Los Mayores Cuentan

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Gitanos. Un relato de María Luisa Illobre

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En días pasados se presentó en la iglesia de San Judas Francisco López, un gitano que preguntó por el «Sr. Párroco”.  Se dirigió al sacristán de la iglesia, quien le informó de que no se le podía molestar, ya que acababa de terminar la misa de nueve y estaba desayunando. Ante la insistencia de que tenía que hablar con él rápidamente, el sacristán fue en busca de Don Marcial, párroco de San Judas.

El gitano fue pasado a su despacho, pero insistió en que tenía que hablar con él pero en un confesionario, a lo que el cura accedió. “Dígame Vd. qué quiere contarme y yo gustosamente le oiré”.  “Pues mire, vengo a decirle que acabo de matar a mi compadre Julián”.

Don Marcial dio un respingo que no cayó al suelo porque estaba sentado. “Pero bueno, ¿qué me viene Vd. a contar?” “Pues mire, me había robado cuatro gallinas y ahora le pillo con otras dos bajo el abrigo”. “Pero bueno, ¿no había otra forma de reclamarle?”  “No señor, tomé la escopeta y le sacudí dos tiros».

El cura no salía de su asombro, notaba que el desayuno se le estaba agriando en el estómago. “Mire, donde tenemos que ir inmediatamente es a la Guardia Civil”. “Pero bueno -contestó el gitano- ¿para qué cree que vengo a Vd.? Pues para que me perdone. ¿No dicen siempre que hay que perdonar los pecados? PUES HAGALO”.

A Don Marcial un sudor le subía y otro le bajaba.  Salió inmediatamente y llamó a voces al sacristán. “Si tienes la furgoneta preparada, llévame a la casa de este animal y veremos qué hay que hacer”.  Tomaron los tres el camino que el gitano les indicaba y entre escombros, coches machacados y suciedad estaba la casa, pero lo único que se oía era un gran cacareo, sin ningún signo de que allí se hubiera producido un asesinato.

El gitano penetró en el corral del compadre, el cual estaba tranquilamente recostado en una especie de camastro fumándose una buena cantidad de mariguana. Don Marcial y el sacristán no salían de su asombro.  Ante sus preguntas, éste les contó habían hecho una apuesta sobre si Francisco tenía el valor de ir a San Judas y comprobar cómo los curas perdonaban a todos los pecadores y él se había ofrecido, como podían comprobar.

Al día siguiente, en misa de nueve, Don Marcial en la homilía con la que machacaba a todos los beatos, les decía que había pecados gordos y gordísimos, y que está muy feo reírse de personas que a lo único que se dedican es a tratar de hacer el bien.

El por ejemplo estaba arrastrando una colitis por haberle sentado mal un desayuno por culpa de un “mala leche”. Entretanto, en un rincón de la capilla dos personas se estaban corriendo la gran juerga.

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