurren en ese pequeño habitáculo con botones numéricos, como la clásica conversación de hablar del tiempo. «Parece que refresca…», «si es que ya asoma el otoño».

La otra opción es permanecer segundos en silencio, para no sacar ningún instinto asesino, al coincidir con la vecina que calza tacones nada más levantarse y recorre el techo de tu habitación como si fuera la Gran Vía. Cualquier mañana, de cualquier día del mes, piensas cómo regalarle unas cómodas zapatillas, para que experimente lo confortables que pueden llegar a ser, además de evitarle más de un callo en cualquier dedo.

Otro caso vivido está un poco más lejos de mí, pues trata de una vecina del último piso de mi misma comunidad, a raíz de prestarle mi silla de ruedas tras haber sufrido una caída. No sería extraordinario, ni digno de mención por mi parte, de no ser porque, al verla caminar por la calle como si nada, para recuperar mi silla de ruedas no hubiera tenido que pedirle varias veces que me la devolviera, no sin antes dejarle claro cuánto me alegraba de su completa recuperación.

El final de esta historia es que no fue capaz de tocar el timbre de mi puerta para devolver la silla, porque ella optó por entregarla al conserje de la finca, y no hacerlo directamente conmigo a pesar de estar a un metro de distancia de mi puerta.

Por un instante me vino a la cabeza la reflexión que hizo Antonio Gala: «Cuanto más trato a las personas, más quiero a mi perro».

Diré también de esta comunidad que llevan mucho tiempo oponiéndose a instalar una rampa en el portal, aún sabiendo yo que por ley es obligatorio. Y más delito si cabe es dejar a una vecina encerrada en su casa sin poder salir a la calle durante más de diez años, por no tener la mencionada rampa en el portal. Les auguro las mismas necesidades, ya que el tiempo no se detiene y se harán mayores. Mientras esto ocurre, yo estaré para denunciarles y plantarles cara. ¡Menos mal que por vivir en el bajo no nos veremos en el ascensor!

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