Los Mayores Cuentan

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Feriantes

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Le damos las gracias a Mª Luisa Illobre por sorprendernos y deleitarnos de nuevo con uno de sus relatos.

Llegó septiembre y después de un verano asfixiante, se empezaron a celebrar las fiestas en multitud de pueblos. Los feriantes comenzaron a preparar sus atracciones, puestos de baratijas y toda clase de distracciones para, en la medida de lo posible, poder resarcirse de todo el paro anterior.

La familia Soler, compuesta de cuatro personas y el abuelo eran propietarios del TÚNEL MISTERIOSO, que se trataba de un enorme pasillo en el que se instalaban toda clase de inventos, ruidos terroríficos, disfraces, montones de telarañas, escobas, apariciones y todo lo que pudiera parecer algo fantasmagórico para asustar al personal. Todo ello con una música estridente al máximo volumen.

De todo ello se encargaban las cuatro personas de la familia, dos fornidos muchachos y el abuelo. Éste estaba instalado en uno de los recovecos del pasillo, cubierto además de un disfraz de esqueleto, de grandes montones de telarañas, mientras los jóvenes se disfrazaban de zombis y perseguían al personal que se había atrevido a entrar. Todo ello en medio de un griterío enorme, pues lo visitaban tanto padres como chicos, ya que esta atracción era del agrado de la mayor parte de la verbena.

Uno de los días al terminar el espectáculo cuando ya había anochecido, la madre se retiró a la roulotte y preparó la cena para la familia, que no tardarían en recoger las lonas. Pero pasó un rato, y el abuelo no apareció. Comenzaron a impacientarse, por lo que los muchachos, al no responder a su llamada, entraron de nuevo en el túnel. Podría haberse quedado dormido cuando aquello se quedó en silencio. Al llegar al sitio, desde donde él asustaba se encontraron al abuelo, tendido en el suelo y rodeado de todas las telarañas que le acompañaban siempre. Estaba muerto.

Los chicos se quedaron horrorizados. Llamaron a sus padres e inmediatamente avisaron a una ambulancia dentro de un dolor indescriptible y fue llevado al hospital.  Había muerto en solitario y de muerte natural.

Se terminó la feria, había sido un buen año. Se recogieron todas las atracciones en espera del pueblo siguiente y la familia, después de un rato en camino, grandes lágrimas empañaron sus ojos. Allí que se quedaba una persona muy querida, EL ABUELO.

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