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El sereno. Artículo de Basilides Manso

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Era un servicio de vigilancia y servicio nocturno, nacido a finales del siglo XIX y terminado en 1986. Era un servicio muy especial. Lo serenos no tenían sueldo; vivían de las propinas de los vecinos, pero el Ayuntamiento les reconocía su zona; las plazas se heredaban o traspasaban, lo mismo que pasa con las licencias de taxi, y a veces, dependiendo de la zona, se llegaba a cantidades importantes.

Al principio los serenos, que tenían una gorra de plato como distintivo, llevaban un farol y una media lanza como defensa. Esta media lanza perdió la punta y se quedó en chuzo, y el farol lo perdieron con el alumbrado nocturno. En esta época eran también meteorólogos, pues en las rondas por su zona, cantaban el tiempo: “las tres y sereno“. De aquí les viene el nombre por Madrid, donde hace más días, bueno, “sereno“ que no lluvia.

Cuando un vecino los necesitaba, daba unas palmadas, a lo que el sereno, cuando las oía en el silencio de la noche, gritaba ¡Va!, y daba golpes en el suelo con el chuzo, para hacer saber al cliente que ya estaba en camino.

En los últimos años de existencia se discutió si tenían que llevar pistola o no, y al final triunfó el no, pues hubieran sido presa fácil para los delincuentes quitarles la pistola.

La sentencia de muerte se la dio García Carrés (Jefe Nacional de Sindicatos), que quiso sindicarlos a todos. Esto suponía un coste para el Ayuntamiento, que tendrían que darles un sueldo y demás prebendas. Después de tiras y aflojas llegó la democracia, y a los pocos que quedaban y a los que quisieron el Ayuntamiento les dio plaza de ordenanza.

Así se fue otro oficio —casi siempre ejercido por asturianos— querido y respetado, que ayudaba a los vecinos no solo abriéndoles los portales, sino también buscándoles un taxi o esperando al médico si venía por una urgencia, o sea, un todoterreno.

En Navidad el Ayuntamiento les entregaba unas tarjetas de Felices Fiestas para que fueran en su zona puerta por puerta pidiendo el aguinaldo, cosa que conseguían, siendo la parte más importante de su sustento.

El sereno de mi calle aún vive, pues le he visto recientemente por el barrio. Al dejar su trabajo de sereno pasó a un puesto de ordenanza de Ayuntamiento.

2 Comentarios

  1. Los que tenemos una edad recordamos con nostalgia a los serenos.

    El de mi casa se llamaba Luis Fernández y era asturiano; siempre servicial y amable, venía corriendo a abrirnos el portal cuando dábamos unas palmadas y gritábamos: ¡sereno! Aún recuerdo su expresión sonriente y su cara de buena persona.

    Muchas gracias por este excelente artículo.

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    • Eran todos asturianos

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