
El organillo es un instrumento de origen italiano que llegó a España en el último tercio de siglo XIX y se extendió rápidamente por todo el país, sobre todo en Madrid, donde era corriente, no solo en las verbenas, sino también por calles y merenderos.
Descubrieron los organilleros que no todas las calles de Madrid tenían la misma sonoridad, resultando la calle de la Encomienda, entre Embajadores y Mesón de Paredes, la mejor para oír el organillo.
Cuentan una historia que estaba un día un organillero, llamado Emilio Cazorla, tocando en esta calle La Revoltosa y entre los clientes había uno especialmente embobado con la música. Al acabar, se acercó al organillero y mantuvieron el siguiente diálogo:
—Le felicito, amigo. Nunca creí que se pudiera sacar tanto partido a un organillo. Es usted un verdadero artista.
—No soy yo, señor, es que el maestro Chapí es un genio componiendo.
Entonces el desconocido le da la mano y le dice:
—Muchas gracias, amigo, yo soy Chapí.
El pobre Emilio se quedó sin habla.
Ya el organillo ha pasado a ser un objeto de museo, se ve en alguna verbena y poco más. Ya no puede deambular por las calles como solía hacer.
Me encanta Basilides, es una historia preciosa y la cuentas divinamente.