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La chica del paraguas. Relato de Jesús Sanz Perrón

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Nos ha encantado este relato de nuestro compañero Jesús Sanz Perrón. ¡Muchas gracias por compartirlo, Jesús!

Esta noche ha nevado. Me he levantado como todos los días, he echado una mirada al paisaje y he visto todo blanco, cubierto por la nieve. Tengo cita con el dentista. Se trata de una muela que me duele hace un mes. La muela del juicio precisamente, también es mala suerte, setenta años con todas las muelas intactas y ahora, a estas alturas, resulta que tengo que quedarme sin algún trozo de juicio.

He cogido el autobús, semivacío en esta fría mañana de diciembre, ya a las puertas del invierno – debe ser por la nevada – me he sentado junto a una ventanilla dispuesto a ver el paisanaje desde la barrera, tan a gusto.

Pero al subir me he quedado ciego de repente, los cristales de mis gafas han quedado empañados en un segundo, he caminado casi a ciegas por el pasillo y me he acomodado junto a la ventanilla, como digo. Pero mi gozo en un pozo: cuando me disponía a admirar, desde mi asiento, las calles teñidas de blanco, no he visto nada. Me he quitado las gafas, las he limpiado a conciencia con un pañuelo limpio, después con un trocito de gamuza que llevo siempre en el bolsillo izquierdo, arriba, de la americana, me las he calado de nuevo, tan contento, pero no, qué va, resulta que las cristaleras del autobús también estaban empañadas se ve que el contraste de temperatura había hecho el milagro, o sea obedecer, simplemente, las leyes más elementales de la física.

Bueno, pues con todo y eso, no me he desanimado, me he recogido sobre mí mismo, abstraído, mirando pero sin ver apenas al conductor, que manejaba hábilmente el ómnibus: atendía al volante, miraba a derecha e izquierda a los respectivos retrovisores, abría y cerraba las puertas con precisión admirable, así que yo, a mi manera, me olvidé del paisaje, y de la nevada y hasta de mi muela, que sí, me dolía, pero poco, un dolor soportable.

Poco a poco los cristales de mis gafas han ido familiarizándose con el ambiente, aclarándose, de forma que yo, aunque advertido y al corriente del fenómeno, me he asombrado – lo que es la vida y qué sorpresas te depara – de que poco a poco iba distinguiendo las figuras: el conductor, los escasos pasajeros, los diversos anuncios, el reglamento de las ordenanzas de la Empresa, deberes y derechos, toda una retahíla de deberes y algún derecho que otro.

Y de pronto, casi como una aparición, veo que allí mismo, al otro lado del pasillo, muy cerca, por tanto, está una chica leyendo un tomo gordo, al parecer una novela, uno de esos bestseller que muchos leen en el metro o en el autobús. Debe ser muy interesante porque la veo abstraída, ajena a todo, abducida quizás por el héroe o la heroína. Y yo, a mi vez, tan distraído estoy mirándola que de pronto mi paraguas cae al suelo. Y entonces la chica se sobresalta, como si despertase de un éxtasis, y me mira, después mira el paraguas y enseguida se levanta y se agacha con una agilidad felina, recoge el parapluie, y me lo ofrece con una sonrisa. “Tenga usted, señor”– me dice.

Y de este simple hecho se me ocurre sacar una conclusión: quiere decirse que el común de los mortales, como yo sospechaba, somos gente corriente, ni muy buenos ni muy malos o, como dejó dicho Rousseau, todos somos buenos por naturaleza. Tal que la chica del paraguas.

4 Comentarios

  1. Jesús, me ha encantado tu relato: el leguaje llano, fluido, natural y espontáneo, sin artificios; la habilidad para transportar al lector a un lugar y un tiempo vividos, los toques de sutil humor… el sorpresivo punto de giro final y la bella conclusión. Un relato perfecto, ¡enhorabuena!

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  2. Me ha gustado el comentario de «anónimo» de hoy, 31-enero 2024 a las 19,37. Y me sorprende.¿ perfecto? Ni mucho menos. Ya me gustaría….

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  3. Me ha gustado mucho el relato. El narrador va anotando de una manera muy natural hechos cotidianos, pero a la vez este tiene la capacidad de observarlo todo con una capacidad de asombro que hace de lo común algo especial. La forma de narrar te atrapa y te lleva hasta el final de manera fluida. ¡Enhorabuena!

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  4. Maravilloso relato. Muchas gracias

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