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La mariposa azul. Relato de Soledad del Yerro

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Estábamos en plena primavera. En la clase de naturaleza, la profesora nos regaló a cada alumno una cajita de cartón agujereada. Dentro contenía una docena de gusanos de seda. Nos explicó que debíamos alimentarlos con hojas de morera; rápidamente los veríamos crecer e irían sufriendo una metamorfosis que los convertiría en capullos de seda anaranjados o amarillos. Con el tiempo se abrirían y saldría una mariposa.

Isabel y yo íbamos a recoger las hojas de morera al jardín de su tía Carmen, hermana de su madre. Tenía un jardín precioso, lleno de lilas, pensamientos y rosas, con árboles frutales, pinos y varias frondosas moreras. Estaba a las afueras del pueblo, muy cerca de la ermita de la Virgen y del cementerio.

Aunque ya tenía una edad, la tía Carmen era una señora guapa y con mucho estilo. Nos atendía muy cariñosa y, al mismo tiempo que nos daba la comida para los gusanos, siempre nos ofrecía merendar, ya que íbamos por la tarde, al salir del colegio.

De aquellos capullos, para nuestro asombro, salieron varias mariposas azules. Nuestra profesora nos comentó que era algo inusual y que debería tratarse de la comida que les hubiéramos dado a los gusanos.

Pasado un tiempo, Isabel me pidió que la acompañara a ver a su tía, pues estaba enferma y le alegraría mucho vernos. La madre de Isabel estaba cuidándola, pues su hermana era soltera.

Llevábamos una hora en la habitación de la enferma cuando, por la ventana, entró una mariposa azul. No salimos de nuestro asombro; era igual que las que habían salido de nuestros capullos. Revoloteó por la habitación y salió volando hacia el jardín. Las dos salimos tras ella para ver a dónde iba, y siguiéndola la vimos meterse en el cementerio.

La buscamos y vimos cómo se posaba en una tumba limpia y muy adornada con flores.

Cuando regresamos a la casa, Carmen había fallecido. Las dos, llenas de lágrimas, contamos lo que la mariposa había hecho. Muy consternada, la madre de Isabel nos explicó que su hermana, con la boda preparada, había perdido a su prometido en un accidente de coche.

Desde entonces, cuidó su tumba durante toda su vida. Y pudiera ser que la mariposa fuera el alma de Carmen, que había volado hasta allí en forma de mariposa para no separarse jamás de su amado.

5 Comentarios

  1. Un relato tierno y evocador que transforma una sencilla vivencia infantil en una historia llena de simbolismo y emoción. La mariposa azul se convierte en un bello símbolo del amor que perdura más allá de la muerte.

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    • Muy buena mezcla de memoria infantil, naturaleza y misterio.

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  2. La autora consigue que algo tan cotidiano como criar gusanos de seda se convierta en una metáfora hermosa sobre la vida y la muerte. Un relato bien construido con un lenguaje claro y suave.

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  3. Qué relato más bonito; engancha al lector con la experiencia compartida de los gusanos de seda y le da un giro inesperado lleno de magia y ternura. ¡Enhorabuena, escritora!

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  4. SOLE. ERES INCOMBUSTIBLE. LO DE LAS MORERAS, LAS LILAS Y LOS ÁRBOLES FRUTALES, ME SUENA MUCHO. PERO… TAN BONITO COMO SIEMPRE

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