
Érase un día de primavera cuando llegó papá a casa trayendo una pequeña tortuga. Se la había regalado un amigo para nosotras.
A mi hermana y a mí nos hizo mucha ilusión la compañía de aquel extraño animalito. Yo estaba más en casa, y aquella tortuga fue una gran amiga para mí.
—¿Cómo vamos a llamarla?
—D’Artagnan —contestó mi hermana Lola.
—¿Por qué ese nombre?
—Para que sea valiente y luchadora. Así se llama uno de los mosqueteros de un libro de aventuras que estoy leyendo.
Llenó de agua un frasco de espray y la bautizó bajo el rito católico. Pasaba el verano en la terraza; mamá le daba de comer tomate, verduras tiernas y pan mojado en leche, pero a ella le gustaban más los trozos de pan con jamón york y queso que le dábamos nosotras.
Tanto corría cuando nos veía con el bocadillo en la mano, que era el asombro de todos nuestros amigos, quienes le daban chuches para que los buscara, caminando ligera detrás de ellos. A mí me hizo pensar que nuestra mascota tenía ansias de correr y que no estaba conforme con ser tan lenta.
Cuando llegaba el invierno, metíamos a nuestra tortuga en una caja de cartón rellena de paja, con agujeros en la tapa para que pudiera respirar. La guardábamos en una caseta de madera y se quedaba todo el invierno aletargada.
Al llegar la primavera, ella sola salía de la caja, arañaba la madera, la sacábamos, le acariciábamos con cariño su cabecita, preparábamos la comida que más le gustaba y ya volvía a hacerse la dueña de la terraza para pasar el verano.
Ocho años tenía yo cuando nuestra familia aumentó con otra hermana, quien fue feliz cuidando y dándole golosinas a D’Artagnan, que corría como una loca detrás de ella.
Un verano fuimos a pasar las vacaciones a un pueblo de Ávila, y la tortuga nos acompañó como un miembro más de la familia. Nos comentaron que allí había un pequeño recinto donde los habitantes del lugar podían dejar a sus mascotas siempre que lo necesitaran.
Por curiosidad, fuimos a conocer aquella guardería y nos encontramos con el unicornio Nube, el zorrillo Luna, el perrito Lucas, el pingüino Pablo y el dragón Bruno. Nos admiró ver lo bien que los educaban para que jugaran y disfrutaran en compañía.
Nos ofrecieron anotar a nuestra tortuga en la carrera que estaban preparando. El ganador se haría famoso y, antes de que mis padres lo rechazaran, las tres hermanas aceptamos gustosas. Las familias nos miraban riéndose cuando dejamos a nuestra tortuga en la fila de los corredores para la competición. Pero se quedaron pasmados cuando mi hermana Lola, nada más comenzar, le gritó: «¡D’Artagnan, todos a una!». Esta empezó a caminar a tal velocidad que se proclamó triunfal ganadora.
Esto demuestra que el cariño, la constancia y la paciencia con que la tratamos, junto con el nombre que le pusimos, hicieron que se esforzara en conseguir una importante velocidad, ganándose la admiración de los presentes.

Era de imaginar que nuestra tortuga de la infancia y juventud, porque vivió bastante, se convirtiera en un personaje de una de tus historia, pero lo de la carrera…
Estupenda narración.
Un cuento divertido y no sólo infantil, sino también para los adultos que aman la vida recordando la infancia
Tu texto tiene mucho encanto: combina memoria infantil, ternura familiar y un toque fantástico muy simpático. Funciona especialmente bien por la naturalidad con la que introduces lo extraordinario. Un cuento divertido.
¡Bravo por D’Artagnan!
Qué historia tan entrañable, tierna y llena de magia. Es un relato que mezcla recuerdos reales de nuestra infancia con elementos de pura fantasía, logrando transmitir un mensaje muy valioso sobre el amor hacia los animales. Cómo no me voy a acordar de Dartañan!!! .
Eres genial!!!
Siempre recuerdo a D’Artagnan como si fuera una más de nosotras. A mí me encantaba sentarme a su lado y compartirle mi merienda, verla disfrutar del jamón de York, del queso o de las galletas mojadas en leche como si fueran un festín. Gracias por este relato y por hacernos revivir los bonitos recuerdos que tenemos con la tortuga.
Encantadora historia, realidad y fantasía, maravilloso Sole, como todos los que tú escribes.