Los Mayores Cuentan

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Hablemos de Navidad. Memoria y felicitación de Soledad del Yerro

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La Navidad es la época más bonita del año, por lo menos yo lo pensaba así cuando era niña. Antes de que nos dieran las vacaciones aprendíamos cantar villancicos, a tocar la pandereta y la zambomba, y buscábamos musgo, para colocar el Belén; el de la casa de mis abuelos quedaba precioso, porque el mayor de mis primos tenía arte para montarlo, todos los años lo iba mejorando y varias veces ganó el premio que daba el Ayuntamiento al mejor Belén del pueblo.

Las madres en casa preparaban dulces de Navidad, amasaban harina con aceite o manteca, qué redondos o alargados se convertían en unos bollos, que luego llevaban a la panadería para cocerlos en el horno, impregnándose el aire de su olor y de leña quemada.

Niños y adolescentes iban por las casas, felicitando las Pascuas y pidiendo el aguinaldo cantando villancicos, nos daban unos céntimos y siempre los gastábamos en comprar castañas asadas; a la vez que nos encantaba comerlas, nos calentaban las manos que las teníamos heladas de frío.

La cena de Nochebuena, siempre en familia y cuantos más mejor. Después, a las doce, a Misa del Gallo; si había nieve, a los pequeños nos acostaban, y los mayores, a la vuelta, seguían la fiesta.

La magia la traía la Noche de Reyes Magos, que nos duró unos cuantos años, pues la única tienda donde vendían juguetes, estaba enfrente de mi casa. Mirando el escaparate pedíamos lo que nos gustaba en la carta que les escribíamos, pero llegó el momento de darme cuenta de que lo que veíamos que los padres compraban en la tienda era lo que los Reyes traían a sus hijos.  Se lo dije a mi madre y me lo confirmó,  pero me hizo prometer que a mis hermanos pequeños no les diría nada. Cumplí mi promesa, pues la desilusión que me llevé no quise compartirla con nadie.

Los años fueron pasando y las Navidades las fui viviendo con mi marido, mis hijas, compartiéndolas con mi familia y la de él. Los mayores fueron faltando, vinieron yernos, nieta, y nunca nos importó juntarnos en sus casas o en la nuestra con sus padres y amigos.

Las felicitaciones, a través de postales navideñas, era otra forma de recibir y cariño, deseando amor y paz.

Volví a vivir la magia de la Navidad con las siguientes generaciones. Me encanta visitar los Belenes, disfrutar de las luces, e ir a conciertos. La música fue muy importante en nuestras vidas. Algunas noches de fin de año cenábamos fuera de casa, después nos íbamos al teatro, veíamos la obra, y a las doce nos conectábamos con la Puerta del Sol, tomábamos las uvas, y con Champán y alegría comenzábamos el Año Nuevo.

Ahora una de mis prioridades es rodearme de buenos amigos, como ahora lo estoy con todos vosotros, estupendos compañeros, a los que os deseo anticipadamente una FELIZ NAVIDAD.

1 Comentario

  1. Soledad escribes muy bello

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