
Los Agotes eran un grupo social minoritario que vivía en el País Vasco Francés y en el Valle del Baztán en Navarra. No se sabe con certeza de donde procedían, pero sí que fueron discriminados desde la Edad Media durante siglos. Eran trabajadores de la piedra, la madera y el hierro. No se podían casar con los otros habitantes de la comunidad.
No tenían los derechos de ciudadanos que tenían los otros habitantes. Tenían que llevar una señal en su vestimenta (una pata de pato) para distinguirlos o una campanilla, pues una causa de ese rechazo es que creían que tenían la lepra.
En la iglesia también eran discriminados: tenían que entrar por otra puerta y bautizarlos en otra pila distinta de la del resto de ciudadanos. Tenían que colocarse debajo del coro y había una marca para no acercarse al altar.
En 1517, los agotes de Navarra elevaron sus quejas al papa León X, pero no dieron resultado. Las Cortes de Navarra derogaron en 1819 las leyes discriminatorias, pero en Arizcun, pueblo del Valle del Baztán, y en Bozate, un barrio de este pueblo donde vivían los agotes, siguieron sufriendo algunas prácticas discriminatorias. En los archivos parroquiales se ve que detrás del nombre ponía “agote”.
Se intentó trasladar a los agotes de Bozate a un pueblo cerca de Madrid, Nuevo Baztán, que había creado Juan de Goyeneche, pero algunos no vinieron y otros regresaron a su tierra. Por supuesto a través del paso de los siglos consiguieron sus derechos. Pero es un hecho que los prejuicios existieron en tiempos remotos y existen en el tiempo de los grandes avances de la humanidad.
Hace tan solo unos cincuenta años que se tapió la puerta de entrada de los agotes de la iglesia de Arizkun y se trasladó el cementerio de la localidad para eliminar cualquier rastro de discriminación.